viernes, 4 de mayo de 2012

Mecanismos de la economía-mundo


Queridos lectores,

En la anterior antrada analizábamos la Posición de Inversión Internacional Neta y la deuda externa, de la U.E.M. y los países del núcleo y periferia de la misma, así como del Reino Unido. El análisis de la posición de EEUU, que hoy abordamos, nos servirá también para colocar una pieza clave para entender el mundo que habitamos, o mejor dicho, la economía-mundo que nos incluye, según la definición de Fernand Braudel que luego haría célebre Immanuel Wallerstein. Este post se debería haber titulado Deuda y (des)equilibrios (IIb): EEUU, pero me he dado cuenta que es fundamental para entender el blog en conjunto y que a su vez se relaciona estrechamente con el pensamiento de Fernand Braudel.

Pensamos que la deuda es algo medido de forma precisa, mediante una unidad de cuenta fiable ¿es así? Si y no, si alguien está capacitado para hablar de esto es un antropólogo, veamos que nos cuenta David Graeber:

¿Que diferencia hay entre un gánster que desenfunda un arma y te exige mil dólares como <<protección>> y el mismo gánster desenfundando un arma y exigiendo que le des un <<préstamo>> de mil dólares? Como es obvio, en gran manera, ninguna. Pero en cierta manera hay una diferencia. Como en el caso de la deuda estadounidense con Corea o Japón, si el equilibrio de poder cambiara en algún momento; si Estados Unidos perdiera su supremacía militar; si el gánster perdiera a sus esbirros, su <<préstamo>> podría comenzar a tratarse de manera muy diferente. Podría convertirse en una auténtica responsabilidad. Pero el elemento crucial parecería seguir siendo el arma. [1]

La historia de EEUU como país deudor comienza en la era Reagan. Este presidente se presentó a las elecciones con un discurso radicalmente nuevo. Prometía “quitar al estado de las espaldas de la gente” y que esta, “pudiese decidir que hacer con su dinero”. En definitiva prometía bajar impuestos y llegó a definir su programa sin ambigüedades, “para que EEUU funcione los ricos tienen que ser más ricos y los pobres más pobres”.

Este discurso, por razones que explicaremos en otro artículo, fue un éxito rotundo y las clases acomodadas se encontraron con más dinero en el bolsillo. El consumo se expandió, pero en mayor medida el consumo de productos importados, que en ese tipo de bienes sofisticados a los que ahora la gente dedicaba más dinero eran más competitivos que los nacionales. La consecuencia de ello fueron los famosos déficits gemelos público y comercial. Vamos a reflejar la historia de la Posición de Inversión Internacional de EEUU en la siguiente tabla:


Activos de EEUU respecto al exterior
Pasivos de EEUU con el exterior
Posición Neta
Ronald Reagan
1981
1.001.667
661.282
340.385
1982
1.108.436
777.063
331.373
1983
1.210.974
908.570
302.404
1984
1.204.900
1.038.153
166.747
1985
1.287.396
1.225.657
61.739
1986
1.469.396
1.497.155
-27.759
1987
1.646.527
1.717.446
-70.919
1988
1.829.665
1.997.123
-167.458
George Bush
1989
2.070.868
2.317.100
-246.232
1990
2.178.978
2.409.353
-230.375
1991
2.286.456
2.578.210
-291.754
1992
2.331.696
2.742.717
-411.021
Bill Clinton
1993
2.753.648
3.038.108
-284.460
1994
2.987.118
3.285.576
-298.458
1995
3.486.272
3.916.466
-430.194
1996
4.032.307
4.495.645
-463.338
1997
4.567.906
5.354.080
-786.174
1998
5.095.546
5.953.909
-858.363
1999
5.974.394
6.705.462
-731.068
2000
6.238.785
7.575.799
-1.337.014
George W. Bush
2001
6.308.681
8.183.713
-1.875.032
2002
6.649.079
8.693.710
-2.044.631
2003
7.638.086
9.731.880
-2.093.794
2004
9.340.634
11.593.660
-2.253.026
2005
11.961.552
13.893.701
-1.932.149
2006
14.428.137
16.619.790
-2.191.653
2007
18.399.676
20.195.681
-1.796.005
2008
19.464.717
22.724.875
-3.260.158
Barack Obama
2009
18.487.042
20.883.468
-2.396.426
2010
20.315.359
22.786.348
-2.470.989

Lo más interesante de esto es que termina 2010 con una posición neta deudora de 2,47 billones, equivalente a -17% del PIB, una posición deudora discreta, mejor que la de Reino Unido e Italia, y muy lejos de la de los PIGS. Solo ligeramente peor que la de la Unión Europea Monetaria, pero sin los graves desequilibrios de la misma, debido a su unión fiscal y a que EEUU es un Área Monetaria Óptima.

Entonces ¿esos déficits comerciales no eran tan grandes? Recordad que cuando tratábamos de cuantificar el déficit por cuenta corriente acumulado su imagen era bastante impactante. Desde 1986 año en el que por primera vez se sitúa como país deudor, y hasta el año 2010, el déficit comercial acumulado ha sido de 8,43 billones europeos (trillones americanos), equivalentes a un -58% del PIB. Teniendo en cuenta que en 1985 la posición acreedora era de 60.000 millones necesitamos explicar donde han ido 6,02 billones de dólares ¿O quizás se trata de productos “regalados” que no ha hecho falta financiar?

