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lunes, 10 de febrero de 2020

Echando la vista atrás... predicciones fallidas y acertadas, y un nuevo mapa sobre el futuro.

El mapa no es el territorio


Hace ya algún tiempo que no miro los datos de las fluctuaciones de las monedas y divisas, volúmenes de deuda externa, tipos de interés, balanza de pagos y otros datos que pueden ayudarme a trazar un mapa sobre la salud financiera de los países y sistemas bancarios. Sin embargo, echando un vistazo al informe de este año de la FAO sobre seguridad alimentaria me encuentro con esta gráfica:



Que parece explicar parcialmente la “primavera latina” que se está viviendo en el sur del contienen americano. Como se puede ver en la gráfica, desde 2014 se vive una situación de retroceso económico en la región, y de estancamiento en África. Por el contrario, Asia, liderada por la locomotora china, mantiene un crecimiento fuerte. En cuanto a las economías desarrolladas, mantienen cierto dinamismo, que como luego comentaremos, va por barrios.

La gráfica me ha hecho recordar algunas “fallidas” predicciones pasadas, que conviene ahora recordar, separando el grano de la paja, lo que puede seguir teniendo validez de aquel pensamiento frente a lo que se ha quedado obsoleto:


Nueva crisis financiera global

A inicios de 2014 me preguntaba ¿Estamos entrando en una fase de la crisis sistémica global?, en una tormenta de ideas que posteriormente desarrollé con algo más de detalle en Crónica de una depresión anunciada: regularidades e incertidumbres. El razonamiento central detrás de ambos artículos se podría resumir de la siguiente forma: tras la crisis del petróleo de los años 70 y el comienzo de la globalización, con el fin del control de los movimientos de capital, se van sucediendo una serie de crisis financieras periódicas, con la particularidad de que en distintos periodos van afectando a grupos de países distintos. En concreto, a veces el epicentro de la crisis serían las economías emergentes, y en otro momento lo serían las economías desarrolladas, existiendo siempre cierto contagio a través del canal financiero, como el célebre caso de Long Term Capital Management.

jueves, 23 de febrero de 2017

Trumpconomics: la lucha de EEUU por conservar la hegemonía

La administración Trump pretende desarrollar una política económica que incluye estímulos fiscales (mayor gasto público y menores impuestos) y restricciones a la movilidad de las personas y las mercancías, manteniendo la plena movilidad del capital. De llevarse a cabo, este plan trastocaría el orden económico internacional, creando uno nuevo. Sería la tercera vez en menos de cien años que EEUU cambia las reglas del juego, siempre con la intención de mantener su hegemonía.


Conocemos, aparentemente, todo sobre Trump: sobre su padre y cómo llegó a EEUU, sobre su mujer actual y las anteriores, sobre sus hijos y las parejas de estos, como le gusta decorar la Casa Blanca; una avalancha de información intrascendente, de ramas que nos impiden ver el bosque. Ese bosque es un hecho muy importante, nos encontramos ante un posible, e incluso probable, cambio en el orden económico internacional, un momento similar a la firma del tratado de Bretton Woods en 1944 o al cierre de la ventanilla del oro por Richard Nixon en 1971.


Un poco de contexto

La primera vez que EEUU estableció las reglas del juego fue, como es bien sabido, tras la II guerra mundial. Los Estados Unidos llegaron al final de aquella guerra como clara potencia hegemónica, lo que les llevó a rechazar el plan, intelectualmente brillante, de John Maynard Keynes, representante de la delegación británica. Keynes postulaba un sistema internacional que penalizase los superávits comerciales y permitiese el reciclaje de esos excedentes en los países deficitarios en sus transacciones con el resto del mundo. La idea de Keynes era evitar déficits comerciales persistentes entre países, que llevasen a la acumulación de deudas y por tanto a una retracción de la demanda, que él entendía era la causa fundamental del estancamiento económico.

Esto es muy interesante porque la llegada de Trump al poder ha colocado otra vez en primera plana la cuestión de los superávits y déficits comerciales. La historia se repite, primero como tragedia y más tarde como farsa ¿o es al revés? El tiempo dirá.

martes, 17 de noviembre de 2015

Crónica de una depresión anunciada: regularidades e incertidumbres



Fue a comienzos del año 2014 cuando desde esta modestísima tribuna lancé la voz de alarma ante los primeros síntomas de una nueva fase de la crisis que quizás desembocase en un nuevo batacazo financiero. Desde entonces, el desarrollo de los acontecimientos ha seguido, de forma lenta pero segura, el camino que trazamos en aquella ocasión. Realmente, y aunque esté mal que yo lo diga, el guión expuesto en “¿Estamos entrando en una fase de la crisis sistémica global?” se ha ido cumpliendo aunque con cierta parsimonia.

