El documental de National
Geographic, Colapso (2010), basado en la obra homónina de Jared
Diamond, plantea un escenario futuro en el que la actual sociedad
global industrial habría colapsado. En el año 2210, doscientos años
después del rodaje del documental, un grupo de científicos
investiga las causas de ese colapso, descubriendo una confluencia de
factores: sobreexplotación de recursos hídricos, energéticos y
erosión y pérdida de fertilidad del suelo, que habría
desencadenado una crisis alimentaria agravada por el cambio
climático. Cada uno de estos factores es ejemplificado con el
colapso de una sociedad histórica. La civilización Anasazi por la
escasez de agua, Roma por la escasez energética, y la civilización
Maya a causa de la crisis alimentaria.
Esta es una perspectiva
bastante conocida sobre la sostenibilidad, enfocada en los recursos,
y que es objeto de una gran controversia. Las élites tecnocráticas
no admiten la posibilidad de una escasez presente o futura de energía
(a destacar la impostura intelectual del tal Juan de Ortega en la
discusión que tuve con él en
este post), y lo fían todo al mecanismo de los
precios, de
muy dudosa eficacia en la situación presente.
El objetivo es mantener las instituciones actuales a toda costa, para
ello identifican cualquier crítica con una agenda
oculta que trata de hacer renacer el comunismo.
Respecto al cambio climático, y dado el fracaso de la disparatada
agenda negacionista (a
pesar de los generosos recursos invertidos en la misma)
se limitan a decir que se puede evitar adoptando algunas tecnologías
verdes, una
disparatada fantasía que ni se molestan en justificar.
Puestos a un costado los problemas de la escasez energética y del
cambio climático, no habría obstáculo para continuar la
estrategia del crecimiento económico.
Arreglaremos el problema de la miseria y
la exclusión de forma indirecta y en el
futuro, merced al desarrollo de las fuerzas productivas. Desarrollo
que en 200 años no ha sido capaz de acabar con ellas.
Este es el deprimente
estado de cosas respecto a la cuestión de la sostenibilidad, pero es
conveniente recordar que no se trata de problemas puntuales como la
escasez de energía o el cambio climático, sino de algo más
general, la
escala de la actividad humana en relación con un sistema estable,
es decir, que no crece, y que termodinámicamente podemos considerar
cerrado (no intercambia materia con su entorno, pero sí energía, a
una tasa prácticamente constante). Al aumentar el tamaño de los
procesos de transformación (que de forma engañosa llamamos
producción) que realizamos en nuestro entorno, es predecible que
esas modificaciones puedan dar lugar a indeseables consecuencias, y
de hecho así lo observamos en la realidad, contrastando la hipótesis
de partida.
Un trabajo reciente ha
puesto de manifiesto esta dinámica al establecer los Planetary
Boundaries (Límites Planetarios), que son condiciones en parámetros
clave que deberíamos tratar de mantener para que La Tierra
permanezca en las condiciones que han permitido el desarrollo y la
multiplicación de la especie humana, el estado que se conoce como
Holoceno.
Sin la intervención humana, este estado se mantendría algunos miles
de años más, pero dada la escala de nuestras actividades sobre el
planeta esto ya no está asegurado, lo que puede dar lugar a
cambios desagradables e incluso catastróficos, a nivel regional y
global, y dentro del marco temporal de nuestra vida o la de
nuestros hijos.