Algunas de las explicaciones populares que se han dado a los procesos de nuestra economía-mundo inciden en que en nuestro sistema monetario se cambian mercancías por papeles, por tanto la deuda es intrascendente. Algunos incluso revisten estos sofismas con barnices académicos y les ponen pomposos nombres como Teoría Monetaria Moderna. Según estos autores los bancos centrales habrían encontrado una especie de maquina del movimiento perpetuo. Estas teorías parecen coherentes con las expansiones monetarias realizadas recientemente, pero no explican las crisis de Argentina o Indonesia o porque a Zimbabue no le funciona su banco central.

Otros inciden en el papel del dólar como divisa de intercambio y reserva internacional, que daría a EEUU el privilegio exclusivo de intercambiar su moneda por mercancías sin ninguna contrapartida posterior. Esta segunda explicación está más cercana a la realidad, aunque tampoco es exacta.

El mundo está dividido en estados nación, que utilizan una moneda nacional, pero necesitan productos del exterior o les resulta preferible comprarlos al exterior por ser de mejor calidad o más baratos. Esto plantea la necesidad de usar otras monedas que no son la nacional. Cuestión espinosa en un mundo donde el valor de la moneda es fiduciario, es decir, depende de la confianza en el emisor. Veamos como lo explica Graeber a nivel histórico:

El dinero crédito se basa en la confianza, y en mercados competitivos la confianza es, en sí misma, una mercancía escasa. Esto es especialmente cierto en los tratos entre extraños. En el imperio romano, una moneda de plata acuñada con la efigie del emperador Tiberio seguramente circulaba a un valor considerablemente más elevado que la propia plata que contenía. Las monedas antiguas, de manera invariable, solían tener un valor mucho mayor que su contenido de metal. Esto se debía, sobre todo, a que el gobierno de Tiberio estaba muy dispuesto a aceptarlas a su valor facial. El gobierno persa, sin embargo, probablemente no estaba tan dispuesto, y los gobiernos mauria y chino no lo estaban en absoluto. Grandes cantidades de monedas romanas de oro y plata acabaron en la India e incluso China; para empezar, ésta es muy probablemente la razón de que fueran de oro y plata. [1]

En nuestro mundo globalizado el resto de países aceptan monedas de otro a un valor susceptible de valoración por un mercado. Si esa moneda es hegemónica, eso crea una ventaja para el país emisor y un problema para el resto. Así lo vio John Connally cuando en 1971 les dijo a los europeos "El dolar es nuestra divisa, y es vuestro problema"

En el principio, es decir, antes de la globalización, los países ajustaban el nivel de consumo de su población y su productividad mediante algún oportuno arancel o dos. Hoy no pueden hacer eso o serían sancionados, por lo tanto el ajuste se realiza mediante la deuda, pero solo "hasta nuevo aviso" o "mientras dure la confianza", y ahí están Indonesia o Argentina para atestiguarlo.




Dicho de forma más técnica, cuando un país incurre en déficit comercial su economía no produce suficientes bienes y servicios para intercambiar por los que recibe del extranjero. En consecuencia, debe existir un flujo financiero neto del exterior para pagar la diferencia, que se materializará en forma de créditos, inversiones en cartera o inversiones directas. Estos flujos tienen efecto acumulativo, pero están sujetos a valoración. Su valor varía por efecto de la variación de los tipos de cambio, o incluso por efecto de una pérdida o ganancia de valor del activo en la moneda de emisión, como está ocurriendo en España con las hipotecas y la deuda pública.

Volviendo a la deuda externa de EEUU, hay cerca de 648 mil millones hasta 2010 en su balanza comercial que no se corresponden con ningún flujo financiero en la correspondiente contraparte de la balanza de pagos. Es una partida que se denomina “errores y omisiones”. Vamos a suponer que esos errores se deben a partidas de exportación no contabilizadas. En ese caso nos quedarían 5,37 billones que se explican única y exclusivamente por el efecto valoración. En definitiva serían pérdidas de los inversores extranjeros en EEUU por disminución del valor de los activos, o ganancias de los inversores de EEUU por revaloración de sus activos en el extranjero.

Estas pérdidas y ganancias se producirían tanto de forma “natural” como de forma traumática. Por ejemplo, como consecuencia de la última crisis vemos que en 2009 hay una pérdida en los pasivos que si la sumamos al déficit corriente de ese año alcanza los 2,2 billones. También sufren pérdida los activos, pero de tan solo 1 billón. De golpe y porrazo hemos “borrado” 1,2 billones de pasivos netos.

Las malas políticas y la torpeza de otros países, como Irlanda, España o Indonesia en su momento, han conducido a garantizar prácticamente todos los pasivos, sin infligir apenas pérdidas a los inversores internacionales. Otros países, como Argentina o Islandia, han conseguido infligir algunas pérdidas a los mercados, pero no sin un coste bastante alto. En el caso de Grecia o Portugal no me atrevo a hablar de malas políticas, puesto que los márgenes de maniobra han sido muy reducidos.

La forma natural de realizar el “borrado” de la deuda es a través del “carry trade”



 y la política de dólar bajo que se ha ido materializando de formas variadas: con los acuerdos de Plaza y Louvre, mediante la revalorización del euro o en la retórica de EEUU con China sobre el valor del Yuan. Gracias a la internacionalización de su moneda EEUU consigue que los pasivos con extranjeros se contraigan en dólares, mientras en Wall Street la banca de inversión compra activos en monedas extranjeras. Mediante una continua y progresiva devaluación del dólar los extranjeros ven reducidos sus activos en EEUU, mientras los activos de los residentes en EEUU en el extranjero aumentan su valor en dólares.