El mérito que puedo atribuirme por este momentáneo acierto no es mucho, tan sólo me fijé en el comportamiento de la economía mundial desde el último cambio institucional relevante, el colapso del sistema de Bretton Woods. Desde entonces la economía mundial presenta ciertas regularidades, que me hacían presagiar, al menos a grandes rasgos, algunos elementos del futuro. La semántica es importante, y aquí nos encontramos ante regularidades, no ante leyes, ni certezas, pero si el marco institucional se mantiene, es decir, si no actuamos modificando aquellos elementos que han hecho posible este comportamiento predecible, hay bastantes posibilidades de volver a tropezar en la misma piedra. Este razonamiento nos conduce hasta la incertidumbre, en realidad hay factores diferenciadores bastante significativos en la actualidad que no encontrábamos en el pasado, tendremos que tenerlo muy en cuenta, pero veamos primero las regularidades:

  • La economía no es lineal, es cíclica, como muchos otros sistemas. Una regularidad de la economía mundial es la alternancia de crisis financieras entre países industrializados y emergentes. Comenzando por la crisis de deuda latinoamericana (que afectó a todo el conjunto de países emergentes y no sólo a Latinoamérica), siguiendo con las crisis de finales de los ochenta y principios de los noventa en los países desarrollados (como por ejemplo la crisis del Sistema Monetario Europeo, que fue precedida por sendas crisis en EEUU y Japón, en un periodo breve de tiempo), continuando con la crisis de los Tigres Asiáticos (que nuevamente hay que señalar que afecto a un conjunto más amplio de países, desde mediados de los noventa hasta comienzos de la década siguiente), llegando por último al momento presente, con la crisis subprime y sus secuelas.

  • Otra regularidad significativa que podemos observar es que todas estas crisis periódicas y alternas vienen precedidas de un periodo de exuberancia irracional en los flujos de capital internacional. Los inversores internacionales actúan con prodigalidad prestando dinero a las empresas y bancos y adquiriendo acciones y la deuda nacional de un determinado país. A ese periodo favorable, le suele suceder un periodo desfavorable, en el que se producen bruscas salidas de capital, venta de acciones y de bonos y no renovación de los préstamos a su vencimiento. Así sucedió en los ochenta con los países latinoamericanos, cuando el reciclaje de los petrodólares condujo a un boom de crédito internacional, que se cortó bruscamente con la subida de tipos en EEUU. También fue así en los noventa con los Tigres asiáticos, y ha sido así recientemente con España, cuando nuestra pertenencia al euro propició el endeudamiento masivo de nuestros bancos con los bancos de los países del norte de Europa. Y por supuesto, no fue distinto el caso de EEUU en 2008, cuando su relación con el resto del mundo, y especialmente con China, le permitía financiar déficit comerciales cada vez más abultados, absorbiendo gran parte del ahorro mundial. Como ya advirtiera con acierto Frederick Soddy, la deuda, siguiendo las leyes matemáticas del interés simple y compuesto siempre crece más deprisa que la capacidad que nos da la naturaleza y nuestro trabajo para pagarla. Uno diría que durante el periodo de globalización los capitales flotantes perciben cuando la deuda crece demasiado, y su salida en estampida desencadena la crisis.

  • La relación de las crisis con los flujos de capital y la alternancia de crisis entre centro y periferia se relaciona con variaciones periódicas en los flujos de capital, primero saliendo del centro hacia la periferia, posteriormente saliendo de la periferia para dirigirse hacia al centro. Sobre estos movimientos tienen especial relevancia los tipos de interés en EEUU (saliendo del centro hacia la periferia los capitales cuando los tipos de interés son bajos, e invirtiendo su sentido cuando los tipos de interés son altos) y, de forma a mi juicio todavía más marcada, los tipos de cambio (saliendo los capitales cuando hay expectativa de tipos de cambio a la baja, y entrando cuando hay expectativas de tipos de cambio al alza). Como vimos en La guerra de divisas (II): el verdadero origen de la crisis financiera global, los movimientos en los tipos de cambio pueden considerarse auténticos movimientos tectónicos de la economía, y pueden preceder a fuertes crisis, tanto por su incidencia en los precios de los activos, como por la consecuencia de esto, salidas de capital, ante la perspectiva de menores ganancias por la pérdida de valor de los activos. La devaluación se retroalimenta de forma positiva con las salidas de capital, dado que estas salidas hacen que la moneda se deprecie, y esto a su vez hace que más capital quiera salir, dada la depreciación que se produce en los activos (el mecanismo inverso funciona en la época de bonanza).

lunes, 24 de septiembre de 2012

La guerra de divisas (II): el verdadero origen de la crisis financiera global



Queridos lectores,

La primera mitad del siglo XX, con las guerras mundiales y la gran depresión, moldeó con fuerza el pensamiento de nuestros antepasados. Un poco antes, durante el tercio final del siglo XIX y la primera década del siglo XX se había desarrollado una auténtica primera globalización bajo el patrón-oro y el imperio británico.

El comercio, el sistema de pagos, las relaciones financieras y la deuda, en definitiva la competencia económica, fueron fuente de inestabilidad política y contribuyeron en buena medida a crear las condiciones propicias para el desastre.

Las instituciones acordadas en Bretton Woods son el fruto de ese pensamiento forjado por la guerra. Entre las personas que padecieron aquellos tiempos tempestuosos se encontraba el célebre John Maynard Keynes, y sin duda su idea del BANCOR, que pretendía un ajuste simétrico de las balanzas de pagos entre acreedores y deudores, era en parte fruto de lo vivido.

