martes, 25 de noviembre de 2014

Localismo monetario. Retorno a la raíz


A veces hay que volver en parte hacia atrás, y desandar lo andado, para volver a encontrar el camino correcto.

Tras seis años de crisis, y con Europa estancada y Japón en recesión, y algunos grandes emergentes como Brasil y Rusia también en situación de estancamiento, un gran número de ciudadanos, ya sea por estar en situación de desempleo, o por la pérdida de salario o bien por el temor a que uno mismo o nuestra empresa sea la siguiente, hemos descubierto con dolor nuestra situación de dependencia. Dependemos de los demás, unos para sobrevivir y otros para mantener su riqueza, dado el desigual reparto de la misma. Pero no es sólo de esta forma como se muestra nuestra dependencia, gracias a la división del trabajo y a la monetización de la mayoría de procesos económicos, la producción se ha independizado en cierta manera del consumo. Como consumidores nuestro papel se limita a elegir lo que alguien ha fabricado para nosotros, y como productores a ser una pieza en un engranaje dentro de una estructura piramidal diseñada para lograr la disciplina, y cuyos valores pueden no guardar relación alguna con los nuestros.

Este deprimente estado de cosas, que bien podríamos definir como alienante, ha convertido el ideal de vida autárquica, autosuficiente, en el sueño de los miles de personas que por ejemplo siguen con admiración las aventuras de Dick Strawbridge y su hijo, unos auténticos maestros del “hágaselo usted mismo”.

Pero quizás en el punto medio esté la virtud, no tanto individuos autosuficientes como comunidades con cierto grado de autosuficiencia en cuanto a sus necesidades básicas (alimentos, energía, materiales de construcción). Ello no sólo haría el sistema más robusto o resiliente, sino que permitiría a muchas personas reconciliarse, encontrar sentido, a su actividad productiva, y por tanto ser más felices.

Un propósito tan modesto, que podría parecer en un primer momento de puro sentido común, sin embargo choca frontalmente con nuestro sistema económico. En efecto, en nuestra sociedad se intenta por todos los medios que la actividad económica se guie por los precios y sólo por los precios. No se trata de que los mercados sean una herramienta para utilizar según las circunstancias, sino que se intenta que toda la sociedad se guie por un mecanismo autorregulador de mercado. En consecuencia, no podemos producir nada localmente si una vez contabilizado el transporte el producto sale un céntimo más barato en Tegucigalpa. Sin embargo el precio no te informa de la parte del stock de combustibles fósiles que se ha gastado en la producción y transporte de un producto, imposibilitando que esa parte sea usada en el futuro, quizás para aplicaciones más útiles. Tampoco te da información sobre sí para producir ese artículo ha sido necesario talar parte de una superficie forestal, cambiando los usos de la tierra, y por lo tanto contribuyendo a la pérdida de biodiversidad, que provoca a su vez la pérdida de servicios medioambientales que proporcionan los ecosistemas.

No se trata de un problema menor, el mal se encuentra en el corazón mismo del sistema. Tal y como explicamos en nuestro Programa para una Gran Transformación:

El paradigma neoclásico afronta la gestión de los recursos desde el punto de vista del mercado como asignador eficiente. Sin embargo, es bien conocida la existencia de los fallos de mercado, por ejemplo, un monopolio natural debido a las altas barreras de entrada es un caso arquetípico de supresión de la competencia. Pero existen más fallos de mercado que afectan de forma crucial a la gestión de los recursos naturales. Se considera que existe un fallo de mercado cuando no existen instituciones que establezcan, definan e impongan derechos de propiedad o por sus características no haya la competencia que requiere el mercado. El mercado necesita derechos de propiedad bien definidos y que los bienes sean rivales, que el consumo o uso por parte de alguien excluya su consumo o uso por parte del resto, es lo que se define como rivalidad. Ninguno de los recursos naturales cumple con ambas condiciones, y además existe el factor temporal, que empeora la situación al considerar a las generaciones futuras. El ejemplo típico de la falta de definición de los derechos de propiedad es la “tragedia de los comunes” aunque los “commons” eran una propiedad colectiva perfectamente regulada, totalmente alejada de cualquier “tragedia”. En realidad, se refiere a los recursos con libre acceso, por ejemplo la pesca, donde no existen instituciones que puedan imponer unos derechos de propiedad definidos. La tragedia significa que las decisiones individuales basadas en el propio provecho no producen el bien común, sino todo lo contrario. 
Es importante destacar lo que ocurre cuando existe un conflicto entre los mercados y los bienes públicos, aquellos en los que no puede haber exclusión y no son rivales. Siguiendo un ejemplo de Daly y Farley (2004) consideremos la situación en la que aparceros brasileños son expulsados de las tierras donde trabajan en productos para el mercado local por el terrateniente, que piensa dedicar sus tierras a la explotación de un producto como la soja destinado al mercado internacional y que es altamente mecanizable. La mejor opción disponible es convertirse en colonos en la Amazonía, donde talarán un trozo de tierra, vendiendo la madera y, posteriormente, se dedicarán a su explotación agrícola. Ambas actividades son de mercado y pueden ser cuantificadas por su valor monetario y descontadas a su valor actual. Sin embargo, los servicios producidos por la selva amazónica a nivel, local, regional y global, son bienes públicos sin mercado, no tiene valoración.