El dólar se deprecia un 74% respecto al franco suizo y el yen y un 67% respecto al euro/deutsche mark en 39 años

¿Influye la política monetaria agresiva de la FeD? En teoría esas políticas tienden a devaluar la moneda, además la política de compra de activos deja dinero líquido en manos del sistema financiero, que estos pueden emplear en inversiones en el exterior o, aunque no es el caso, en amortizar pasivos con extranjeros, reduciendo en ambos casos la deuda externa neta.

Este es el auténtico motor de nuestra economía-mundo. Un sistema, evidentemente desigual y permanentemente al borde del colapso. El sistema de Bretton Woods nacía herido de muerte, porque tal y como expreso ya hace tiempo el profesor Triffin, los dólares necesarios para dar liquidez a los intercambios mundiales solo se podrían generar incurriendo el país emisor en déficits. Pero al incurrir en déficits está contrayendo una obligación, otorgando unos derechos sobre su producción futura. La paradoja estriba en que solo se podrá entregar esa producción en el futuro incurriendo en superávit, lo que ocasionaría un estrangulamiento de la liquidez y por lo tanto una deflación.

Por lo demás la deuda es, en teoría, y omitiendo la pistola de Graeber, igual para todos. Ocasionará el devengo de un interés, y su acumulación excesiva en relación a los activos de garantía provocará que los intereses suban de forma exponencial hasta que se produce el pánico y la crisis. En esencia el sistema es insostenible. Pero una crisis del dólar ocasionaría tal marasmo en el sistema financiero mundial que la Gran Depresión parecería un picnic campestre.

La solución que se ha dado a esta cuestión ha sido hasta el momento la más cómoda para EEUU, y al mismo tiempo la más sencilla, un impago progresivo o selectivo. Algunos dirían que jugar bien sus cartas en el terreno financiero. Pero evidentemente la solución no es neutra, las pérdidas históricas que han sufrido los inversores durante este periodo de 25 años ascienden a 5,37 billones de dólares, la mayoría de los cuales se concentran en la última década.

Dentro de este esquema tiene un papel importante la banca de inversión, no en vano ya advertimos en “La exuberancia irracional de los capitales flotantes” que tras la crisis del sudeste asiático algunos economistas de prestigio apuntaban al lobby Tesoro – Wall Street como el artífice de este desbarajuste de libertad de movimiento de capital. La progresiva pérdida de valor del dólar les permite cuadrar sus balances y obtener suculentos beneficios.

En gran parte estos hechos explican también la evolución de nuestra economía-mundo desde los años 80. Por aquella época sorprendía la pujanza de las economías de Alemania, y sobre todo Japón. Los nipones, con una soberanía monetaria de segunda, fueron incapaces de internacionalizar su moneda, y obligados a continuar la compra de activos en dólares, han sufrido gran parte de las pérdidas, lo que explica en parte sus décadas perdidas.

Japón se estanca, y su distancia respecto a EEUU y la UE se amplía enormemente

De hecho, aunque algunos lo ponen como ejemplo de lo que hay que hacer, la producción cayo con más fuerza durante 2009 y ha vuelto a caer durante 2011


Alemania por su parte pudo evitar la acumulación de excesivos activos en dólares, pero sólo a costa de colocar gran parte en la periferia europea, dentro de una unión monetaria que se ha contaminado de parte de los vicios de la economía-mundo y que se encuentra al borde del colapso.

La historia se repite, con ligeras variaciones, al fin y al cabo una economía-mundo se asienta en la desigualdad. En palabras de Braudel:

Ahora bien, este mundo se asienta bajo el signo de la desigualdad. La imagen actual —países desarrollados por un lado, y países subdesarrollados por otro— constituye ya una auténtica realidad, mutatis mutandis, en­tre los siglos XV y XVIII. Es cierto que, de Jacques Coeur a Jean Bodin, a Adam Smith y a Keynes, los países ricos y los países pobres no siempre han sido los mismos; ha girado la rueda. Pero, en lo que respecta a sus leyes, el mundo no ha cambiado apenas: sigue distribuyéndose, estructuralmente, entre privilegiados y no privilegiados. Existe una especie de sociedad mundial, tan jerarquizada como una sociedad ordinaria y que es como su imagen agrandada, pero reconocible. [2]

Una economía-mundo es una realidad geográfica y como tal tiene sus divisiones:

Toda economía-mundo se divide en zonas sucesivas. El corazón, es decir, la región que se ex­tiende en torno al centro. Vienen después las zonas intermedias, alrededor del pivote central. Finalmente, ciertas zonas marginales muy amplias que, dentro de la división del trabajo que caracteriza a la economía-mundo, son zonas subordinadas y dependientes, más que participantes. En estas zonas periféricas, la vida de los hombres evoca a me­nudo el purgatorio, cuando no el infierno. Y la situación geográfica es, claramente, una razón suficiente para ello. [2]

Divisiones concéntricas, en zonas cada vez más desfavorecidas. En primer lugar el centro:

El esplendor, la riqueza y la alegría de vivir se reúnen en el centro de toda economía-mundo, en su mismo núcleo. Allí es donde el sol de la historia da brillo a los más vivos colores; allí donde se manifiestan los altos precios, los salarios altos, la Banca, las mercancías “reales”, las industrias provechosas y las agriculturas capitalistas; allí donde se sitúa el punto de partida y el de llegada de los largos tráficos, la afluencia de metales preciosos, de monedas sólidas y de títulos de crédito. Toda una modernidad económica avanzada se concentra en este núcleo. Las técnicas avanzadas también se encuentran, por lo general, allí, y la ciencia fundamental que las acompaña está con ellas. Las “libertades” residen en él, sin que sean enteramente mitos o realidades. [2]