Ya en 1920 Keynes había escrito “Las consecuencias económicas de la paz” advirtiendo de los peligros que implicaban las onerosas reparaciones de guerra impuestas a Alemania tras la 1ª guerra mundial. El problema de la deuda externa que tan común se ha hecho en nuestra época.

Durante la 1ª globalización los gobiernos habían dado prioridad al equilibrio externo –repago de los saldos de la balanza de pagos- sobre el equilibrio interno –estabilidad de precios y pleno empleo-. Pero al terminar la guerra las circunstancias eran muy distintas. Aprovechando la participación de Rusia en esta, estalla una revolución popular que tras muchos avatares y una guerra civil cambiaría por completo las estructuras de poder y los derechos de propiedad establecidos.

El comunismo prometía un mundo mejor pero no fue capaz de cumplir sus promesas

El miedo a nuevas revueltas hizo interiorizar a los gobiernos el objetivo interno de pleno empleo y estabilidad de precios.

Todas estas consideraciones estaban en la mente de Keynes y de los participantes en la conferencia internacional de Bretton Woods, lo que no evitó que se adoptase un mal plan que, tal y como anticipó Robert Triffin, nacería con fecha caducidad.

Poco tiempo después de que Nixon suspendiese la ventanilla del oro y tras dos devaluaciones del dólar en 1971 y 1973, los países productores de petróleo deciden subir su precio unilateralmente. El Sha de Irán declara:

Por supuesto que [el precio mundial del petróleo] va a subir. ¡Sin duda! ...; Y cómo…. Vosotros [las naciones occidentales] aumentasteis el precio del trigo que nos vendéis un 300%, y lo mismo para el azúcar y el cemento ...; Vosotros compráis petróleo crudo y nos lo vendéis de nuevo, refinado como petroquímica, a cien veces el precio que nos habéis pagado ...;. es justo que, de ahora en adelante, vosotros tendréis que pagar más por el petróleo. Digamos diez veces más.

Un sistema de pagos en dinero fiat y con tipos de cambio flexibles nunca puede escapar de la sospecha.

El shock petrolero y la década de los setenta marcaron nuestro futuro, dando paso a la 2ª globalización, fundada en el libre comercio y, primero y principal, la libertad de movimiento de capital, es decir, las finanzas.

El problema del repago de los saldos en la balanza de pagos y la determinación de los tipos de cambio de las monedas, se deja a los tejemanejes del mercado. Como es obvio esto requiere una demolición del pensamiento que originó las instituciones de Bretton Woods, pero la historia nos enseña que en ciencias sociales siempre es posible encontrar una teoría a mano para entrar en la confrontación ideológica.


Milton Friedman sería uno de los académicos valedores de la visión intertemporal de la balanza de pagos y Nigel Lawson, ministro de economía con Margaret Thatcher, su equivalente a nivel político. La opinión de que el déficit por cuenta corriente no importa suele denominarse “doctrina Lawson" por un discurso pronunciado en 1988 por el Sr. Lawson, quien, al comentar el déficit por cuenta corriente del Reino Unido, afirmó que la situación de su país era sólida porque ese déficit se debía al endeudamiento del sector privado, y no del sector público.

Y sigue opinando publicamente de economía

Según esta visión un déficit en la balanza de pagos no sería más que una predilección por el consumo presente, indicando que queremos ahorrar en el futuro. Si pensamos que un déficit público puede ser financiado en gran parte –como fue el caso de España o Grecia- por acreedores extranjeros, esto da pie a interpretar que el estado tiene preferencia por consumir ahora ya que prevé ahorrar en el futuro. Pero no, el estado sería un ente aparte dentro de la economía, regido por leyes muy distintas, y por tanto el déficit público siempre sería peligroso, según esta visión intertemporal.

Hoy sabemos empíricamente que las economías tienen mayor intolerancia a la deuda externa que a la deuda pública, encaje esto o no en una teoría. Sin embargo, lo sorprendente es que haya hecho falta un estudio académico para resaltar algo que se hizo patente desde el principio.

Observando por regiones la evolución histórica de las balanzas de pagos se pueden ver los distintos procesos de ajuste provocados por la deuda externa. Como hemos discutido en varias ocasiones, esto se hace decreciendo, mediante una disminución de la demanda interna, recortando importaciones, a través de una devaluación o una deflación.

A raíz del shock petrolero de 1973, los países desarrollados dejaron de ser exportadores netos de capital, para endeudarse con los países pobres, si bien con saldos relativamente modestos ¿Sería esto la causa de la estanflación de la época?


Los nuevos precios hicieron rentable la explotación de yacimientos en Alaska, el Mar del Norte, China y Méjico ¿la causa de la “recuperación” de los 80?

Otras regiones, como América Latina, tuvieron más dificultades para financiarse. Tan pronto como en la década de los 80 desarrollaron intolerancia a la deuda externa, y las restricciones a la llegada de capital y el pago de intereses les llevó a una “década perdida”.


En el año 1992, la crisis en Europa provocó en varios de ellos la misma acusada intolerancia a la deuda externa, (especialmente los nórdicos: Suecia, Noruega, Finlandia) lo que les obligó a convertirse en ahorradores, aunque por poco tiempo.