Cuando tu sistema económico no asigna valor a lo que es más preciado para la vida del hombre, tienes un grave problema, y es por eso que he dicho que los sistemas de precios son insostenibles.

Habría una razón adicional para potenciar los recursos locales, y esta es de índole estrictamente económica. La teoría supone que cuando, por poner un ejemplo, un productor de ajos local se ve desplazado por la competencia china, este encontrará otra ocupación. La teoría que muestra los beneficios del comercio parte de esta premisa, que en la realidad evidentemente puede no cumplirse.

Es aquí donde entra el dinero. En este blog hemos discutido ampliamente sobre las patologías del dinero, desde el punto de la experiencia, que en este caso es el punto de vista histórico. También desde el punto de vista teórico, cuando hablábamos del pensamiento económico de Frederick Soddy. Y a partir del conocimiento de estas patologías hemos extraído soluciones, pero esa solución no tiene porqué ser única. Para explicar cómo nos puede ayudar el dinero a desarrollar la economía local debemos retomar la historia.


El milagro de Wörgl

El 31 de julio de 1932 el alcalde la localidad austriaca de Wörgl, seguidor del reformador monetario Silvio Gesell, emitió 1.000 chelines de una nueva moneda, llamada certificado laboral. Las teorías del Silvio Gesell establecían que la moneda tenía que perder de forma paulatina su valor, por ejemplo el 0,1% por semana o el 0,5% por mes. El resultado fue espectacular, tan sólo tres días después de la implementación el ayuntamiento recibió 5.100 chelines como pago de impuestos locales en mora porque la inyección de una nueva liquidez eficaz circuló milagrosamente dentro de la comunidad, posibilitando transacciones y varios pagos morosos. Se estima que la circulación por promedio durante los 13 meses de experimentación fue de 5.490 chelines diarios, generando transacciones que ascendían a 2.547.360 chelines, se redujo el paro un 25% y el ayuntamiento pudo pagar 102.197 chelines para obras públicas.

Se produjo una auténtica resurrección económica en una población muy deprimida por la Gran Depresión ¿Cómo explicarla? Aquí entra en juego mi interpretación de los hechos. En primer lugar hay que decir que no hay creación de dinero, cada certificado laboral estaba respaldado por un chelín austriaco, la moneda de la época. En consecuencia lo que tenemos es, por un lado, un estímulo del sector público a la economía, con el gasto del ayuntamiento, típica medida keynesiana, y por otro lado el efecto que provocó que la moneda fuera oxidable. Aunque no podemos saberlo con certeza, podemos especular que la oxidación de la moneda provocó dos efectos, aumentar la velocidad de circulación del dinero, y hacer que fuese aceptado sólo localmente, al contrario de lo que pretendía Silvio Gesell. Es sencillo entender que una moneda de este tipo no sería muy útil para los no residentes en Wörgl, dado que era allí donde era aceptada, y dado que perdía su valor con el tiempo, los residentes en otras ciudades tendrían que viajar hasta Wörgl para usarla. Esta incomodidad parece suficiente para lograr que circule sólo localmente.


Tapando las goteras de la economía local

Tapando las goteras: Obteniendo mayor ventaja de cada peso que entra en su economía local, es un manual de desarrollo realizado por New Economics Foundation (nef), que nos explica la importancia de evitar que el dinero salga de la comunidad.

El barrio de Canning Town ha experimentado cada iniciativa para la revitalización patrocinada por el estado desde los años 1960. Sin embargo, continúa siendo una de las áreas más extensas de deprivación urbana en Europa. Los esquemas del gobierno, tales como el Nuevo Trato para las Comunidades, están inyectando £50 millones a cada área receptora. Ésta es una cantidad enorme de dinero. Y en comunidades realmente pobres, los pagos de la seguridad social solamente, agregarán hasta veinte veces más que el Nuevo Trato. ¿Entonces por qué es que estas sumas colosales de dinero no están aliviando la pobreza? 
La respuesta se encuentra a dos niveles. Primero, cuánto del dinero realmente llega a la economía local: ¿cuánto de él se va a parar a las manos de consultores o de contratistas externos? En segundo lugar, ¿cuán duro trabaja ese dinero? Es decir, ¿cuántas veces se gasta localmente antes de que él finalmente, salga de la comunidad? 
El problema, es que, inyectar dinero en un área tiene un impacto mínimo en el largo plazo si la riqueza se va hacia fuera inmediatamente porque en el área no hay nada que la retenga.

