lunes, 27 de julio de 2015

La recuperación de Mariano y la España Ponzi



Es aburrido repetir siempre lo mismo una y otra vez pero tenemos la mala costumbre dejarnos llevar por las fantasías con demasiada facilidad. Ya sabéis, cosas como “esta vez es distinto”, “los pisos no pueden bajar de precio”, “hay petróleo para 200 años”, etc. Nuestra particular burbuja intelectual patria, en la que han caído tan solo algunos forofos del partido en el gobierno, todo hay que decirlo, es la de la recuperación firme de la economía española, “el milagro de Mariano”. Es cierto que hay más escépticos que creyentes, pero por aquí y por acullá cada vez le asaltan a uno más broteverdistas que insisten con la fe del carbonero que ahora sí, nuestro despegue por fin está basado en fundamentos sólidos. Pero viendo la economía española cabría preguntarse, ¿que ha cambiado?, dejando a un lado que el sector de la construcción ahora es mucho más pequeño, no se aprecia cambio alguno en la estructura económica, ni siquiera tendencia hacia el cambio. En consecuencia, algunos se agarran a la “austeridad”, la ferrea determinación con la que hemos puesto orden en las cuentas públicas y cercenado el derroche que era característico de anteriores gobiernos. Esta fantasía, que ya indicamos en otra ocasión que carece consistencia teórica y empírica, queda desmentida con echar un vistazo al ritmo de acumulación de la deuda pública. Por lo tanto sólo nos quedan los datos, se crece, y eso es signo de que las cosas van bien, pero también se creció a buen ritmo entre los años 1999 y 2008, y sin embargo el resultado fue el desastre ¿Qué podemos esperar de este nuevo ciclo de crecimiento? Sólo que cese de forma tan brusca y dolorosa como el anterior.


Una “recuperación” modesta en el empleo

Pero veamos los datos. Desde el primer trimestre de 2014 aumentan los ciudadanos que trabajan, habiéndose recuperado casi un millón de ocupados en cinco trimestres.


El número de parados disminuye desde algo antes, y con mayor velocidad.


Ello se debe a que la población activa disminuye desde el tercer trimestre de 2012.


Sabemos que la demografía española está muy mal, pero nos tocaba comenzar a perder población activa en torno a 2019, así que este dato tenemos que explicarlo por el exilio económico de inmigrantes y gente joven. Por último, si echamos un vistazo a la recaudación por cotizaciones sociales de la Seguridad Social.


Lo que observamos es que se recupera desde diciembre de 2013, pero de forma tan débil que llama la atención. La explicación que nos dan los expertos es que el empleo creado es de escasa calidad, con menores salarios y jornadas de trabajo más reducidas que el empleo que se ha perdido. Parece que el comentario del catedrático Carles Manera, “España no está creando empleo sino repartiendo las horas de trabajo”, es una buena parte de la verdad.


La España “ponzi”, pedir deuda para pagar los intereses.

Veamos ahora el coste de la “recuperación” en términos financieros. Los datos empíricos muestran que los países suelen tener especial intolerancia hacia la deuda externa, suele ser habitual que la deuda externa deje de renovarse, en lo que se conoce como “sudden stop”, un fenómeno que ya padecimos en nuestras carnes. Si observamos la evolución de la deuda externa española respecto al resto del mundo, vemos que tras comenzar a moderarse en el segundo trimestre de 2012, vuelve a subir con fuerza a partir del último trimestre de 2013 (coincidiendo con la recuperación en el empleo), y de forma muy significativa en el primer trimestre de 2015, que son los últimos datos que tengo.


Si en lugar de mirar el valor absoluto miramos la relación con el PIB el panorama no cambia, y el máximo también lo tenemos en el primer trimestre de 2015 (el último del que tengo datos), especialmente dada la baja inflación, que hace que el valor de las deudas permanezca constante o se incremente.


Si ahora en vez de mirar el valor bruto miramos el valor neto, haciendo un balance en el que las propiedades y deudas de los residentes en el extranjero sumen y las de los no residentes en España resten, el resultado tampoco es esperanzador, dado que vemos que el balance continúa haciendose cada vez más negativo a pesar de la “recuperación”.