Dos años más tarde, la crisis se trasladaría a los países emergentes. La rentabilidad de sus bonos a 10 años respecto al bono norteamericano, la famosa “prima de riesgo”, sigue patrones muy similares en todos ellos.



La correlación tan estrecha del rendimiento de los bonos en 24 países, muy distintos entre si, nos indica claramente que estamos ante la primera gran crisis financiera global tras la Gran Depresión. En el gráfico también apreciamos como estas restricciones de financiación, o intolerancia a la deuda externa, provoca que en 1999 la balanza de pagos del conjunto de las economías emergentes se de la vuelta y pasen a ser exportadores netos de capital.

Está gráfica es a su vez muy similar a otra que os resultará más familiar: la evolución actual de los bonos de los países de la llamada “periferia” europea.


viernes, 4 de mayo de 2012

Mecanismos de la economía-mundo


Queridos lectores,

En la anterior antrada analizábamos la Posición de Inversión Internacional Neta y la deuda externa, de la U.E.M. y los países del núcleo y periferia de la misma, así como del Reino Unido. El análisis de la posición de EEUU, que hoy abordamos, nos servirá también para colocar una pieza clave para entender el mundo que habitamos, o mejor dicho, la economía-mundo que nos incluye, según la definición de Fernand Braudel que luego haría célebre Immanuel Wallerstein. Este post se debería haber titulado Deuda y (des)equilibrios (IIb): EEUU, pero me he dado cuenta que es fundamental para entender el blog en conjunto y que a su vez se relaciona estrechamente con el pensamiento de Fernand Braudel.

Pensamos que la deuda es algo medido de forma precisa, mediante una unidad de cuenta fiable ¿es así? Si y no, si alguien está capacitado para hablar de esto es un antropólogo, veamos que nos cuenta David Graeber:

¿Que diferencia hay entre un gánster que desenfunda un arma y te exige mil dólares como <<protección>> y el mismo gánster desenfundando un arma y exigiendo que le des un <<préstamo>> de mil dólares? Como es obvio, en gran manera, ninguna. Pero en cierta manera hay una diferencia. Como en el caso de la deuda estadounidense con Corea o Japón, si el equilibrio de poder cambiara en algún momento; si Estados Unidos perdiera su supremacía militar; si el gánster perdiera a sus esbirros, su <<préstamo>> podría comenzar a tratarse de manera muy diferente. Podría convertirse en una auténtica responsabilidad. Pero el elemento crucial parecería seguir siendo el arma. [1]

La historia de EEUU como país deudor comienza en la era Reagan. Este presidente se presentó a las elecciones con un discurso radicalmente nuevo. Prometía “quitar al estado de las espaldas de la gente” y que esta, “pudiese decidir que hacer con su dinero”. En definitiva prometía bajar impuestos y llegó a definir su programa sin ambigüedades, “para que EEUU funcione los ricos tienen que ser más ricos y los pobres más pobres”.

Este discurso, por razones que explicaremos en otro artículo, fue un éxito rotundo y las clases acomodadas se encontraron con más dinero en el bolsillo. El consumo se expandió, pero en mayor medida el consumo de productos importados, que en ese tipo de bienes sofisticados a los que ahora la gente dedicaba más dinero eran más competitivos que los nacionales. La consecuencia de ello fueron los famosos déficits gemelos público y comercial. Vamos a reflejar la historia de la Posición de Inversión Internacional de EEUU en la siguiente tabla:


Activos de EEUU respecto al exterior
Pasivos de EEUU con el exterior
Posición Neta
Ronald Reagan
1981
1.001.667
661.282
340.385
1982
1.108.436
777.063
331.373
1983
1.210.974
908.570
302.404
1984
1.204.900
1.038.153
166.747
1985
1.287.396
1.225.657
61.739
1986
1.469.396
1.497.155
-27.759
1987
1.646.527
1.717.446
-70.919
1988
1.829.665
1.997.123
-167.458
George Bush
1989
2.070.868
2.317.100
-246.232
1990
2.178.978
2.409.353
-230.375
1991
2.286.456
2.578.210
-291.754
1992
2.331.696
2.742.717
-411.021
Bill Clinton
1993
2.753.648
3.038.108
-284.460
1994
2.987.118
3.285.576
-298.458
1995
3.486.272
3.916.466
-430.194
1996
4.032.307
4.495.645
-463.338
1997
4.567.906
5.354.080
-786.174
1998
5.095.546
5.953.909
-858.363
1999
5.974.394
6.705.462
-731.068
2000
6.238.785
7.575.799
-1.337.014
George W. Bush
2001
6.308.681
8.183.713
-1.875.032
2002
6.649.079
8.693.710
-2.044.631
2003
7.638.086
9.731.880
-2.093.794
2004
9.340.634
11.593.660
-2.253.026
2005
11.961.552
13.893.701
-1.932.149
2006
14.428.137
16.619.790
-2.191.653
2007
18.399.676
20.195.681
-1.796.005
2008
19.464.717
22.724.875
-3.260.158
Barack Obama
2009
18.487.042
20.883.468
-2.396.426
2010
20.315.359
22.786.348
-2.470.989

Lo más interesante de esto es que termina 2010 con una posición neta deudora de 2,47 billones, equivalente a -17% del PIB, una posición deudora discreta, mejor que la de Reino Unido e Italia, y muy lejos de la de los PIGS. Solo ligeramente peor que la de la Unión Europea Monetaria, pero sin los graves desequilibrios de la misma, debido a su unión fiscal y a que EEUU es un Área Monetaria Óptima.