Un cálculo sencillo, comparando dos patrones de gasto, uno consistente en gastar el 80% del dinero localmente y otro que sólo gasta el 20% nos sirve para ver el efecto del gasto local.

Supongamos que pudiésemos pintar de rojo una moneda de un peso y mirar a donde va. Cada vez que cambia de mano dentro de una comunidad, significa ingreso para una persona de allí. Mientras más veces cambie de manos, mejor para esa comunidad. En realidad, el dinero que es re-gastado dentro de un área es lo mismo que atraer dinero nuevo desde afuera. En cualquier caso, siempre es dinero nuevo en las manos de la persona que lo recibe. ¿Cómo medimos entonces el “efecto multiplicador local”? La tabla siguiente ilustra cómo trabaja este indicador - mostrando los patrones de gasto de Jessica y Ana:

80% de los recursos quedan localmente
20% de los recursos quedan localmente
Entra
Queda
Entra
Queda
100
80
100
20
80
64
20
4
64
51
4
1
51
41
1
41
33


33


TOTAL: 500

TOTAL: 125


El punto de partida en cada situación es que $ 100 entran a la economía local. Si el 80% de cada $1 gastada se queda en la economía local, la cantidad total del gasto que esas $ 100 genera es alrededor de $ 500-un multiplicador de 5 (500 dividido por 100). Si solo el 20% de cada $1 gastada se queda dentro de la economía local, el total del gasto es solo de $125. Esto da un multiplicador de solo 1,25 (125 dividido por 100). Como ejemplo práctico, recientemente comparamos el efecto multiplicador de comprar frutas y verduras en un supermercado o a través de un “esquema de caja orgánica” (es una caja de frutas y verduras con precio fijo que se entrega en casa de las personas suscritas una vez a la semana). El resultado mostró que cada $10 gastadas con la caja se generaba $25 para el área local, comparado con solo $ 14 cuando la misma cantidad de dinero era gastada en el supermercado.

Una razón adicional para desarrollar las fuerzas productivas a nivel local sería la protección de la industria incipiente:

En Suffolk, la activista Carolina Cranbrook investigó a los productores de alimentos de su aldea. Conversó con el productor local de cerdos, quien había comenzado vendiendo jamones y tocino de alta calidad a las tiendas de las aldeas vecinas. Después de un cierto número de años, su negocio creció hasta ser proveedor de 35 locales de venta, más otros, fuera de la región. El expresó que hubiera sido imposible comenzar y mantener un negocio exitoso si no hubieran existido tiendas locales en las aldeas. Es muy difícil para un negocio pequeño ser proveedor directo de productos o servicios a un negocio grande- los negocios grandes solo tratan con otros negocios grandes. Ellos contratan empresas de limpieza, no individuos que hacen limpieza. Ellos compran en grandes cantidades a una escala a la cual ningún negocio pequeño puede proveer. 
O sea, una economía compuesta sólo de los más grandes negocios no es muy útil si usted tiene un negocio pequeño intentando comenzar. Esa es una de las razones principales por la cual muchos pequeños negocios se hunden en sus primeros o en pocos años.

Estamos muy acostumbrados a oír que necesitamos atraer inversión, que tenemos que dar facilidades laborales y fiscales a las empresas, pero pocas veces contrastamos las ventajas que nos da esa estrategia. De hecho ya hemos comentado en este blog que la movilidad actual del capital convierte a los actuales capitalistas en algo parecido a los terratenientes ausentes de antaño, que en vez de cuidar la tierra se dedican tan sólo a extraer la plusvalía, la renta.

Como tanto en el Reino Unido como en el extranjero existe una gran competencia entre las autoridades locales para atraer inversiones, ellas tienen que ofrecer enormes incentivos que permitan equiparar las ventajas que da el situar la inversión en otra parte. Un estudio reciente hecho en Londres demostró que los incentivos colectivos sumaban hasta más que las ventajas traídas.

Sin pensar en ello como una panacea, queda suficientemente justificado el interés en desarrollar la economía local, tanto por sus ventajas medioambientales, como por sus ventajas políticas, al restar poder de negociación a los inversores, consiguiendo de esta forma mayor autonomía.

El enfoque de New Economics Foundation se basa en cambiar los patrones de gasto de residentes, empresas e instituciones públicas, y no en las monedas locales, pero tal y como hemos visto al describir el milagro de Wörgl, la moneda puede ser un poderoso instrumento para potenciar ese cambio. Analizaremos ahora algunos ejemplos de monedas locales, su impacto y sus limitaciones.


