Ayer pasó por Madrid Zygmunt Bauman, para participar en la
conferencia-debate que con el título “Economía y sociedad en un mundo líquido”,
era en realidad una excusa para hablar de su último libro “¿La riqueza de unos
pocos nos beneficia a todos?”. El tema, tanto del debate como del libro era,
por supuesto, la desigualdad, cuestión que algunos quieren trivializar y
reducir a una cuestión de envidia, cuando en realidad, como veremos, es una
cuestión transversal, cuyo resultado es a su vez causa y consecuencia de
múltiples factores del interactuar social, que conceptualizamos como justicia,
felicidad, república, democracia, etc.
En lo que sigue haré una descripción de
la conferencia escribiendo sobre fondo gris, y mis reflexiones al margen las
escribiré sobre el fondo blanco habitual. Evidentemente, mi descripción de la
charla no puede ser sino subjetiva, pero creo que la distinción puede resultar
útil.
La conferencia se desarrolló en la
fundación Rafael del Pino, lugar dedicado a promover las virtudes del
emprendimiento y el libre mercado, y por tanto con escasa predisposición a
limitar la riqueza de los ricos, o a prestar atención a reproches por
cuestiones tan triviales como la desigualdad, que no necesariamente guardan
relación con el crecimiento del PIB.
Es por eso que los interlocutores de
Bauman (la fundación utilizó a dos, uno para hacer la introducción de los
conferenciantes y otro para dar la réplica al sociólogo polaco) tendieron en
todo momento a intentar desactivar su discurso, o a encauzarlo hacia lugares
donde sería inocuo para el sistema. Utilizaron tres estrategias:
- Relativizar la desigualdad: “La
desigualdad no es miseria, y debemos considerar que en los últimos años 1.000
millones de personas han abandonado la pobreza extrema a nivel global”.
- Reducirlo a una cuestión técnica
económica: “Podemos primar la eficiencia de los mercados, y por lo tanto el
crecimiento, o la equidad”.
- Plantear la cuestión no como un
reproche de la sociedad al sistema económico (que podría llevarnos por caminos
no deseados y peligrosos –marxismo (sic)-, sutilmente insinuados por el
contendiente del profesor Bauman), sino como un reproche del sistema económico
a la política. “La desigualdad no es un fruto natural del sistema económico,
sino una consecuencia de la existencia de oligarquías que se benefician de
privilegios políticos. Por consiguiente, la sociedad
civil debe velar de forma especial por el buen desarrollo del proceso
político”.
