El discurso dominante nos
habla de la irracionalidad de los británicos, tras el Brexit, el
cielo caerá sobre sus cabezas a causa de su xenofobia. Detrás de
esta fachada se oculta el vacío, no hay plan, se desea el
sufrimiento del Reino Unido para apuntalar un proyecto que ya ha
muerto, aunque todavía no seamos conscientes de ello. El Brexit
plantea numerosas incertidumbres, pero algunas certezas, es el
comienzo del fin de un proyecto estúpido y desastroso llamado Unión
Europea.
Se nos había aleccionado
para esperar lo peor. Los mercados castigarían duramente a aquellos
que se equivocan al votar, la democracia no es buena idea, ya
lo dijo el infame Pedro Sánchez: “Esto es lo que ocurre cuando
se consulta a la ciudadanía” ¿Para qué debe decidir la
ciudadanía cuando los expertos ya saben lo que es bueno para
nosotros? El fundamento del gobierno representativo es este,
establecer redes verticales y jerárquicas de toma de decisiones
basadas en la legitimidad de los expertos, aunque la experiencia
demuestre que en
decisiones complejas suelen equivocarse más que la inteligencia
colectiva.
Sin embargo, no parece
haber pasado gran cosa. Como
acaba de afirmar la oficina nacional de estadística británica
“no existen pruebas sobre un efecto pronunciado (y negativo) a
consecuencia de la votación”
Sí, la libra se
“desplomó”, aunque no demasiado.
En realidad llevaba
bajando desde finales de noviembre de 2015, pero tras ese “continuo”
desplome la economía británica muestra signos de revitalización,
las previsiones de crecimiento aumentan, en una economía que se
encuentra en pleno empleo.
En agosto de 2016 la tasa
de desempleo era del 4,9%, en un país que recibe una cantidad
importante de emigrantes del resto de Europa.
Ni siquiera el mercado
inmobiliario, con sospechas de burbuja, al menos en Londres, se
resiente demasiado ¿Qué ha pasado?