Chiemgauer, o moneda fidelización

Existen una gran variedad de monedas complementarias, pero de forma simplificada podemos dividirlas en dos tipologías, moneda respaldada por moneda de curso legal, que llamaré “moneda fidelización”, y monedas respaldadas sólo por la capacidad productiva de sus usuarios, en sistemas de compensación de crédito. Un ejemplo de las primeras sería Chiemgauer, una moneda que se usa en un área limitada dentro de la región de Baviera. La forma de funcionar de este tipo de monedas siempre es la misma, es similar a los planes de fidelización que ofrecen algunas empresas a sus clientes. Se trata de ofrecer alguna ventaja a los posibles usuarios de la moneda, para los comercios generalmente se trata de fidelizar la clientela.

En concreto esta moneda funciona de la siguiente forma: los consumidores eligen un proyecto social al darse de alta y cambian, por ejemplo, 100 euros en Chiemgauer, con lo que el 3% del efectivo se destina al proyecto social elegido. Luego los consumidores compran a comercios locales y pagan en Chiemgauer en par (1 Chiemgauer = 1 euro), y los comercios tienen dos opciones: a) ir a la oficina de Chiemgauer y reconvertirlos en euros, pagando el 5% de comisión o b) pagar a otros comercios locales para evitar esta comisión. Las ventajas para cada actor son las siguientes:

Consumidores: Donación del 3% de gastos en comercios locales al proyecto social que eligen. Proyectos sociales (principalmente asociaciones): Ingreso adicional que podrá gastar para sus propios proyectos.
Comercios locales: Atracción de los consumidores conscientes de la comunidad.

Hay muchas monedas funcionando con esquemas parecidos, por ejemplo SOL-Violette en Francia. De forma simplificada se trata de aportar una ventaja al consumidor, que en el caso de Chiemgauer es la aportación de una parte de su consumo a proyectos sociales, en otros casos se puede tratar de otro tipo de ventajas. Para los comercios la ventaja se encuentra en la fidelización del cliente, que de esta forma consume productos locales. Normalmente no tiene mucho sentido aceptar este tipo de monedas cuando debes adquirir tus suministros en euros, eso hace que suela interesar a comercios que distribuyen productos de la comunidad.

Las limitaciones de este esquema son evidentes, no hay creación monetaria genuina, y la moneda oficial condiciona todo el esquema, por lo que es imposible romper el monopolio de la banca comercial. Aun así, es una herramienta útil para todo aquel que quiera revitalizar su economía local, pero no es una alternativa al sistema monetario actual.


Sistemas de compensación de crédito

Una de las monedas complementarias más antiguas se conoce como LETS (Local Exchange Trade System). El funcionamiento de este sistema es tremendamente simple, cada uno de los miembros tiene un balance personal, y al solicitar un bien o servicio de alguno de los otros miembros se adquiere un saldo negativo (y de esta forma se crea el dinero), y al suministrar este bien o servicio se adquiere un saldo positivo. La suma de saldos dentro del sistema siempre tiene que sumar cero.

En este sistema sí existe creación genuina de dinero, pero se trata de un sistema basado en la confianza, y por tanto su alcance suele limitarse a grupos de confianza de tamaño bastante reducido. Una vez, sin embargo, el sistema alcanzó una gran envergadura, fue tras la crisis del corralito en Argentina, con los llamados Clubes de trueque, cuyo funcionamiento es similar a LETS, con la salvedad de que el dinero se creaba cuando un nuevo socio entraba al club, asignándole 50 créditos. Esta generosidad inicial permitió al sistema desarrollarse sin problemas de liquidez, llegando a alcanzar los dos millones y medio de usuarios en su momento de apogeo. Sin embargo, problemas con la falsificación y acumulación excesiva de saldo negativo (al apuntarse a varios clubes y así obtener mayor crédito) hicieron colapsar el sistema.


Conclusión: Límites y potencialidades de las monedas locales

Aunque hay distintos tipos de monedas complementarias, y algunas incluso son internacionales, creo que siempre que se haga uso del concepto de oxidación de Silvio Gesell el mayor potencial de desarrollo se encuentra a nivel local. Es difícil imaginar el uso de este tipo de dinero como capital, especialmente cuando debe competir con otras monedas, y cuando la existencia de un margen temporal entre los ingresos y los gastos supone un coste para el usuario. Pero gracias a Dios no necesitamos que resuelva todos los problemas, también disponemos del que yo llamé “dinero libre”, y mi compañero Jordi Llanos llama “dinero soberano”, dinero emitido públicamente libre de interés para usar dentro un marco geográfico más amplio.

De hecho la posibilidad de explotar localmente todo el potencial de esta herramienta ya supone un reto considerable. El esquema de moneda fidelización requiere mucho esfuerzo, un trabajo lento y continuo, y cuando da buenos frutos, como es el caso de Chiemgauer, sigue limitado por la necesidad de respaldar cada unidad con moneda de curso legal. Respecto a los sistemas de compensación de crédito, es necesaria confianza en que una vez creado el crédito los usuarios tienen interés en cancelarlo, y no se da la situación de usuarios que de forma permanente mantienen un gran saldo positivo, mientras otros están siempre en negativo.