En la posición de inversión internacional hemos considerado todos los activos, no sólo las deudas, también por ejemplo las acciones. Cada activo genera una renta, así que podemos felicitarnos de los bajos tipos de interés porque una renta por activos cercanos al 100% del PIB es sin duda una cantidad que no es sencilla de asumir sin graves percances en la economía nacional.

También puede ser interesante considerar los pasivos totales respecto al exterior, ya que como he indicado lo que denominamos deuda no incluye todas nuestras obligaciones que generan rentas ¿Cambia esto en algo la foto? Pues realmente no, y es un hecho negativo, ya que implica que muchas rentas saldrán fuera de España.


Si ahora cambiamos el punto de vista, y ya no nos centramos en nuestra relación con el resto del mundo, sino que nos fijamos en la deuda total excluyendo las entidades financieras, la foto que obtenemos nos ayuda extraordinariamente a entender lo que está pasando. Los datos son brutos, si una familia tiene una deuda con el banco pero a su vez una empresa debe una cierta cantidad a esa familia ambas cantidades se suman, lo que implica que en cuanto al sector público estamos considerando los pasivos no consolidados (la cifra más realista serían los pasivos consolidados, que son 150.000 millones menos).

El secreto de la “recuperación” española está en el gasto público, que está permitiendo al sector privado reducir su deuda, algo previsible, dado que como hemos visto en las anteriores gráficas la contribución del sector exterior es negativa. Tener la deuda pública apalancada sobre la deuda externa es un suicidio, especialmente sin la posibilidad de devaluar, dado que al menor cambio en el sentimiento de los mercados internacionales, con su volatilidad característica, se puede producir un “sudden stop”, la repatriación de todos esos capitales, que provocaría una crisis de liquidez y haría que la economía española se derrumbase como un castillo de naipes.

Por último, resta por ver la balanza de pagos, que continúa ligeramente en positivo. La forma que tiene la curva es la que podría esperarse de lo que hemos visto anteriormente. La curva cambia su tendencia ascendente en enero de 2014, coincidiendo con la recuperación en el empleo, que viene dada por la dinamización de la demanda interna. Ese incremento de la demanda interna hace que cambie la tendencia de la curva, que posteriormente vuelve a recuperar una tendencia ascendente en octubre 2014, coincidiendo con el fuerte descenso en los precios del petróleo que se venía produciendo por esa época.


Conviene recordar que según el documento Un programa equitativo de inversión en energías limpias para España, las importaciones de energía, en gran medida petróleo, le costaron a España el 3,6% de su PIB en el año 2014. No cabe duda que la fuerte reducción del precio del petróleo le ha proporcionado un balón de oxígeno a la maltrecha economía española, que ha podido continuar aumentando su demanda interna mientras mejora, aunque sea modestamente, su balanza comercial.

Los bajos precios del petróleo están aquí para quedarse, al menos durante dos años, pero volverán a subir, dado que todo apunta a que ha llegado el fin del petróleo barato (sin tener en cuenta que incluso ahora se encuentra 2,5 veces más caro que en 1999, cuando empezamos a tomarnos en serio nuestras burbuja inmobiliaria). La conclusión es clara, un breve cambio en el sentimiento de los mercados, por ejemplo ante la crisis financiera internacional que parece estar cocinándose, o ante la subida de tipos en EEUU, hará que la economía se vaya a pique más pronto que tarde. Un cambio de ciclo en los precios del petróleo podría agravar la situación. Ténganlo en cuenta a la hora de tomar sus decisiones personales.

martes, 12 de mayo de 2015

El trilema de Nácher y el fin del euro


La situación de Europa y los conflictos que se están desarrollando en su seno, y sobre todo, los estados estables a los que podemos aspirar, de forma realista, en el seno de Europa, se pueden representar mediante un trilema. En un trilema, nos encontramos tres proposiciones aparentemente favorables, pero sólo dos de ellas son posibles al mismo tiempo. En el caso de Europa, las proposiciones son, mantener una moneda única, mantener la democracia y mantener las finanzas, públicas y privadas, separadas e independientes (sin mutualizar parcialmente) entre los países miembros de la moneda única.