Una segunda zona alrededor del centro y por último la periferia:

Este nivel de vida baja de tono cuando llegamos a los países intermedios, vecinos, competidores o emuladores del centro. Encontramos allí pocos campesinos libres, pocos hombres libres, intercambios imperfectos, organizaciones bancarias o financieras incompletas y manejadas a menudo desde fuera, así como industrias relativamente tradicionales.
Por último las regiones marginales, que en el siglo XVII eran las Américas, bajo el signo de la esclavitud, o el este de Europa bajo la segunda servidumbre, es decir, de una servidumbre que, tras haber desaparecido casi por completo, al igual que en Occidente, fue restablecida en el siglo XVI.
En resumen, y tomando como ejemplo la economía-mundo europea del siglo XVII, esta “supone la yuxtaposición y la coexistencia de sociedades que van desde la ya capitalista, como la holandesa, hasta las sociedades serviles y esclavistas que ocupan los peldaños más bajos de la escala. Esta simultaneidad, este sincronismo, replantean todos los problemas a la vez. De hecho, el capitalismo vive de este escalonamiento regular: las zonas externas nutren a las zonas intermedias y, sobre todo, a las centrales. ¿Y qué es el centro sino la punta culminante, la superestructura capitalista del conjunto de la edificación? Como hay reciprocidad de perspectivas, si el centro depende de los suministros de la periferia, ésta depende a su vez de las necesidades del centro que le dicta su ley. Fue, pese a todo, la Europa occidental la que transfirió y volvió a inventar la esclavitud a la antigua dentro del marco del Nuevo Mundo y la que, debido a exigencias de su economía, “indujo” a la segunda servidumbre en la Europa del este. De ahí el peso de la afirmación de Immanuel Wallerstein: el capitalismo es una creación de la desigualdad del mundo. [2]

Pero un tropiezo en una de estas zonas marginales, ocurrido en 1997, algo que representaba “sólo unas chispas en el medio del camino hacia la prosperidad económica”, según William Clinton, inició una cadena de acontecimientos cuyo signo externo más visible fue el crecimiento sin parangón de los desequilibrios globales, y que algunos denominaron "guerra de divisas" o Bretton Woods II


En 2008 la posición externa de EEUU crece hasta el -23% del PIB, el déficit comercial vuelve alcanzar los 830 mil millones, como en 2006. Economistas de prestigio, incluyendo al prolífico Krugman, se preguntan si habrá un desplome del dólar. Sin embargo, lejos de desplomarse había emprendido un camino de rápido declive progresivo desde finales de 2005. Hasta mediados de 2008 pierde un 25% de su valor respecto al euro, lo que beneficiaba claramente a la banca de inversión, pero en julio de ese año China restablece un tipo de cambio fijo con el dólar y hace que reflote, lo que contribuye a la quiebra de Lehman Brothers, a pesar de lo cual continua fortaleciéndose hasta noviembre de 2008.


Significativa la brusca revalorización que sufre el dólar a partir de julio de 2008

La decisión de China coincide además con la caída del precio de las commodities, tras más que doblar su precio en un breve periodo, lo que parece indicarnos un segundo canal de conexión entre la situación económica y las materias primas, además del puramente financiero y especulativo. No debemos olvidar que el dinero es un medio de intercambio: vendemos petróleo, cobre o alimentos y compramos coches, equipos de depuración de agua y otras máquinas. Pero vendemos materias primas en dólares y compramos maquinas en euros, yenes o yuanes. Si vendemos las materias primas al mismo precio en dólares mientras esas tres monedas se revalorizan frente a él, obviamente la relación de intercambio nos perjudica, es decir, obtenemos menos maquinas por la misma producción de materias primas. Para mantener la misma relación de intercambio las materias primas deben subir. En definitiva, la crisis financiera provocada por la burbuja inmobiliaria se retroalimentó por el fortalecimiento del dólar, que depreció los rendimientos de la banca de inversión en el exterior, incluyendo la especulación en materias primas.

La tabla resumen del estado de los países que hemos examinado en otros post quedaría así:


Déficit cuenta corriente 2011
Posición Inversión Internac. 2010
Alemania
+5,79
+38,4
Francia
-2,21
-10
Italia
-3,23
-23,9
España
-3,57
-89,5
Grecia
-9,97
-92,5
Portugal
-6,49
-107,5
Irlanda
+0,00
-90,9
UEM
-0,00
-13,4
Reino Unido
-2,02
-23,8
EEUU
-3,14
-17

La posición de EEUU no es alarmante, el único signo de un desequilibrio sería la persistencia de su déficit exterior. Si observamos la evolución del mismo en algunos países selectos

Déficit por cuenta corriente en % del PIB

vemos el rápido ajuste que se está produciendo como consecuencia de la crisis, tanto en la periferia europea como en el Reino Unido. En el caso de este último, diversos avatares en la partida de rentas, por diferenciales entre el Reino Unido y el exterior (los tipos de interés reales internos están subiendo, a pesar de todos los bonos que se está tragando el Bank of England), enmascaran el proceso, pero el déficit comercial se reduce un 53% desde 2007.

Sin embargo, fijándonos en el déficit comercial de EEUU, vemos que apenas ha variado, es más, a pesar de ser un país netamente deudor la partida de rentas es positiva y tiende a incrementarse.




Esto se debe a que realiza inversiones directas y se endeuda en bonos y otros pasivos más vinculados al tipo de interés monetario. Exactamente lo mismo que hace el Reino Unido, pero el Bank of England no está siendo capaz de mantener los tipos de interés interiores bajos y la Reserva Federal si, a pesar de que proporcionalmente el BoE se ha tragado más bonos.