Para que cualquiera de los esquemas de moneda local pueda tener éxito, es necesario que haya una gran cantidad de bienes y servicios disponibles a cambio de la moneda. Ello puede requerir un estudio a fondo de la economía local, viendo que bienes y servicios no se pueden adquirir en el área, y estudiando junto con los residentes formas para que puedan llegar a estar disponibles. Idealmente el ayuntamiento podría cobrar parte de los impuestos en moneda local, para ello puede ser conveniente que los empleados estén dispuestos a aceptar parte de su salario en el nuevo medio de intercambio, circunstancia bastante improbable, a mi juicio. Más sencillo puede ser encontrar proveedores locales que acepten la moneda, de forma que se pueda volver a inyectar a la economía local el dinero recaudado en los impuestos. Tener que pagar parte de tus impuestos en la nueva moneda crearía una demanda cautiva para la misma, dado que todo los contribuyentes tendrían que hacerse con algunas de ellas. Eso haría que fuese ampliamente aceptada dentro de la localidad, y con el tiempo podría permitir prescindir del respaldo en moneda de curso legal.

Respecto a los esquemas de compensación de crédito, la tendencia que veo se está intentando seguir para ampliar su aceptación es respaldarlos con bienes reales. Esto, que creo que es lo que propone Lietaer o Heloisa Primavera, por ejemplo, a mí me parece un error. Para que el respaldo sea efectivo, alguien debe depositar esos bienes en algún lugar, lo cual tiene un coste de almacenamiento. Además, hay que tener cuidado con la variación de precios de la garantía, que puede dar lugar a movimientos inflacionarios (cambio incontrolado de las monedas si la garantía baja de precio) o deflacionarios (acaparamiento de las monedas si la garantía sube de precio). El camino para estos sistemas de compensación de crédito, a mi juicio podría estar en ir estableciendo algún tipo de garantía contractual. Esto puede ser más sencillo para empresas o cooperativas de consumo, en definitiva instituciones que permitan que el coste de transacción se diluya gracias a factores de escala.

El camino se hace al andar, y la crisis institucional que vive nuestro sistema monetario está haciendo surgir multitud de alternativas, que además se ven favorecidas por los avances de la computación y las comunicaciones, que hacen disminuir los costes de transacción. Sin embargo, hay que ser prudente al definir las metas y objetivos de los proyectos, estas herramientas tienen su utilidad, la principal de ellas es a mi juicio permitir el desarrollo de la economía local, y permitir una economía menos impersonal, donde la relación económica quede subsumida en un modo de vida más abarcador, más sencillo, sano y más ético. Sería deseable que dicho movimiento se acompañase de otro hacia una mayor participación en las instituciones políticas locales, algo esencial para que el funcionamiento de estas sea congruente con las aspiraciones reales de las personas. En cualquier caso, estas alternativas no pueden, en un futuro cercano, sustituir al sistema monetario actual, sino sólo complementarlo, por lo que se hace necesaria una reforma de la moneda nacional.

Se trata de todo un mundo por descubrir, y seguramente seguiremos hablando de ello. Por mi parte, me resta ofrecer mi ayuda y la de la asociación a quién quiera desarrollar una nueva iniciativa o dar a conocer una existente.

martes, 11 de noviembre de 2014

Jugando al límite. 1 - Animales y otros seres vivos (actualizado 24-11-2014)



El documental de National Geographic, Colapso (2010), basado en la obra homónina de Jared Diamond, plantea un escenario futuro en el que la actual sociedad global industrial habría colapsado. En el año 2210, doscientos años después del rodaje del documental, un grupo de científicos investiga las causas de ese colapso, descubriendo una confluencia de factores: sobreexplotación de recursos hídricos, energéticos y erosión y pérdida de fertilidad del suelo, que habría desencadenado una crisis alimentaria agravada por el cambio climático. Cada uno de estos factores es ejemplificado con el colapso de una sociedad histórica. La civilización Anasazi por la escasez de agua, Roma por la escasez energética, y la civilización Maya a causa de la crisis alimentaria.

Esta es una perspectiva bastante conocida sobre la sostenibilidad, enfocada en los recursos, y que es objeto de una gran controversia. Las élites tecnocráticas no admiten la posibilidad de una escasez presente o futura de energía (a destacar la impostura intelectual del tal Juan de Ortega en la discusión que tuve con él en este post), y lo fían todo al mecanismo de los precios, de muy dudosa eficacia en la situación presente. El objetivo es mantener las instituciones actuales a toda costa, para ello identifican cualquier crítica con una agenda oculta que trata de hacer renacer el comunismo. Respecto al cambio climático, y dado el fracaso de la disparatada agenda negacionista (a pesar de los generosos recursos invertidos en la misma) se limitan a decir que se puede evitar adoptando algunas tecnologías verdes, una disparatada fantasía que ni se molestan en justificar. Puestos a un costado los problemas de la escasez energética y del cambio climático, no habría obstáculo para continuar la estrategia del crecimiento económico. Arreglaremos el problema de la miseria y la exclusión de forma indirecta y en el futuro, merced al desarrollo de las fuerzas productivas. Desarrollo que en 200 años no ha sido capaz de acabar con ellas.