Entonces ¿esos déficits comerciales no eran tan grandes? Recordad que cuando tratábamos de cuantificar el déficit por cuenta corriente acumulado su imagen era bastante impactante. Desde 1986 año en el que por primera vez se sitúa como país deudor, y hasta el año 2010, el déficit comercial acumulado ha sido de 8,43 billones europeos (trillones americanos), equivalentes a un -58% del PIB. Teniendo en cuenta que en 1985 la posición acreedora era de 60.000 millones necesitamos explicar donde han ido 6,02 billones de dólares ¿O quizás se trata de productos “regalados” que no ha hecho falta financiar?

Algunas de las explicaciones populares que se han dado a los procesos de nuestra economía-mundo inciden en que en nuestro sistema monetario se cambian mercancías por papeles, por tanto la deuda es intrascendente. Algunos incluso revisten estos sofismas con barnices académicos y les ponen pomposos nombres como Teoría Monetaria Moderna. Según estos autores los bancos centrales habrían encontrado una especie de maquina del movimiento perpetuo. Estas teorías parecen coherentes con las expansiones monetarias realizadas recientemente, pero no explican las crisis de Argentina o Indonesia o porque a Zimbabue no le funciona su banco central.

Otros inciden en el papel del dólar como divisa de intercambio y reserva internacional, que daría a EEUU el privilegio exclusivo de intercambiar su moneda por mercancías sin ninguna contrapartida posterior. Esta segunda explicación está más cercana a la realidad, aunque tampoco es exacta.

El mundo está dividido en estados nación, que utilizan una moneda nacional, pero necesitan productos del exterior o les resulta preferible comprarlos al exterior por ser de mejor calidad o más baratos. Esto plantea la necesidad de usar otras monedas que no son la nacional. Cuestión espinosa en un mundo donde el valor de la moneda es fiduciario, es decir, depende de la confianza en el emisor. Veamos como lo explica Graeber a nivel histórico:

El dinero crédito se basa en la confianza, y en mercados competitivos la confianza es, en sí misma, una mercancía escasa. Esto es especialmente cierto en los tratos entre extraños. En el imperio romano, una moneda de plata acuñada con la efigie del emperador Tiberio seguramente circulaba a un valor considerablemente más elevado que la propia plata que contenía. Las monedas antiguas, de manera invariable, solían tener un valor mucho mayor que su contenido de metal. Esto se debía, sobre todo, a que el gobierno de Tiberio estaba muy dispuesto a aceptarlas a su valor facial. El gobierno persa, sin embargo, probablemente no estaba tan dispuesto, y los gobiernos mauria y chino no lo estaban en absoluto. Grandes cantidades de monedas romanas de oro y plata acabaron en la India e incluso China; para empezar, ésta es muy probablemente la razón de que fueran de oro y plata. [1]

En nuestro mundo globalizado el resto de países aceptan monedas de otro a un valor susceptible de valoración por un mercado. Si esa moneda es hegemónica, eso crea una ventaja para el país emisor y un problema para el resto. Así lo vio John Connally cuando en 1971 les dijo a los europeos "El dolar es nuestra divisa, y es vuestro problema"

En el principio, es decir, antes de la globalización, los países ajustaban el nivel de consumo de su población y su productividad mediante algún oportuno arancel o dos. Hoy no pueden hacer eso o serían sancionados, por lo tanto el ajuste se realiza mediante la deuda, pero solo "hasta nuevo aviso" o "mientras dure la confianza", y ahí están Indonesia o Argentina para atestiguarlo.




Dicho de forma más técnica, cuando un país incurre en déficit comercial su economía no produce suficientes bienes y servicios para intercambiar por los que recibe del extranjero. En consecuencia, debe existir un flujo financiero neto del exterior para pagar la diferencia, que se materializará en forma de créditos, inversiones en cartera o inversiones directas. Estos flujos tienen efecto acumulativo, pero están sujetos a valoración. Su valor varía por efecto de la variación de los tipos de cambio, o incluso por efecto de una pérdida o ganancia de valor del activo en la moneda de emisión, como está ocurriendo en España con las hipotecas y la deuda pública.

Volviendo a la deuda externa de EEUU, hay cerca de 648 mil millones hasta 2010 en su balanza comercial que no se corresponden con ningún flujo financiero en la correspondiente contraparte de la balanza de pagos. Es una partida que se denomina “errores y omisiones”. Vamos a suponer que esos errores se deben a partidas de exportación no contabilizadas. En ese caso nos quedarían 5,37 billones que se explican única y exclusivamente por el efecto valoración. En definitiva serían pérdidas de los inversores extranjeros en EEUU por disminución del valor de los activos, o ganancias de los inversores de EEUU por revaloración de sus activos en el extranjero.