En una economía hay distintos tipos de interés -en realidad infinitos- que suelen representarse por indicadores: la prima de riesgo, el tipo de interés para préstamo hipotecario, tipo de interés para préstamo empresarial a clientes premium, etc. Todos ellos están relacionados y dependen de la oferta y demanda de dinero, o tipo de interés wickselliano. El BoE está creando más liquidez pero insuficiente para compensar la oferta de capital del exterior, que en España es casi nula y que EEUU mantiene todavía, sorprendentemente. Y digo sorprendentemente por la exuberante cantidad de capital que se ha llevado a pérdidas en esta era de la II globalización.

Sin duda EEUU sigue siendo el único país capaz de apalancar un déficit público sobre la deuda externa, y eso a pesar de las pérdidas históricas de capital acumuladas. En esto tiene importancia no solo la FeD, sino el poder político y militar que continúa manteniendo. Sin embargo, el mundo giró en 1997 y todavía más en 2008, y debería preocuparles su persistente demanda de capital, dentro de un contexto internacional cada vez más enrarecido.

Sería deseable que existiese capital disponible para los países más pobres, con gran demanda del mismo, y donde se podrían obtener beneficios en lugar de pérdidas. Pero mucho tendrá que cambiar el mundo para que eso sea posible ¿Ocurrirá? ¿A dónde nos lleva todo este proceso?

Las políticas económicas (monetarias, cambiarias y fiscales), no son neutras, impactan no solo en el interior, también en el exterior. Sería deseable no solo un sistema más equilibrado, también más justo, pero para ello harían falta acuerdos que se intuyen difíciles, dentro de ese circo que se hace llamar G20. Y eso es porque el sistema adoptado en los años 70 y 80, el sistema que se cargó el bienestar de mucha gente y ensalzó el de unos pocos, bajo su disfraz ideológico y pseudocientífico, escondía un interés concreto. No estamos asistiendo a nada nuevo, según el gran historiador Fernand Braudel toda economía-mundo tiene un centro, pero a lo largo de la historia hemos asistido a distintos momentos de descentramiento. También capitalismo y estado son cosas distintas, si bien normalmente se apoyan, a veces también se oponen.

Fuentes:

Los datos sobre la balanza de pagos de EEUU y su Posición Inversora Internacional los tenéis en La oficina de análisis económico

[1] En deuda. Una historia alternativa de la economía <<David Graeber>>

[2] La dinámica del capitalismo <<Fernand Braudel>>


domingo, 15 de abril de 2012

Deuda y (des)equilibrios (IIa): España, Europa


Queridos lectores,

Proseguimos con nuestra serie de post intentando entender esto de la deuda y sus efectos sobre la economía de las naciones. Como podéis ver he cambiado el título.

Cuando recientemente hablé sobre la política monetaria, me referí a la deuda como un derecho legal sobre la producción futura cuyo sentido era facilitar las transacciones. Ha sido una invención útil para el desarrollo material indudablemente, sin embargo, cuando hablábamos de los capitalistas y su poder de mercado también cite textualmente a Fernand Braudel, el cual afirmaba que uno de los privilegios de los capitalistas, sobre el cual sustentaban en parte su predominante posición jerárquica, era la facilidad de acceso al crédito. Hoy, las políticas de los bancos centrales están rescatando los valores bursátiles y la deuda de gobiernos y corporaciones, facilitando la financiación de los mismos, mientras el crédito para el mercado, en el sentido en que lo entiende Braudel, ni está ni se le espera. Hablando en términos matemáticos podemos afirmar que las políticas monetarias expansivas y la desregulación financiera de la banca de inversión son ambas condiciones necesarias por separado, y juntas tenemos la sospecha de que son la condición suficiente del incremento de las materias primas, aunque habrá que ver los fundamentales de cada una de ellas.

Parece que con esta cuestión de la deuda debemos dar la razón a Zygmunt Bauman cuando afirma: “La búsqueda implacable e infatigable de las maneras de alejar el mal difícilmente puede dibujar una línea recta, ya que, como norma, los pasos dados para alcanzar el bien traen nuevos males, con lo cual, bajo un examen más atento, dejan de parecer lo buenos que se había esperado en un principio.” Así ha ocurrido con esta herramienta que se planteaba en un principio como algo útil, y lo sigue siendo, pero cuyo uso no está exento de riesgos y de problemas.

En el primer post de la serie nos centrábamos en el déficit por cuenta corriente y llegábamos a la siguiente expresión que resume lo que se denomina el enfoque absorción de la balanza de pagos.

(X – M) = (T – G) + (S – I), la cuenta corriente de la balanza de pagos (X – M), que es el incremento del endeudamiento neto (descontando los cambios de propiedad de los activos), es igual al déficit (o superávit) público (T impuestos, G gasto público) más la diferencia entre ahorro e inversión privada (S ahorro, I inversión). Recordemos que en la balanza de pagos se recogen las transacciones de un país con el resto del mundo, es una contabilidad de las mismas, y que la cuenta corriente es una versión ampliada de la balanza comercial (X, exportaciones, M importaciones) para recoger otros flujos que no se corresponden con el comercio de bienes y servicios, como son las rentas (en gran parte intereses por la deuda) y transferencias.