Este es el deprimente estado de cosas respecto a la cuestión de la sostenibilidad, pero es conveniente recordar que no se trata de problemas puntuales como la escasez de energía o el cambio climático, sino de algo más general, la escala de la actividad humana en relación con un sistema estable, es decir, que no crece, y que termodinámicamente podemos considerar cerrado (no intercambia materia con su entorno, pero sí energía, a una tasa prácticamente constante). Al aumentar el tamaño de los procesos de transformación (que de forma engañosa llamamos producción) que realizamos en nuestro entorno, es predecible que esas modificaciones puedan dar lugar a indeseables consecuencias, y de hecho así lo observamos en la realidad, contrastando la hipótesis de partida.

Un trabajo reciente ha puesto de manifiesto esta dinámica al establecer los Planetary Boundaries (Límites Planetarios), que son condiciones en parámetros clave que deberíamos tratar de mantener para que La Tierra permanezca en las condiciones que han permitido el desarrollo y la multiplicación de la especie humana, el estado que se conoce como Holoceno. Sin la intervención humana, este estado se mantendría algunos miles de años más, pero dada la escala de nuestras actividades sobre el planeta esto ya no está asegurado, lo que puede dar lugar a cambios desagradables e incluso catastróficos, a nivel regional y global, y dentro del marco temporal de nuestra vida o la de nuestros hijos.

miércoles, 1 de octubre de 2014

¿Es la economía una ciencia? El lamentable ejemplo de Juan Ramón Rallo y la teoría sobre el origen evolutivo del dinero


Podría parecer un esfuerzo vano y algo extraño realizar ahora un artículo sobre el origen del dinero. Dejando a un lado curiosidades y disquisiciones eruditas ¿a quién le importa? ¿no deberíamos centrarnos en discutir qué hacemos con el dinero? ¿por quién y cómo debe ser creado? Esto es cierto, y sin embargo podemos aprender mucho sobre nuestra sociedad, sobre cómo las instituciones dominantes moldean nuestro pensamiento, a través de las diversas narrativas sobre el origen del dinero. No es casual que en una economía dominada por el intercambio (mercado) y un centro redistribuidor (estado), dos de las narrativas, las más ruidosas, que afirman estar en posesión de la verdad lo hagan clamando que uno de esos principios es la clave para entender el origen del dinero. De esta forma proyectamos una forma de pensar propia de nuestra época sobre un tiempo absolutamente diferente. Según Alla Semenova:
La práctica habitual ha sido proyectar las funciones y definiciones modernas del dinero en las sociedades de la Grecia arcaica y la antigua Mesopotamia. Pero esas sociedades estaban caracterizadas por modos fundamentalmente distintos de integración socio-económica que no existen en la actualidad.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Última llamada: una respuesta y una breve reflexión sobre la cooperación

Hace dos días desde la asociación Autonomía y Bienvivir publicamos un texto colaborativo en el conocido blog de Antonio Turiel The Oil Crash. Dado que en la actualidad tres cuartas partes de los lectores de La Proa del Argo no se cuentan entre los peakoilers, creo que tiene sentido publicarlo aquí también, pasado un plazo suficiente para dejar a Antonio la primicia, dado que nos ofrece la mejor tribuna a la que podemos acceder (también estuvimos en la radio, pero eso es otra historia).

El texto es una respuesta al manifiesto Última llamada. Es por tanto una enmienda a la totalidad del sistema socio-económico actual, y a los graves problemas de nuestra civilización, un sistema que nos obliga a crecer en grave detrimento del capital natural, de los stocks que nos proporcionan los servicios para la subsistencia y el disfrute de la vida. El texto deja a un lado en gran medida la descripción de los problemas para centrarse en las soluciones, si alguien quiere entrar en más detalle en la problemática puede consultar en este mismo blog las entradas Por qué #nodebemos #__pagamos y siguientes, El pensamiento económico de Frederick Soddy, De la mirada del broker a la del astronauta, La insostenibilidad de los sistemas de precios y La utopía de la inclusión: 1. El problema.