No estamos diciendo nada nuevo, estamos representando de forma sintética algo sobre lo que se han escrito ya ríos de tinta. El trilema, que podríamos llamar trilema de Nácher (puede parecer pretencioso, pero aunque no sea algo nuevo, en nuestra sociedad el primero que llega se queda con el nombre, y bueno ¿qué queréis? mi objetivo es tener la máxima repercusión posible), podría expresarse así:

Europa no puede tener al mismo tiempo una moneda única y sistemas políticos democráticos, siendo al mismo tiempo las finanzas de cada país relativamente independientes del resto, es decir, que reflejen sobre todo su situación económica y las expectativas creadas por sus políticas.

Esto quiere decir que en Europa nos moveremos inexorablemente entre tres estados estables:

Moneda única, y no mutualización, ni siquiera parcial, de deudas públicas y privadas, lo que implica que no puede mantenerse la democracia. Aquí no hablamos de una democracia formal, con votaciones entre una agenda de opciones predeterminada, o democracia del consumidor, sino de una democracia con algo de soberanía, capaz de tomar, aunque sea parcialmente, sus propias decisiones. Es uno de los polos hacia los que oscila el caso griego. Sí, se les ha prestado dinero, para salvar a los acreedores, y se les ha hecho alguna quita, pero se suspendió el referéndum Papandreu, y se le quitó de en medio, y ahora se dice que el programa de Syriza es utópico o populista. En definitiva, para mantener el euro y la independencia entre las deudas públicas y privadas de los distintos países, se restringe al máximo la soberanía y la democracia griega.

Independencia entre las deudas de los países y democracia, lo que implica la ruptura del euro.

Moneda única y democracia, lo que implica mutualización parcial de las deudas.

Frente a los escépticos, vamos a contrastar estos dos últimos casos con la situación actual. Nuevamente volveré a hablar del sistema de pagos TARGET 2, ya que puede ser la clave de la ruptura del euro, y aunque no me gusta repetirme, es necesario volver a explicar cómo funciona, tal y como hicimos en Europa ¿Estupidez o maldad?

Curiosamente, y tal y como explica este documento del BIS, dentro de la Unión Monetaria, cuando un banco recibe un préstamo en el interbancario, ello no genera ningún saldo en el sistema de pago, conocido como Target 2. Pero no ocurre igual cuando obtiene liquidez a través del BCE. Así, si un banco ve reducidas sus reservas por una transferencia a un banco extranjero (la compra de un BMW en Alemania, por ejemplo), y decide acudir al BCE para aumentar sus reservas, ello implica que se genera un saldo en el Banco de España (NCB 1), que aparece como deudor del BCE, mientras el Bundesbank (NCB 2) aparece como acreedor del BCE.



Esto es muy importante, dado que por un lado, TARGET 2 será un indicador de la capacidad de una economía para financiarse: cuando no es posible financiarse en los mercados, y hay que recurrir al BCE, los saldos en TARGET 2 aumentarán. Pero por otro lado, el propio sistema de pagos fomentará los movimientos de capital, dado que el incremento del saldo se interpretará como una debilidad, un aumento de la deuda, y eso propiciará que más capitales salgan del país, y que por tanto haya que recurrir todavía más al BCE. Se trata de un mecanismo con retroalimentación positiva, y por tanto se puede descontrolar en un plazo de tiempo muy corto.

En esta página podemos consultar los saldos del sistema TARGET 2



Los deudores principales son España e Italia, y los acreedores principales Alemania y Luxemburgo (que no está en la gráfica), pero llama la atención como las tendencias han variado desde julio de 2014 y especialmente desde noviembre 2014. Tras superar la crisis del euro, y restaurarse la confianza (por la intervención decidida del BCE, diciendo que “hará lo que sea necesario para salvar el euro”) los saldos bajan, dado que se restaura la financiación a través del mercado interbancario, lo que se une en el caso español a la mejora de la balanza de pagos, y por tanto la reducción de la necesidad de financiación exterior. Sin embargo esa tendencia se va rompiendo desde mediados del año pasado, y especialmente en los últimos meses. Los saldos de Italia y España, que venían bajando desde agosto de 2012, se han estabilizado, y el de Grecia está subiendo de forma brusca, señal de que el país heleno depende del BCE para que su sistema financiero sea capaz de honrar sus pasivos. Sin la liquidez del BCE, los bancos griegos no podrían satisfacer a los depositantes. Parte de los depósitos se perderían, como ya pasó en Chipre.