Estas pérdidas y ganancias se producirían tanto de forma “natural” como de forma traumática. Por ejemplo, como consecuencia de la última crisis vemos que en 2009 hay una pérdida en los pasivos que si la sumamos al déficit corriente de ese año alcanza los 2,2 billones. También sufren pérdida los activos, pero de tan solo 1 billón. De golpe y porrazo hemos “borrado” 1,2 billones de pasivos netos.

Las malas políticas y la torpeza de otros países, como Irlanda, España o Indonesia en su momento, han conducido a garantizar prácticamente todos los pasivos, sin infligir apenas pérdidas a los inversores internacionales. Otros países, como Argentina o Islandia, han conseguido infligir algunas pérdidas a los mercados, pero no sin un coste bastante alto. En el caso de Grecia o Portugal no me atrevo a hablar de malas políticas, puesto que los márgenes de maniobra han sido muy reducidos.

La forma natural de realizar el “borrado” de la deuda es a través del “carry trade”



 y la política de dólar bajo que se ha ido materializando de formas variadas: con los acuerdos de Plaza y Louvre, mediante la revalorización del euro o en la retórica de EEUU con China sobre el valor del Yuan. Gracias a la internacionalización de su moneda EEUU consigue que los pasivos con extranjeros se contraigan en dólares, mientras en Wall Street la banca de inversión compra activos en monedas extranjeras. Mediante una continua y progresiva devaluación del dólar los extranjeros ven reducidos sus activos en EEUU, mientras los activos de los residentes en EEUU en el extranjero aumentan su valor en dólares.

El dólar se deprecia un 74% respecto al franco suizo y el yen y un 67% respecto al euro/deutsche mark en 39 años

¿Influye la política monetaria agresiva de la FeD? En teoría esas políticas tienden a devaluar la moneda, además la política de compra de activos deja dinero líquido en manos del sistema financiero, que estos pueden emplear en inversiones en el exterior o, aunque no es el caso, en amortizar pasivos con extranjeros, reduciendo en ambos casos la deuda externa neta.

Este es el auténtico motor de nuestra economía-mundo. Un sistema, evidentemente desigual y permanentemente al borde del colapso. El sistema de Bretton Woods nacía herido de muerte, porque tal y como expreso ya hace tiempo el profesor Triffin, los dólares necesarios para dar liquidez a los intercambios mundiales solo se podrían generar incurriendo el país emisor en déficits. Pero al incurrir en déficits está contrayendo una obligación, otorgando unos derechos sobre su producción futura. La paradoja estriba en que solo se podrá entregar esa producción en el futuro incurriendo en superávit, lo que ocasionaría un estrangulamiento de la liquidez y por lo tanto una deflación.

Por lo demás la deuda es, en teoría, y omitiendo la pistola de Graeber, igual para todos. Ocasionará el devengo de un interés, y su acumulación excesiva en relación a los activos de garantía provocará que los intereses suban de forma exponencial hasta que se produce el pánico y la crisis. En esencia el sistema es insostenible. Pero una crisis del dólar ocasionaría tal marasmo en el sistema financiero mundial que la Gran Depresión parecería un picnic campestre.

La solución que se ha dado a esta cuestión ha sido hasta el momento la más cómoda para EEUU, y al mismo tiempo la más sencilla, un impago progresivo o selectivo. Algunos dirían que jugar bien sus cartas en el terreno financiero. Pero evidentemente la solución no es neutra, las pérdidas históricas que han sufrido los inversores durante este periodo de 25 años ascienden a 5,37 billones de dólares, la mayoría de los cuales se concentran en la última década.

Dentro de este esquema tiene un papel importante la banca de inversión, no en vano ya advertimos en “La exuberancia irracional de los capitales flotantes” que tras la crisis del sudeste asiático algunos economistas de prestigio apuntaban al lobby Tesoro – Wall Street como el artífice de este desbarajuste de libertad de movimiento de capital. La progresiva pérdida de valor del dólar les permite cuadrar sus balances y obtener suculentos beneficios.

En gran parte estos hechos explican también la evolución de nuestra economía-mundo desde los años 80. Por aquella época sorprendía la pujanza de las economías de Alemania, y sobre todo Japón. Los nipones, con una soberanía monetaria de segunda, fueron incapaces de internacionalizar su moneda, y obligados a continuar la compra de activos en dólares, han sufrido gran parte de las pérdidas, lo que explica en parte sus décadas perdidas.

Japón se estanca, y su distancia respecto a EEUU y la UE se amplía enormemente

De hecho, aunque algunos lo ponen como ejemplo de lo que hay que hacer, la producción cayo con más fuerza durante 2009 y ha vuelto a caer durante 2011


Alemania por su parte pudo evitar la acumulación de excesivos activos en dólares, pero sólo a costa de colocar gran parte en la periferia europea, dentro de una unión monetaria que se ha contaminado de parte de los vicios de la economía-mundo y que se encuentra al borde del colapso.