En definitiva esto lo que nos viene a decir es que si los impuestos son menores que el gasto público este deberá de financiarse con el ahorro privado interno o en el exterior. Y también que un déficit por cuenta corriente sostenido, que conduce, generalmente a un incremento de la deuda externa, puede deberse a un déficit público, o a un exceso de consumo privado (deficiente ahorro), o en el caso más “favorable” a una fuerte inversión. Y he puesto “favorable” entre comillas porque como también hemos visto frecuentemente estos flujos de capital, que hemos denominado y seguiremos denominando “capitales flotantes”, han provocado un problema de sobreinversión o burbuja especulativa.

Es interesante notar que por el contrario, un superávit en cuenta corriente se podría interpretar como consecuencia de un deficiente gasto público, un exceso de ahorro privado o una deficiente inversión. En consecuencia la población de estos países estaría consumiendo menos de lo que podría disfrutar, lo que a su vez provocaría una deficiente demanda mundial que se traduciría en que los países deficitarios entregan poca producción al exterior provocando ciclos de endeudamiento y crisis. Como ya indicamos esto era lo que Keynes quería evitar con la idea del BANCOR, idea que sería rechazada en la conferencia de Bretton Woods por las presiones de EEUU, potencia hegemónica al finalizar la II Guerra Mundial, lo que le permitió imponer su moneda como medio de intercambio en el comercio internacional, lo cual le ha reportado múltiples ventajas.

El sistema monetario adoptado en Bretton Woods era un patrón cambio oro dólar bastante rígido, que no permitía la acumulación de estos desequilibrios y se mantuvo mientras fue compatible con los intereses de EEUU. Cuando esto ya no fue así y llegaron los tipos de cambio flexibles y la libertad de movimiento de capitales asistimos a una serie de crisis financieras, caracterizadas por un patrón común, ciclos de “bonanzas de capitales flotantes” y corte súbito de los mismos.

Hay que tener en cuenta que de una u otra forma estos capitales flotantes están financiando nuestro consumo, de forma indirecta. Por ejemplo, en el caso español, financiaba una actividad, la construcción de inmuebles, que daba un salario a mucha gente, que a su vez consumía y pagaba impuestos. Al colapsar esta actividad estúpida disminuyo el consumo, el empleo y los impuestos que recauda el estado, comenzando un ciclo de fuerte endeudamiento público. En otros casos, como los de Grecia y Portugal los capitales flotantes financiaban directamente el sector público. Y en el caso de EEUU yo diría que ha sido una mezcla de ambos, financiando por un lado la burbuja subprime y por otro un sector público embarcado en las costosas guerras de Afganistán e Irak. Lo común a todos ellos y a todas las crisis de la globalización es el déficit por cuenta corriente que se traduce en un creciente endeudamiento externo.

Si, como decíamos al principio del post, la deuda es un derecho legal sobre la producción futura parece obvio que una de las salidas a la crisis sería entregar más producción al exterior de la que adquieres de él. Evidentemente esto no es tan fácil, requiere movilizar los factores productivos desde la fabricación de inmuebles a la fabricación de bienes transables. El capital humano y los bienes de capital necesarios no son los mismos. Los países superavitarios te pueden ayudar estimulando su demanda interna o tal vez no, si continúan intentando mantener deprimidos los salarios y el poder de consumo de su población. En cualquiera de los casos ese proceso puede llevar su tiempo.

En las crisis anteriores a la actual, en los mercados emergentes, se producía una crisis cambiaria, lo que provocaba un ajuste brusco. Eso ni mucho quiere decir que esas crisis hayan sido menores, como podemos ver en esta gráfica.



La crisis de Argentina y la de los Tigres Asiáticos tuvieron efectos auténticamente terroríficos. Cuando se habla de la devaluación como salida a la crisis creo que muchos todavía tienen en mente el mundo de Bretton Woods, de hecho en España todavía mucha gente cree que Felipe González devaluó la peseta en 1992, pero en realidad lo hicieron los mercados. En el mundo de la libertad de movimiento de capitales una estampida de los mismos y las corridas contra los bancos del país pueden amplificar la crisis, por lo que serían necesarios controles de capital, en Malasia funcionaron, en Argentina no.

Por el contrario en la actual crisis no se ha producido ese ajuste brusco, los desequilibrios globales se mantienen, en parte



lo cual ha sido una suerte, pero es inquietante. En esta gráfica se explica la crisis, vemos como los desequilibrios comienzan con fuerza tras el descalabro de los “Tigres”. Como ya dije en “La exuberancia irracional de los capitales flotantes”, donde me detengo a explicar esta crisis en detalle, fue un momento crucial. En 2001 hay un intento de corrección serio, que se produce por el pinchazo de la burbuja en la bolsa de EEUU y la crisis de Argentina. En ese punto la mayor parte de la humanidad evoluciona hacía el equilibrio, lo cual se puede interpretar de dos formas:

-          Los emergentes no superavitarios deciden tomar políticas sostenibles
-          EEUU, tras los atentados del 11-S empieza a absorber el 80% del ahorro mundial para financiar “la guerra contra el terror”, secando la financiación de esos países, que tendrán que ajustarse a la fuerza.

La periferia europea y el Reino Unido (este de forma mucho más modesta) deciden absorber el resto y encaminarse junto al “hegemón” hacía el abismo. Si corregir un tercio de los desequilibrios de forma brusca nos ha costado esta crisis ¿Qué ocurrirá si de forma abrupta se corrige el resto?

Vamos a intentar comprender el proceso por el que se producen estos ajustes. Primero fijémonos en la balanza comercial española, esta gráfica muestra la evolución de las importaciones (por arriba) y las exportaciones (por abajo).