Es interesante analizar por qué pasa esto, dado que nos da la clave para entender hasta qué punto el fenómeno puede extenderse más allá de Grecia. Los griegos están llevándose sus depósitos fuera de Grecia, y se están dejando de renovar préstamos de bancos europeos a bancos griegos, disminuyendo la exposición en la bolsa griega, etc. Es importante destacar, que en caso de salida de Grecia del euro, los depósitos perderían valor por la devaluación, y las deudas en euros no se podrían honrar, habría que realizarles una quita. Este riesgo es el que hace que la gente mueva su dinero. Ante un riesgo con consecuencias importantes, incluso aunque la posibilidad del evento sea baja, es racional reducir tu exposición. Lo que esto implica es que probabilidades muy pequeñas de salida de un país del euro, originan grandes movimientos de capital.

La cuestión de fondo es la política griega. En febrero, Varoufakis presentó una primera lista de reformas, que permitió la extensión del rescate durante cuatro meses. Sobre esa lista debe discutirse, hasta llegar a un acuerdo que permita llegar a un tercer rescate. En esa lista, se incluyen reformas como un plan de ingreso mínimo garantizado, restablecer el acceso universal a la sanidad, o retomar la negociación colectiva. Pero esas reformas no podrán aplicarse sin el consentimiento del BCE, que tiene en su mano estrangular la economía helena. Estamos pues en uno de los polos, en el que no hay democracia. La solución para Grecia es la salida, aunque no tiene legitimidad para tomar esa decisión, la mayoría de los griegos quiere permanecer en el euro.



Pero no mantener la austeridad. La respuesta cambia mucho si se les pregunta qué hacer en caso de que los acreedores no quieran llegar a un acuerdo, en ese caso la opinión pública está dividida casi al 50%. Pero quizás todo sea más caótico, si el BCE decide cortar la liquidez a los bancos griegos, y los depósitos ya no están asegurados ¿no estaría el gobierno griego, ante la situación de emergencia, y ante la pérdida de lo que se quiere proteger manteniendo al país dentro del euro, legitimado para tomar la puerta de salida? Cada una de las posibilidades, que Grecia salga del euro, que los acreedores acepten las propuestas de Syriza o que esta ceda ante los acreedores, nos sitúa en una de las posibilidades del trilema. Pero lo interesante es que su validez no acaba con Grecia, y esta es una lección muy importante para los españoles, en la medida en que queramos mantener nuestra democracia.

Pongamos por caso que se produce la salida de Grecia, los españoles con los que he hablado se muestran confiados en que dicha circunstancia no afectará demasiado a nuestro país, no así Paul Krugman, que piensa que puede ser el fin del euro. Nos han dicho que el BCE tiene listas medidas de contingencia, un cortafuegos, pero ¿qué se esconde detrás de esa terminología simplona?

Si Grecia sale del euro, los inversores, y los propios depositantes de los sistemas bancarios español e italiano, empezarán a pensar que hay una posibilidad, aunque sea minúscula, de que ocurra lo mismo en España e Italia. Como hemos explicado antes, por el propio mecanismo de funcionamiento de los mercados financieros (habría diferencias en un sistema de dinero soberano), un riesgo pequeño puede dar lugar a ingentes movimientos de capital. En esas circunstancias, los bancos centrales tomarían medidas extraordinarias de liquidez, necesarias para que el sistema no se venga abajo, pero inefectivas frente a las fugas de capital. Sólo hay que recordar lo que pasó en 2012 con LTRO, los préstamos de larga duración a bajo tipo de interés que realizó el BCE a la banca europea, por un importe cercano a un billón de euros. No resolvió el problema.

Para poner remedio a una fuga de capital, el BCE tiene que ir contra el mercado, hacer de alguna forma lo opuesto a lo que hace el mercado. Aquí nuevamente voy a repetirme, es la suerte de llevar cuatro años con el blog. Hace poco menos de tres años explicábamos con una analogía cómo funcionaría OMT, el programa con el que el BCE pretendía salvar al euro (y hay que reconocer que lo consiguió, al menos de momento).