La historia se repite, con ligeras variaciones, al fin y al cabo una economía-mundo se asienta en la desigualdad. En palabras de Braudel:

Ahora bien, este mundo se asienta bajo el signo de la desigualdad. La imagen actual —países desarrollados por un lado, y países subdesarrollados por otro— constituye ya una auténtica realidad, mutatis mutandis, en­tre los siglos XV y XVIII. Es cierto que, de Jacques Coeur a Jean Bodin, a Adam Smith y a Keynes, los países ricos y los países pobres no siempre han sido los mismos; ha girado la rueda. Pero, en lo que respecta a sus leyes, el mundo no ha cambiado apenas: sigue distribuyéndose, estructuralmente, entre privilegiados y no privilegiados. Existe una especie de sociedad mundial, tan jerarquizada como una sociedad ordinaria y que es como su imagen agrandada, pero reconocible. [2]

Una economía-mundo es una realidad geográfica y como tal tiene sus divisiones:

Toda economía-mundo se divide en zonas sucesivas. El corazón, es decir, la región que se ex­tiende en torno al centro. Vienen después las zonas intermedias, alrededor del pivote central. Finalmente, ciertas zonas marginales muy amplias que, dentro de la división del trabajo que caracteriza a la economía-mundo, son zonas subordinadas y dependientes, más que participantes. En estas zonas periféricas, la vida de los hombres evoca a me­nudo el purgatorio, cuando no el infierno. Y la situación geográfica es, claramente, una razón suficiente para ello. [2]

Divisiones concéntricas, en zonas cada vez más desfavorecidas. En primer lugar el centro:

El esplendor, la riqueza y la alegría de vivir se reúnen en el centro de toda economía-mundo, en su mismo núcleo. Allí es donde el sol de la historia da brillo a los más vivos colores; allí donde se manifiestan los altos precios, los salarios altos, la Banca, las mercancías “reales”, las industrias provechosas y las agriculturas capitalistas; allí donde se sitúa el punto de partida y el de llegada de los largos tráficos, la afluencia de metales preciosos, de monedas sólidas y de títulos de crédito. Toda una modernidad económica avanzada se concentra en este núcleo. Las técnicas avanzadas también se encuentran, por lo general, allí, y la ciencia fundamental que las acompaña está con ellas. Las “libertades” residen en él, sin que sean enteramente mitos o realidades. [2]

Una segunda zona alrededor del centro y por último la periferia:

Este nivel de vida baja de tono cuando llegamos a los países intermedios, vecinos, competidores o emuladores del centro. Encontramos allí pocos campesinos libres, pocos hombres libres, intercambios imperfectos, organizaciones bancarias o financieras incompletas y manejadas a menudo desde fuera, así como industrias relativamente tradicionales.
Por último las regiones marginales, que en el siglo XVII eran las Américas, bajo el signo de la esclavitud, o el este de Europa bajo la segunda servidumbre, es decir, de una servidumbre que, tras haber desaparecido casi por completo, al igual que en Occidente, fue restablecida en el siglo XVI.
En resumen, y tomando como ejemplo la economía-mundo europea del siglo XVII, esta “supone la yuxtaposición y la coexistencia de sociedades que van desde la ya capitalista, como la holandesa, hasta las sociedades serviles y esclavistas que ocupan los peldaños más bajos de la escala. Esta simultaneidad, este sincronismo, replantean todos los problemas a la vez. De hecho, el capitalismo vive de este escalonamiento regular: las zonas externas nutren a las zonas intermedias y, sobre todo, a las centrales. ¿Y qué es el centro sino la punta culminante, la superestructura capitalista del conjunto de la edificación? Como hay reciprocidad de perspectivas, si el centro depende de los suministros de la periferia, ésta depende a su vez de las necesidades del centro que le dicta su ley. Fue, pese a todo, la Europa occidental la que transfirió y volvió a inventar la esclavitud a la antigua dentro del marco del Nuevo Mundo y la que, debido a exigencias de su economía, “indujo” a la segunda servidumbre en la Europa del este. De ahí el peso de la afirmación de Immanuel Wallerstein: el capitalismo es una creación de la desigualdad del mundo. [2]

Pero un tropiezo en una de estas zonas marginales, ocurrido en 1997, algo que representaba “sólo unas chispas en el medio del camino hacia la prosperidad económica”, según William Clinton, inició una cadena de acontecimientos cuyo signo externo más visible fue el crecimiento sin parangón de los desequilibrios globales, y que algunos denominaron "guerra de divisas" o Bretton Woods II


En 2008 la posición externa de EEUU crece hasta el -23% del PIB, el déficit comercial vuelve alcanzar los 830 mil millones, como en 2006. Economistas de prestigio, incluyendo al prolífico Krugman, se preguntan si habrá un desplome del dólar. Sin embargo, lejos de desplomarse había emprendido un camino de rápido declive progresivo desde finales de 2005. Hasta mediados de 2008 pierde un 25% de su valor respecto al euro, lo que beneficiaba claramente a la banca de inversión, pero en julio de ese año China restablece un tipo de cambio fijo con el dólar y hace que reflote, lo que contribuye a la quiebra de Lehman Brothers, a pesar de lo cual continua fortaleciéndose hasta noviembre de 2008.