Es también el momento de hacer una breve reflexión sobre la andadura de la asociación y la cooperación. Lo poco que hayamos podido conseguir es fruto de la cooperación estrecha, codo con codo, con otras trece personas. Es indudable el valor de la cooperación, lo que la exigua fuerza de una persona es incapaz de lograr, puede lograrse con la ayuda mutua. Sin embargo, según Polanyi, la sociedad de mercado debe funcionar con ausencia de cooperación consciente. La misma conclusión parece extraerse de las observaciones del gran sociólogo Pierre Bourdieu, retomando el texto que comentábamos en Para la Libertad... (Excurso): La utopía de las cero opciones:

En nombre de este programa científico de conocimiento, convertido en programa político de acción, se cumple un inmenso trabajo político (denegado, porque en apariencia es puramente negativo), que busca crear las condiciones de realización y de funcionamiento de la “teoría”: un programa de destrucción sistemática de los colectivos.
El movimiento se posibilita a través de la política de desregulación financiera, en marcha hacia la utopía liberal de un mercado puro y perfecto; se lleva a cabo a través de la acción transformadora y, hay que decirlo, destructora de toda medida política que pretende cuestionar todas las estructuras colectivas que puedan obstaculizar la lógica del mercado puro. Entre ellas se encuentran: a) la nación cuyo margen de maniobra no cesa de recortar; b) los grupos de trabajo que afecta a través, por ejemplo, de la individualización de los salarios y las carreras en función de las competencias individuales y la atomización de los trabajadores que ello desencadena; c) los colectivos de defensa de los trabajadores, los sindicatos, las asociaciones, las cooperativas: d) la familia misma, la que pierde una parte de su control sobre el consumo a través de la constitución de mercados por rangos de edad.

Mi impresión es que sin necesidad de fuerzas coactivas, que sin duda existen, la cooperación es frágil. Varias personas han rehusado participar en esta empresa apasionante por matices nimios. A ello se une el sabor de boca que me deja la recepción del artículo, que ha sido entusiasta por parte Antonio Turiel, calificándolo en su Facebook como “posiblemente uno de los post más importantes que se hayan publicado en el blog”, frente a la recepción de sus lectores habituales, de los que hemos obtenido pocas palabras de aliento, al menos hasta el momento. No tengo una explicación cabal para este fenómeno, quizás, especulando, al hacerse nuestra sociedad más compleja los itinerarios educativos y afectivos de los individuos se hacen cada vez más divergentes. La individualización se hace extrema, y un arroyuelo de discrepancia se convierte en un abismo insalvable.

Dijo Mancur Olson, en su obra La lógica de la acción colectiva que el simple hecho de buscar un objetivo común entre varias personas hará que la mayoría de ellas no se esfuercen, al no poder ser excluidas de los beneficios comunes. Está lógica se rompe cuando disfrutamos con la cooperación, cuando el trabajo por el objetivo común se convierte en un placer, en una forma de ocio que nos proporciona sentido, y cuando disfrutamos aprendiendo de los compañeros de viaje. Satisfacemos de esta forma varias necesidades humanas: participación, identidad, entendimiento, ocio, creación.

No hay alternativas a la cooperación, pero gracias a Dios el viaje promete ser apasionante. Les dejo ahora con nuestro

 Programa para una Gran Transformación


 

martes, 9 de septiembre de 2014

La utopía de la inclusión: 2. La solución



En la primera parte de este artículo realizamos una breve descripción de uno de los problemas centrales de nuestra sociedad: el problema de la inclusión. En nuestra sociedad no existe el derecho a participar en los costes y beneficios de la producción, quedando esta condicionada a la demanda de empresas y agentes, y de forma indirecta al crecimiento económico.

Es complicado polemizar una realidad tan sólidamente sedimentada en nuestros hábitos y en nuestro día a día, hasta el punto que pocos se atreverían a cuestionar lo que puede llegar a parecer el orden natural de las cosas. Nada más lejos de la realidad, tal y como mostramos, si bien el trabajo siempre acompañó al hombre en su relación con el medio natural y en la búsqueda de su sustento, la creación del mercado de trabajo es un suceso histórico, nada natural, más bien al contrario, el resultado de una gran coacción. Otras sociedades, en el pasado, institucionalizaron el derecho a la inclusión, tradicionalmente a través de los bienes comunes, y lo hicieron porque es tanto racional como sostenible.

El problema no es sólo todo el sufrimiento que provoca la exclusión, imposibilitando la satisfacción de necesidades humanas básicas, sino que la solución indirecta a este problema, a través del crecimiento económico, se ha convertido en un móvil en sí mismo. De esta forma, problemas ficticios como producir más bienes en un mundo con abundancia de bienes, se convierten en centrales, por sus consecuencias sobre el bienestar de las personas. Es así como entramos en una lógica perversa, según la cual no se pueden resolver los problemas reales, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, o el agotamiento de materias primas, puesto que están condicionados por problemas ficticios. El problema no se puede resolver, puesto que está mal planteado, necesitamos replantear el problema. Es preciso entender que la economía está para servir al ser humano y no el ser humano para servir a la economía.

martes, 19 de agosto de 2014

Consideraciones críticas y elogiosas sobre la Teoría Monetaria Moderna



Aprovechando el parón veraniego que se produce en Internet, voy a meterme “en camisa de once varas”, con unas consideraciones críticas, aunque también elogiosas, acerca de la Teoría Monetaria Moderna. No me cabe duda que la postura post-keynesiana, que por ejemplo defiende Juan Laborda en VozPopuli, es la más lúcida de las que tienen eco mediático, si bien hay posturas mejores, como la economía ecológica, que no tienen eco ninguno.