La idea clave, con la que habría que quedarse, es que vuelve a redistribuir la liquidez en la eurozona, llevando la contraria al mercado y mitigando en gran parte los efectos de la fuga de capitales que hemos sufrido.
 La forma más sencilla de verlo es como un intercambio de cromos. Tenemos dos coleccionistas de cromos: el sistema financiero y el banco central. Los cromos en la jerga financiera se llaman activos y hay de muchos tipos – títulos de deuda soberana, títulos de hipotecas, etc – pero para simplificar diremos que hay dos tipos de cromos, cromos Club Med (España e Italia) y cromos Núcleo. Tanto el banco central como el sistema financiero tienen cromos de los dos tipos.


El banco central entrará al mercado a comprar cromos Club Med y dará liquidez a cambio. Ahora tiene que esterilizar esa liquidez y hay varias formas de hacerlo – por ejemplo subastando depósitos con interés para que bancos que tengan liquidez dejen allí el dinero – pero supondremos que lo hace amortizando o vendiendo activos de su balance – el efecto es el mismo que ofreciendo depósitos – y obviamente para hacerlo tiene que desprenderse de cromos Núcleo.
 También tiene que haber alguien que quiera los cromos Núcleo, pero con esto no hay problema, son cromos muy apreciados ¿Quién los comprará? Pueden hacerlo todos, pero lo lógico es que lo hagan los que tienen liquidez. El resultado final es que los bancos de España e Italia tienen menos cromos y más liquidez, mientras que los bancos del Núcleo tienen menos liquidez y más cromos. La liquidez total permanece constante.




Al hacer ese cambio de balance, manteniendo una proporción mayor de bonos españoles e italianos, el banco central está mutualizando parcialmente los riesgos soberanos, nuevamente una de las opciones del trilema. Pero no es la única opción, y aquí tenemos que volver nuevamente a Target 2. Cuando Grecia salga del euro, su saldo quedará impagado, y ello hará que aumente la percepción del riesgo de los alemanes hacia España e Italia. El saldo de España e Italia comenzará a subir, y la posición de Alemania será cada vez más acreedora. Alemania tendrá que asumir cada vez más riesgos, y en esas condiciones, una de sus opciones, aunque improbable, es salir del euro, de forma más o menos ordenada. Si quieren evitar, al mismo tiempo, su salida del euro y la mutualización de los riesgos de las deudas de los países de la periferia, España e Italia tendrían que adoptar unas políticas muy específicas, que prioricen el pago de la deuda, lo cual es incompatible con una democracia con una mínima capacidad de decisión. En ese caso, la presión para salir del euro sería para la ciudadanía del resto de países de la periferia.

martes, 28 de abril de 2015

¿Es la economía una ciencia? El lamentable ejemplo de Politikon y el modelo piramidal de los recursos.


En ocasiones hemos señalado la extraordinaria simpleza de las conclusiones de algunos economistas, como los que establecen que Roma colapsó a causa del socialismo. También hemos señalado lo falso de alguno de sus cimientos conceptuales, como la conocida fábula sobre el origen del dinero a partir del trueque, que con tanto fervor defendió aquí Juan Ramón Rallo, y que se encuentra en la base de falacias como “la propensión natural del hombre al intercambio” de Adam Smith, o en la consideración del dinero como una mercancía, uno de los virus más perniciosos que pueden infectar la mente humana.

Por fortuna no estamos solos en esta crítica, la tolerancia social hacia los economistas es cada vez menor, y en la actualidad se pueden leer artículos como La fraudulenta superioridad de los economistas en medios del mainstream como el diario El País. Pero los austriacos, a los que hacíamos en el pasado blanco de nuestras críticas, son la parte “folclórica” de esta historia. Su relevancia es más política que académica, desplazando hacia el extremo el centro de gravedad del sentido común de la sociedad. Troleándolos nos podemos echar unas risas, pero no cambiaremos el mundo, así que ya es hora de dar un paso más en la dirección correcta y comenzar a denunciar las mismas prácticas de los austriacos en los neoclásicos, precisamente la escuela o paradigma dominante. Dominante a través de métodos que no es ni mucho menos exagerado definir como contrarios al debate científico, pero ese es otro problema que trataremos más adelante.