Significativa la brusca revalorización que sufre el dólar a partir de julio de 2008

La decisión de China coincide además con la caída del precio de las commodities, tras más que doblar su precio en un breve periodo, lo que parece indicarnos un segundo canal de conexión entre la situación económica y las materias primas, además del puramente financiero y especulativo. No debemos olvidar que el dinero es un medio de intercambio: vendemos petróleo, cobre o alimentos y compramos coches, equipos de depuración de agua y otras máquinas. Pero vendemos materias primas en dólares y compramos maquinas en euros, yenes o yuanes. Si vendemos las materias primas al mismo precio en dólares mientras esas tres monedas se revalorizan frente a él, obviamente la relación de intercambio nos perjudica, es decir, obtenemos menos maquinas por la misma producción de materias primas. Para mantener la misma relación de intercambio las materias primas deben subir. En definitiva, la crisis financiera provocada por la burbuja inmobiliaria se retroalimentó por el fortalecimiento del dólar, que depreció los rendimientos de la banca de inversión en el exterior, incluyendo la especulación en materias primas.

La tabla resumen del estado de los países que hemos examinado en otros post quedaría así:


Déficit cuenta corriente 2011
Posición Inversión Internac. 2010
Alemania
+5,79
+38,4
Francia
-2,21
-10
Italia
-3,23
-23,9
España
-3,57
-89,5
Grecia
-9,97
-92,5
Portugal
-6,49
-107,5
Irlanda
+0,00
-90,9
UEM
-0,00
-13,4
Reino Unido
-2,02
-23,8
EEUU
-3,14
-17

La posición de EEUU no es alarmante, el único signo de un desequilibrio sería la persistencia de su déficit exterior. Si observamos la evolución del mismo en algunos países selectos

Déficit por cuenta corriente en % del PIB

vemos el rápido ajuste que se está produciendo como consecuencia de la crisis, tanto en la periferia europea como en el Reino Unido. En el caso de este último, diversos avatares en la partida de rentas, por diferenciales entre el Reino Unido y el exterior (los tipos de interés reales internos están subiendo, a pesar de todos los bonos que se está tragando el Bank of England), enmascaran el proceso, pero el déficit comercial se reduce un 53% desde 2007.

Sin embargo, fijándonos en el déficit comercial de EEUU, vemos que apenas ha variado, es más, a pesar de ser un país netamente deudor la partida de rentas es positiva y tiende a incrementarse.




Esto se debe a que realiza inversiones directas y se endeuda en bonos y otros pasivos más vinculados al tipo de interés monetario. Exactamente lo mismo que hace el Reino Unido, pero el Bank of England no está siendo capaz de mantener los tipos de interés interiores bajos y la Reserva Federal si, a pesar de que proporcionalmente el BoE se ha tragado más bonos.

En una economía hay distintos tipos de interés -en realidad infinitos- que suelen representarse por indicadores: la prima de riesgo, el tipo de interés para préstamo hipotecario, tipo de interés para préstamo empresarial a clientes premium, etc. Todos ellos están relacionados y dependen de la oferta y demanda de dinero, o tipo de interés wickselliano. El BoE está creando más liquidez pero insuficiente para compensar la oferta de capital del exterior, que en España es casi nula y que EEUU mantiene todavía, sorprendentemente. Y digo sorprendentemente por la exuberante cantidad de capital que se ha llevado a pérdidas en esta era de la II globalización.

Sin duda EEUU sigue siendo el único país capaz de apalancar un déficit público sobre la deuda externa, y eso a pesar de las pérdidas históricas de capital acumuladas. En esto tiene importancia no solo la FeD, sino el poder político y militar que continúa manteniendo. Sin embargo, el mundo giró en 1997 y todavía más en 2008, y debería preocuparles su persistente demanda de capital, dentro de un contexto internacional cada vez más enrarecido.

Sería deseable que existiese capital disponible para los países más pobres, con gran demanda del mismo, y donde se podrían obtener beneficios en lugar de pérdidas. Pero mucho tendrá que cambiar el mundo para que eso sea posible ¿Ocurrirá? ¿A dónde nos lleva todo este proceso?

Las políticas económicas (monetarias, cambiarias y fiscales), no son neutras, impactan no solo en el interior, también en el exterior. Sería deseable no solo un sistema más equilibrado, también más justo, pero para ello harían falta acuerdos que se intuyen difíciles, dentro de ese circo que se hace llamar G20. Y eso es porque el sistema adoptado en los años 70 y 80, el sistema que se cargó el bienestar de mucha gente y ensalzó el de unos pocos, bajo su disfraz ideológico y pseudocientífico, escondía un interés concreto. No estamos asistiendo a nada nuevo, según el gran historiador Fernand Braudel toda economía-mundo tiene un centro, pero a lo largo de la historia hemos asistido a distintos momentos de descentramiento. También capitalismo y estado son cosas distintas, si bien normalmente se apoyan, a veces también se oponen.

Fuentes:

Los datos sobre la balanza de pagos de EEUU y su Posición Inversora Internacional los tenéis en La oficina de análisis económico

[1] En deuda. Una historia alternativa de la economía <<David Graeber>>

[2] La dinámica del capitalismo <<Fernand Braudel>>