Balanza comercial en miles de euros

Como se puede apreciar en la época de bonanza recibíamos del exterior un volumen de producción considerablemente mayor del que entregábamos. Tras la crisis vemos que hay una aproximación considerable entre ambos, pero que no es suficiente. Este es un ajuste “natural”, que se produce porque está cayendo la demanda de país pero no la del exterior y es, en parte, la base de las políticas del FMI y de Alemania con los famosos y temidos recortes, esta es la opción del dolor. La gráfica también explica porque los políticas keynesianas o de demanda no podrán nunca resolver una crisis de deuda externa. Mientras no cambie la predilección de la población del consumo de productos importados hacia el consumo de productos nacionales, en cuanto se deje más dinero en sus bolsillos M tenderá a subir, lo que aumentará el endeudamiento. En definitiva, la demanda que necesitamos no es la nacional sino la externa, lo que ya había previsto el propio Keynes. Además, llega un momento en que resulta imposible financiarse.

PII

Esos flujos, reflejados en la cuenta corriente tienen un efecto acumulativo, conocido como Posición Inversora Internacional Neta. Es decir, si la cuenta corriente es la variable flujo, la Posición Inversora es la variable stock. Se denomina neta porque a las posiciones deudoras del país con el exterior hay que descontar las posiciones acreedoras, eso se puede reflejar en un balance

Balanza de Endeudamiento Internacional
(Posición Inversora Internacional Neta)

Activo                                                                                                                        Pasivo

Divisas

Obligaciones del exterior con el país:              Obligaciones del país para con el exterior:
Inversión Extranjera Directa                                                               Inversión Extranjera
Inversión en Cartera                                                                            Inversión en Cartera
Deuda (Bonos y Préstamos)                                                    Deuda (Bonos y Préstamos)

A finales del año 2.010 la posición española era de – 89,5 % del PIB. Evidentemente en 2.011 se debería haber incrementado ya que la previsión es de un déficit por cuenta corriente del 3,6% del PIB, sin embargo, se está manteniendo ya que hay títulos de propiedad, como las acciones, que están perdiendo más valor que en el resto del mundo, lo que está compensando el incremento de endeudamiento. La inversión extranjera directa y parte de la inversión en cartera no son deuda, claro está, aunque tienen en común con esta que todos ellos generan un flujo monetario hacía el exterior. La inversión extranjera directa el beneficio, que se puede reinvertir en el país o no, la inversión en cartera el dividendo y la deuda el interés.

Aclarar que la cuestión no es sembrar desconfianza sobre la inversión extranjera, que puede ser muy beneficiosa. Dejando a un lado la cuestión de la propiedad, que no es objeto de este post, lo fundamental aquí son los desequilibrios.

El más benéfico de todos estos pasivos es sin duda la inversión extranjera directa. Es un compromiso bastante firme de los inversores con la economía del país y además, cuanto peor marche la misma, menores serán los flujos que se envíen al exterior. Por el contrario las inversiones en cartera son bastante volátiles, esa volatilidad tiende a acentuar las crisis cambiarias, pero en zonas monetarias con mucho peso, con monedas como el dólar o el euro, hemos visto que este efecto en principio no se produce. Por último tenemos la deuda, que tiene una particularidad, que es que cuanto peor va la economía mayores son los intereses y los flujos que hay que enviar al exterior. Sin embargo, hay que aclarar que las inversiones en cartera incluyen bonos y obligaciones, es decir, deuda financiada en los mercados de capitales, pero con la particularidad de que al igual que las acciones se puede vender en un mercado.

La deuda se contrae en base a unas garantías, igual que los colaterales o “activos de garantía” que solicitaban los bancos centrales, según vimos en el post anterior. Cuando una persona se endeuda, por ejemplo para la compra de un inmueble, se le exige que tenga unos ingresos muy estables o bien unos avales. En este caso se contrae deuda a muy largo plazo, pero los estados y las empresas se endeudan a corto plazo para reducir el pago de intereses.

Evidentemente mientras no se generen flujos positivos, en este caso en la cuenta corriente, no solo surge la necesidad de contraer más deuda sino de refinanciar la anterior. En el contexto de una crisis, los activos de garantía, en el caso de España los inmuebles o los ingresos fiscales del estado, están bajando, o hay una expectativa muy fuerte de que bajen y por consiguiente nos exigirán mayores intereses. Para muchas empresas, y en especial entidades financieras, el acceso al crédito mayorista está prácticamente cerrado, lo que les ha llevado a emprender el asalto del ahorro nacional, en especial el del jubilado ¿Quién más tiene algún ahorro?

Para permitir que estas entidades refinanciaran sus pasivos en un principio se recurrió a emisiones avaladas por el estado, después de cuatro años el estado ya no es capaz de avalar nada por lo que los tipos de interés reales están subiendo para todos, particulares, empresas, bancos y estado. Esto se refleja en la balanza de pagos en la partida de rentas.

Saldo de rentas, descontando trabajo, en millones de euros

Vemos como van aumentando de forma exponencial los flujos enviados al exterior como consecuencia del creciente endeudamiento externo. Tras la crisis disminuyen drasticamente, debido a la disminución de rentabilidad de las inversiones en cartera y de la inversión directa. Finalmente vuelven a aumentar como consecuencia de la subida de los tipos de interés reales sobre los distintos actores de la economía, compensando los efectos anteriores.  Esta subida de tipos de interés tan brusca es posible debido a los enormes vencimientos de deuda a corto plazo, que es preciso refinanciar a un interés mucho mayor dado que tus activos de garantía se han deteriorado enormemente.

Esto a su vez se relaciona con el interés que paga la deuda pública, no porque esos flujos sean intereses que paga el estado, sino porque esta es el activo de más calidad que de forma implícita, o en la caso español de forma explícita, garantiza el resto.