Para los neoclásicos, el pensamiento y los modelos más avanzados sobre explotación de recursos naturales son, como no podía ser de otra manera, los suyos. Recientemente tuvimos una ocasión única de comprobar los fundamentos de estos modelos, gracias a la contestación al manifiesto Última Llamada realizada desde la web Politikon. La contestación se basa en dos argumentos habituales de la economía neoclásica, el modelo funcional o piramidal de los recursos y la sustitución entre capital natural y el hecho por el hombre, merced al progreso tecnológico y a las señales que emiten los precios. Nos ocuparemos aquí del primero de los argumentos, y espero hablar del segundo en un futuro, ya que ambos son muy discutibles.

¿Qué es lo que plantea el modelo funcional de los recursos? De forma simplificada, que la explotación de los recursos se realiza siguiendo un orden, extrayéndose primero los de mejor calidad, y que además la abundancia relativa también sigue un orden, siendo los recursos de mejor calidad escasos, y los de peor calidad muy abundantes. Este efecto crea una paradoja, según estos “expertos” de la economía: cuantos más recursos gastamos, más tenemos, aunque puede ser a costa de un mayor precio. En palabras de Juan de Ortega (pseudónimo usado por la gente de Politikon cuando no quieren firmar con su nombre).

Es cierto que las vetas más rarificadas necesiten una cantidad “exponencial de energía” para su extracción (Philips and Edwards, “Metal Prices as a Function of Ore Grade”, Resources Policy, 1976) pero las cantidades alcanzables en cada nivel de rarificación también crecen exponencialmente. La consecuencia económica es que para una tecnología constante, cada punto de incremento porcentual del precio de un mineral tiene un impacto multiplicativo sobre la cantidad obtenible a ese precio. No es el milagro de los panes y los peces: aquí al final la cantidad hay que pagarla.

jueves, 19 de marzo de 2015

Economía y necesidades humanas: El caso de la cuidadora de Illescas que llevó a la ruina a su empleadora


En economía, las teorías neoclásica, austriaca y keynesiana, parten de lo que se denomina teoría de la utilidad marginal. Cuando digo “parten”, me refiero a que esta teoría constituye su auténtico punto de partida, su base, los cimientos de todo el edificio intelectual, dado que con esta teoría explican la formación de los precios, y ¿hay algo más importante que los precios? Según la última versión neoliberal, debida a Hayek, pero asumida de forma general, el mercado sería el procesador de información más potente y preciso que existe. El culto al dios “Mano, el invisible” le atribuye la omnisciencia como característica más destacada, a pesar de las numerosas evidencias en contra de esta afirmación.

Frente a la teoría de la utilidad marginal surge como su “némesis”, la teoría del valor trabajo marxista. En realidad, cuando uno llega a estas cuestiones con cierta edad y bagaje cultural, enseguida percibe que es difícil entender una teoría sin la otra. Una defiende que el valor lo da el trabajo (y que por tanto el trabajador es explotado) y la otra que el valor es totalmente subjetivo, depende de la “utilidad” que las personas atribuyen individualmente a un bien, sin relación alguna con el trabajo empleado en producirlo. No hay que ser muy inteligente para comprender desde el primer momento que ambas teorías son falsas, el valor lo crea, sobre todo, aunque no de forma exclusiva, la energía (parte de esa energía puede ser trabajo humano) y el descubrimiento (el ingenio humano), tal y como ya explicó Frederick Soddy hace años. Sin embargo, su sentido común fue ignorado por los ortodoxos de todos los partidos, más interesados en usar las ideas como arma política que en adaptar sus teorías a los hechos.

Pero dejemos esto a un lado, dado que podría llevarnos a una discusión “escolástica” sobre el sexo de los ángeles. Los defensores de la teoría de la utilidad marginal se encuentran muy a gusto en ese terreno, lejos de los hechos que podrían enturbiar sus bonitas teorías.