Los post-keynesianos son los principales defensores de la teoría del dinero endógeno, que sostiene que es la demanda de crédito de los agentes de la economía la que determina la cantidad de dinero, y no el banco central. Recientemente esta postura ha cobrado mayor relevancia de cara a la opinión pública, merced a un documento publicado por el Banco de Inglaterra en el que se podía leer “En situaciones normales (tradúzcase por: cuando no hay una crisis), el banco central no fija la cantidad de dinero en circulación, ni el dinero del banco central “es multiplicado” en más préstamos y depósitos”

¿Cuál es la relevancia de esta afirmación? Los despistados ciudadanos poco a poco vamos tomando conciencia de que los bancos crean dinero, en sentido amplio, al realizar sus préstamos. Usualmente se suponía que esto seguía el proceso conocido como “reserva fraccionaria”, es decir, los bancos creaban créditos por importe superior a las reservas de las que disponían ¿Reservas de qué? De dinero bueno, de base monetaria, que crean los bancos centrales, que originalmente era la deuda del Rey, aunque por una lamentable confusión durante un tiempo se confundió con el oro. Los bancos lo que harían sería multiplicar estas reservas un cierto número de veces. Lo que nos dice el Banco de Inglaterra, sin embargo, es que esto no es así. Los bancos crearían crédito según la demanda del mismo, y el banco central iría detrás, creando reservas para cuadrar las cuentas. El multiplicador monetario es un mito.

miércoles, 25 de junio de 2014

Ni globalización ni nacionalismo: Internacionalización


Estamos viviendo un auge inusitado del nacionalismo, que en algunos casos se está materializando en el ascenso de partidos “antisistema”, como el Frente Nacional en Francia o UKIP en Reino Unido, en otros en forma de movimientos secesionistas, como los de Cataluña, Escocia o las regiones pro-rusas de Ucrania, y por último, también se manifiesta en forma de restricciones a la entrada de extranjeros. Incluso extranjeros del llamado primer mundo, como los españoles, pueden ver su entrada restringida en Suiza, junto con la del resto de europeos (de momento han empezado con los croatas), o son expulsados de Bélgica sin demasiados miramientos, simplemente por no disponer de empleo, aun después de años de residencia.

El auge del nacionalismo no es contradictorio, ni mucho menos, con el proceso globalizador, más bien parecen estar relacionados, y ser las dos caras de la misma moneda. Aunque el nacionalismo y la globalización se nos presentan como principios opuestos y excluyentes, como dos opciones entre las que habría que elegir, bien se podría argumentar que en realidad están estrechamente vinculados: el nacionalismo parece surgir como consecuencia de la globalización. La razón, obvia, es que la globalización es el intento de establecer una reglas fijas y universales para las relaciones económicas entre naciones, en definitiva, un racionalismo económico al que quedaría supeditada la soberanía nacional. Citando a Herman Daly

La globalización, considerada por muchos como la ola inevitable del futuro, se confunde a menudo con internacionalización pero es, de hecho, algo totalmente diferente. La internacionalización se refiere al incremento de la importancia del comercio internacional, las relaciones internacionales, tratados, alianzas, etc. Inter-nacional, por supuesto, significa entre naciones. La unidad básica continúa siendo la nación, aun cuando las relaciones entre naciones sean cada vez más necesarias e importantes. La globalización se refiere a la integración económica global de muchas antiguas economías nacionales convertidas en una economía global, principalmente por el libre comercio y la libre circulación de capitales, pero también mediante una migración fácil o, incontrolada. Es la efectiva erosión de las fronteras nacionales por motivos económicos. Lo que era internacional deviene interregional. Lo que era gobernado por la ventaja comparativa ahora es dictado por la ventaja absoluta. Lo que era muchos se convierte en uno. La misma palabra “integración” deriva de “entero”, significa uno, completo o, todo. Integración es el acto de combinar en un todo. Debido a que debe haber un todo, una sola unidad con referencia a la cual las partes se integran, se sigue que la integración económica global implica lógicamente la desintegración económica nacional. Por des-integración no quiero decir que la dotación industrial de cada país es aniquilada, sino que sus partes son arrancadas de su contexto nacional (des-integradas), para ser re-integradas en un nuevo todo, la economía globalizada. Como dice el refrán, para hacer una tortilla tienes que romper algunos huevos. La desintegración del huevo nacional es necesaria para integrarlo en la tortilla global.