Decíamos que la posición neta de España se situó en 2010 en un -89,5%, pero en un contexto en el que los intereses necesarios para refinanciar nuestros pasivos están subiendo y los del exterior no, es interesante ver el volumen total de los mismos, que en 2010 ascendía a 2.294.446.968.000, aproximadamente 2,3 billones europeos (trillones americanos) de euros, un 216% del PIB, siendo la inversión directa de tan solo 451.659 millones de euros y la deuda en sentido estricto (bonos, obligaciones y créditos) de 927.287.537.000, un 87,26% del PIB. Sumando los instrumentos del mercado monetario, en general deuda del estado a corto plazo llegamos al 93,04% del PIB. Si seguimos sumando por ejemplo los depósitos y los préstamos de multinacionales a sus filiales en España y otros pasivos alcanzamos el 157,3 %, que sería la deuda externa bruta del país. Para calcular la deuda externa neta descontamos nuestros activos equivalentes en el exterior más la reservas del banco de España, resultando -90,5% del PIB, es decir, la deuda exterior neta al final resulta muy similar a la posición inversora neta. Eso es porque la inversión directa extranjera en España es muy similar a la de España en el extranjero.

La falta de liquidez y constreñimiento del crédito se puede observar en la evolución de los bonos y obligaciones, una partida importante, que llego a suponer 800.000 millones de euros. Recordemos que los bonos y obligaciones son títulos de deuda que se pueden negociar en un mercado de valores y son emitidos por estado, bancos y empresas con capacidad de acceso al mercado de capitales.

Bonos y obligaciones totales y por sectores en miles de euros

Esto se está compensando por otras partidas, pero no es cuestión de entrar ahora en esos detalles, evidentemente sin el auxilio del BCE ya se habría tenido que suspender pagos.

En Europa la posición inversora internacional de los países que analizábamos en el anterior post de la serie es la siguiente


2.010
España
-89,5
Irlanda
-90,9
Italia
-23,9
Portugal
-107,5
Grecia
-92,5
Alemania
38,4
Francia
-10,0
Reino Unido
-23,8

La posición de la UEM o zona euro, es de un -13,4 %. Una posición deudora discreta, casi de equilibrio, el problema son los desequilibrios internos. Como ya comentábamos para hacer frente a estos desequilibrios surgió el MIP, una herramienta de la UEM cuya principal novedad es que consideraría un desequilibrio también un excesivo superávit.

La aplicación del procedimiento no es automática, consiste en la vigilancia de un panel de indicadores que da lugar a la activación de un mecanismo de alerta. Una vez se ha detectado un posible desequilibrio mediante el mecanismo de alerta, se procede a un análisis en profundidad de la situación macroeconómica del estado miembro y si de este análisis en profundidad se revela la existencia de un desequilibrio el estado miembro tendría la obligación de corregirlo o podría ser sancionado.

Ya disponemos del primer informe de alerta, el cual ha sido un tanto decepcionante por cuanto considera un posible indicio de desequilibrio un déficit por cuenta corriente del -4% del PIB, y un superávit del +6% del PIB. Estos valores son un tanto arbitrarios, cualquier valor sería un tanto arbitrario, pero teniendo en cuenta que la media móvil de los últimos tres años del superávit alemán es del 5,9% del PIB vemos que detrás siempre hay razones políticas. También es una cuestión política que España no haya sido rescatada, y que se haya preferido refinanciar gracias al BCE, con un alto coste para Europa y para el mundo. Dejando a un lado estas cuestiones debemos considerarlo un primer paso en una buena dirección que debería ser aplicada también en el resto del mundo. El último párrafo del informe es bastante representativo: “Por último, la interpretación económica del panel de indicadores resalta la necesidad de un análisis en profundidad de las causas y las implicaciones políticas de los importantes y sostenidos superávits por cuenta corriente, especialmente en el algunos estados miembros del área euro…”


Algunos países de la UE y de la UEM van a aumentar su demanda interna, ya sea de forma natural o como consecuencia de la aplicación del MIP, lo que debería ser aprovechado por los países periféricos para comenzar un proceso de desapalancamiento de la deuda externa, aprovechando la moneda única y la proximidad geográfica, así como los insostenibles costes de transporte que lleva acarreados la producción en lejanos centros off-shore. Sin embargo, el proceso será lento y difícilmente podrá evitar un mayor ajuste que el que ya se ha producido en la demanda interna de estos países, en particular porque durante cuatro años toda la acción política ha ido encaminada a tratar de ocultar la situación financiera para mantener los intereses de refinanciación bajos. Finalmente no se ha conseguido y se ha tenido que recurrir a políticas monetarias no convencionales por parte de los bancos centrales, pero estas políticas no salen gratis y no podrán perdurar siempre, por lo que son necesarias medidas urgentes para comenzar el desapalancamiento de la deuda externa.

La persistencia de estos desequilibrios,  con unos líderes que dan mayor relevancia al crecimiento que a la estabilidad, dado que nuestro sistema de producción no ofrece alternativas al crecimiento para combatir el desempleo, así como un sistema monetario internacional absurdo, están conduciendo al mundo a una nueva Gran Depresión, de la mano de unos políticos que lo fían todo a los bancos centrales, sin entender que estos no podrán mantener los tipos de interés bajos eternamente.

Aquí lo dejamos de momento, por no alargarnos demasiado. En el siguiente post veremos la situación de EEUU y seguiremos analizando algunas cuestiones relativas a los desequilibrios de la UEM. Llegará en breve.