Por el contrario, intentaremos bajar a la tierra y explicar un caso particular desde el punto de vista de la teoría de la utilidad marginal y desde otros puntos de vista heterodoxos, algunos relativamente nuevos, otros olvidados ya hace tiempo, pero que tienen en común hacer hincapié en la vertiente social del valor, aspecto que complementa enormemente el punto de vista de Frederick Soddy.

miércoles, 18 de febrero de 2015

De políticas y relatos, o por qué la crisis no ha cambiado nada


Dice Nassim Nicholas Taleb que nos aferramos a nuestros modelos mentales de la realidad con fiereza, aunque no hayan sido comprobados del todo. Un simple suceso contrario hace que todo el modelo se venga abajo, como en la falacia del pavo. Denomina a estos modelos “narrativas”. Por otro lado, ya explicamos que Cornelius Castoriadis afirma que todas las sociedades humanas crean sus instituciones, pero que la mayoría de las veces deciden ocultar esta creación y atribuirla a los dioses, la naturaleza o cualquier otra fuerza. Por último, según George Lakoff el lenguaje está lleno de metáforas conceptuales, metáforas sin las que sería imposible pensar, y dichas metáforas están muy a menudo teñidas de contenido moral o valorativo, contenido que es capaz de envolvernos, creando un marco gracias al cual se puede convencer a un individuo, o una nación, de las más peregrinas ideas.

¿Qué relación hay entre estos tres autores y sus ideas? Más bien poca, debo reconocer. Si empiezo así este artículo es para destacar la suprema importancia que continúa teniendo lo simbólico para el cerebro humano. Sí, descubrimos la luz de la razón, pero sólo para dejar constancia que en realidad era una parte del espectro lumínico, y el mito y la creencia son otra parte de él. Separar el grano de la paja no es tarea fácil, y mientras lo hacemos no podemos retrasar la acción. Necesitamos un punto de anclaje, y este bien podría ser una simple creencia racionalizada. Nosotros postulamos que la economía neoclásica es poco más que eso, pero ese no es el tema de hoy. El tema de hoy son las racionalizaciones o los relatos que hemos construido en torno a la crisis económica, y como unos han ido desplazando a otros, hasta llegar, sorprendentemente al punto de partida. Estamos en el punto de partida, y la ideología neoliberal ha emergido de la crisis sin apenas un rasguño (o quizás no, quizás presenta daños de momento ocultos a nuestros ojos). Según Philip Mirowski, esta es la crisis que casi nadie previó, y que sin embargo ha reafirmado a todos los economistas, de todas las distintas escuelas y corrientes en sus convicciones. La crisis ha demostrado que todas las distintas teorías económicas son ciertas al mismo tiempo.

En todas partes, desde los hayekianos más fanáticos de la derecha hasta el polémico Joseph Stiglitz de la “izquierda legítima”, casi todos los economistas con un perfil público modesto declaran actualmente que la crisis demostró claramente que su propia teoría económica favorita estaba en lo cierto después de todo, y, por consiguiente, no hay ninguna necesidad de reclamar una revisión exhaustiva de la economía.

martes, 27 de enero de 2015

Europa ¿Estupidez o maldad?

Lutz Bachmann, ex-lider de Pegida difundió esta foto por Facebook antes de ser conocido

Un día después de que el líder del movimiento Pegida, que moviliza a decenas de miles de personas en cada una de las ciudades donde protestan contra la islamización de Alemania, dimitiese como consecuencia de la difusión de una fotografía en la que imita la imagen de Adolf Hitler, el Banco Central Europeo decidía hacer algo parecido a lo que prometió hace más de dos años cuando Mario Draghi afirmó aquello de “hare lo que sea para preservar el euro, y créame, será suficiente”.

Desde los medios de comunicación de masas han martilleado a la opinión pública con las inmensos parabienes que van a llover sobre nosotros. Primero, un euro más barato permitirá exportar más. Segundo, el efecto riqueza creado en los tenedores de los activos animará la economía, especialmente si se produce un goteo hacia abajo de esa riqueza, esa marea que sube todos los barcos que hasta ahora nadie ha visto. Tercero, alivio de los costes financieros de los estados. Y cuarto, llegarán más reservas a los bancos y fluirá el crédito. Si los tres primeros beneficios son reales, aunque el segundo de ellos de dudosa utilidad para el conjunto de la población, es más, probablemente negativo para la mayoría de la ciudadanía, el cuarto no llegará a producirse, es tan sólo una fábula.

