Queridos lectores,
¿Alguna vez os habéis planteado que la frontera es una de las
instituciones más importantes de nuestro mundo? Estar o nacer a un lado u otro,
quizás separado por tan solo unas centenas de metros, puede marcar la
diferencia entre la vida y la muerte, la riqueza y la pobreza, el éxito o el
fracaso.
Nada de esto parece inferirse de la fisonomía del tranquilo pueblo
catalán de Portbou, el último pueblo costero antes de la frontera entre España
y Francia, salvo quizás unos paneles situados a unas decenas de metros de la imaginaria
línea que separa los dos territorios.
Si la importancia de los lugares se midiese por los restos humanos que
acogen, esta frontera de Portbou sería sin duda importante. Por aquí pasó el
poeta español Antonio Machado para morir unos pocos kilómetros más allá en el
pueblo francés de Colliure, donde se encuentra su tumba, convertida en un
símbolo de la memoria histórica.
Exactamente en Portbou y más o menos por la misma fecha, también
encontró su destino final el pensador y filósofo alemán –judío, pero alemán- Walter
Banjamin. Resulta tremendamente revelador que poco tiempo antes Benjamin había
escrito una crítica tremendamente certera, a la vez que lírica y emotiva, de la
idea de progreso. Una alegoría sobre “El ángel de la historia”
Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. Representa un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que mira atónito. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas extendidas. El Ángel de la Historia debe de ser parecido. Ha vuelto su rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de acaecimientos él ve una única catástrofe que acumula sin cesar ruinas y más ruinas y se las vuelca a los pies. Querría demorarse, despertar a los muertos y componer el destrozo. Pero del Paraíso sopla un vendaval que se le ha enredado en las alas y es tan fuerte que el Ángel no puede ya cerrarlas. El vendaval le empuja imparable hacia el futuro al que él vuelve la espalda, mientras el cúmulo de ruinas ante él crece hacia el cielo. Ese vendaval es lo que nosotros llamamos progreso. [1]