Tampoco nos han contado los traspiés que podemos encontrar a medio plazo, contribuir a hinchar nuevas burbujas, especialmente en el exterior, pero a mí me preocupan especialmente dos aspectos de esta medida, de uno de ellos no se habla, del otro se habla tratando de minimizarlo, empecemos por el primero.


El terrible peso de la deuda sobre nuestras cabezas

En primer lugar, una explicación teórica.

Es un principio básico de contabilidad que por cada activo financiero hay un pasivo equivalente. Un depósito al que se pueden girar pagos a través de una tarjeta, es un activo para una familia, y un pasivo para el banco. Un bono del tesoro o corporativo es un activo para su dueño y un pasivo para el emisor. Los hogares también tienen pasivos, como las deudas hipotecarias o los créditos al consumo.

Por consiguiente, si sumamos todos los pasivos y activos de una economía, estos deben ser iguales. Si ahora dividimos la economía en tres sectores, público, privado y resto del mundo, es evidente que el saldo neto de los tres debe ser igual a cero, es decir, el ahorro de un sector debe compensarse con la deuda de los otros dos, o viceversa.

Lo que acabamos de contar no son más que igualdades contables, no se trata de oscuras teorías económicas basadas en premisas irreales sobre el comportamiento humano. Cualquiera puede tomar los datos de, por ejemplo España, y comprobar que esta equivalencia se cumple.
 
Capacidad/necesidad de financiación de los sectores de la economía española.

martes, 25 de noviembre de 2014

Localismo monetario. Retorno a la raíz


A veces hay que volver en parte hacia atrás, y desandar lo andado, para volver a encontrar el camino correcto.

Tras seis años de crisis, y con Europa estancada y Japón en recesión, y algunos grandes emergentes como Brasil y Rusia también en situación de estancamiento, un gran número de ciudadanos, ya sea por estar en situación de desempleo, o por la pérdida de salario o bien por el temor a que uno mismo o nuestra empresa sea la siguiente, hemos descubierto con dolor nuestra situación de dependencia. Dependemos de los demás, unos para sobrevivir y otros para mantener su riqueza, dado el desigual reparto de la misma. Pero no es sólo de esta forma como se muestra nuestra dependencia, gracias a la división del trabajo y a la monetización de la mayoría de procesos económicos, la producción se ha independizado en cierta manera del consumo. Como consumidores nuestro papel se limita a elegir lo que alguien ha fabricado para nosotros, y como productores a ser una pieza en un engranaje dentro de una estructura piramidal diseñada para lograr la disciplina, y cuyos valores pueden no guardar relación alguna con los nuestros.

Este deprimente estado de cosas, que bien podríamos definir como alienante, ha convertido el ideal de vida autárquica, autosuficiente, en el sueño de los miles de personas que por ejemplo siguen con admiración las aventuras de Dick Strawbridge y su hijo, unos auténticos maestros del “hágaselo usted mismo”.

Pero quizás en el punto medio esté la virtud, no tanto individuos autosuficientes como comunidades con cierto grado de autosuficiencia en cuanto a sus necesidades básicas (alimentos, energía, materiales de construcción). Ello no sólo haría el sistema más robusto o resiliente, sino que permitiría a muchas personas reconciliarse, encontrar sentido, a su actividad productiva, y por tanto ser más felices.

Un propósito tan modesto, que podría parecer en un primer momento de puro sentido común, sin embargo choca frontalmente con nuestro sistema económico. En efecto, en nuestra sociedad se intenta por todos los medios que la actividad económica se guie por los precios y sólo por los precios. No se trata de que los mercados sean una herramienta para utilizar según las circunstancias, sino que se intenta que toda la sociedad se guie por un mecanismo autorregulador de mercado. En consecuencia, no podemos producir nada localmente si una vez contabilizado el transporte el producto sale un céntimo más barato en Tegucigalpa. Sin embargo el precio no te informa de la parte del stock de combustibles fósiles que se ha gastado en la producción y transporte de un producto, imposibilitando que esa parte sea usada en el futuro, quizás para aplicaciones más útiles. Tampoco te da información sobre sí para producir ese artículo ha sido necesario talar parte de una superficie forestal, cambiando los usos de la tierra, y por lo tanto contribuyendo a la pérdida de biodiversidad, que provoca a su vez la pérdida de servicios medioambientales que proporcionan los ecosistemas.