Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de febrero de 2020

Echando la vista atrás... predicciones fallidas y acertadas, y un nuevo mapa sobre el futuro.

El mapa no es el territorio


Hace ya algún tiempo que no miro los datos de las fluctuaciones de las monedas y divisas, volúmenes de deuda externa, tipos de interés, balanza de pagos y otros datos que pueden ayudarme a trazar un mapa sobre la salud financiera de los países y sistemas bancarios. Sin embargo, echando un vistazo al informe de este año de la FAO sobre seguridad alimentaria me encuentro con esta gráfica:



Que parece explicar parcialmente la “primavera latina” que se está viviendo en el sur del contienen americano. Como se puede ver en la gráfica, desde 2014 se vive una situación de retroceso económico en la región, y de estancamiento en África. Por el contrario, Asia, liderada por la locomotora china, mantiene un crecimiento fuerte. En cuanto a las economías desarrolladas, mantienen cierto dinamismo, que como luego comentaremos, va por barrios.

La gráfica me ha hecho recordar algunas “fallidas” predicciones pasadas, que conviene ahora recordar, separando el grano de la paja, lo que puede seguir teniendo validez de aquel pensamiento frente a lo que se ha quedado obsoleto:


Nueva crisis financiera global

A inicios de 2014 me preguntaba ¿Estamos entrando en una fase de la crisis sistémica global?, en una tormenta de ideas que posteriormente desarrollé con algo más de detalle en Crónica de una depresión anunciada: regularidades e incertidumbres. El razonamiento central detrás de ambos artículos se podría resumir de la siguiente forma: tras la crisis del petróleo de los años 70 y el comienzo de la globalización, con el fin del control de los movimientos de capital, se van sucediendo una serie de crisis financieras periódicas, con la particularidad de que en distintos periodos van afectando a grupos de países distintos. En concreto, a veces el epicentro de la crisis serían las economías emergentes, y en otro momento lo serían las economías desarrolladas, existiendo siempre cierto contagio a través del canal financiero, como el célebre caso de Long Term Capital Management.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Deconstruyendo Auschwitz: las raíces de nuestro afán destructivo

El trabajo libera, se leía a la entrada del campo

Aprovechando el paso de la exposición de Auschwitz por Madrid me ha sido posible apreciar de primera mano hasta qué punto esa “fábrica de la muerte” es un producto típico de nuestra civilización. Si la ideología de la modernidad, cuya expresión más elocuente debemos a los filósofos de la ilustración, mostraba una fe absoluta en la “razón” para solucionar los problemas humanos, hasta el punto de que Condorcet pensaba que la ciencia lograría

la infinita perfectibilidad de la especie humana
  
en Auschwitz esa “razón” se puso manos a la obra para solucionar, de la forma más racional y científica posible, el “problema” judío.

Pues, tal y como narra la exposición, aquello no fue la obra de un loco, fue la obra de toda una sociedad, que colaboró activamente en el exterminio sistemático de millones de personas, o en el mejor de los casos simplemente se mostró indiferente ante lo que estaba pasando.


El campo de Auschwitz-Birkenau terminó siendo un mastodóntico campo de exterminio y trabajo forzado. Diariamente llegaban trenes cargados de personas, que eran seleccionadas en el andén. Una pequeña parte era seleccionada para trabajar, y se les permitía vivir como esclavos, en condiciones de extrema dureza. La mayor parte eran ejecutados de forma científica al llegar y sus cadáveres incinerados. A otro pequeño grupo, sobre todo gemelos, se les permitía vivir para servir de cobaya humana en experimentos médicos.


Mientras, el personal que administraba el campo, cumplía sus funciones sin ser perturbados por el enorme dolor y sufrimiento diario allí infringido. Llama la atención como en sus días libres cantaban y se divertían sin el menor remordimiento.




domingo, 11 de junio de 2017

Un mundo fragmentado: Europa a un costado

Con la llegada de Trump a la Casa Blanca Europa ha perdido un apoyo clave, y muy necesario, para salir de los problemas en los que se ha metido. Mientras se tratan de mantener los discursos huecos de progreso, modernidad y fraternidad que quedaron en evidencia con la crisis, aislada del mundo, continúa por una vía muerta hacia un triste e inevitable final.



Como ya comentamos en una entrada anterior, el ya antiguo fracaso en las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (en gran medida provocado por la Unión Europea), la propia evolución del volumen del comercio internacional, y sobre todo los datos de transacciones financieras entre estados nos muestran que el mundo está retrocediendo en su integración económica. Parece que la globalización termina, y deja tras de sí un mundo fragmentado, como ya ocurriera en el pasado.

Con gran celeridad y un poco de improviso hemos visto cómo se nos trata de transmitir una imagen de este nuevo mundo como dividido entre dos facciones, por un lado el “populismo” y por el otro el resto, es decir, el statu quo, aquellos que se atribuyen la sensatez y la racionalidad, y que podemos denominar “globalistas” o también “neoliberales”. Los que como yo, no nos sentimos identificados con ninguna de estas posiciones nos encontramos en un lugar incómodo, criticar a los populistas nos pone de parte de los globalistas, los auténticos responsables de la situación, pero si no lo hacemos podría parecer que sentimos simpatía hacia el “populismo”, lo cual no es cierto.

Lo primero que habría que aclarar es qué es esto del “populismo”, y mi opinión es que es una etiqueta peyorativa para desprestigiar algo, porque en realidad todos los líderes, partidos y ciudadanos englobados bajo esa etiqueta podrían ser definidos mucho mejor como nacionalistas. Hace ahora tres años ya anticipé que el mundo tendía a polarizarse entre nacionalistas y globalistas, y pedí evitar estas dos opciones, pero por desgracia de momento no se atisba en el horizonte ninguna alternativa.

jueves, 23 de febrero de 2017

Trumpconomics: la lucha de EEUU por conservar la hegemonía

La administración Trump pretende desarrollar una política económica que incluye estímulos fiscales (mayor gasto público y menores impuestos) y restricciones a la movilidad de las personas y las mercancías, manteniendo la plena movilidad del capital. De llevarse a cabo, este plan trastocaría el orden económico internacional, creando uno nuevo. Sería la tercera vez en menos de cien años que EEUU cambia las reglas del juego, siempre con la intención de mantener su hegemonía.


Conocemos, aparentemente, todo sobre Trump: sobre su padre y cómo llegó a EEUU, sobre su mujer actual y las anteriores, sobre sus hijos y las parejas de estos, como le gusta decorar la Casa Blanca; una avalancha de información intrascendente, de ramas que nos impiden ver el bosque. Ese bosque es un hecho muy importante, nos encontramos ante un posible, e incluso probable, cambio en el orden económico internacional, un momento similar a la firma del tratado de Bretton Woods en 1944 o al cierre de la ventanilla del oro por Richard Nixon en 1971.


Un poco de contexto

La primera vez que EEUU estableció las reglas del juego fue, como es bien sabido, tras la II guerra mundial. Los Estados Unidos llegaron al final de aquella guerra como clara potencia hegemónica, lo que les llevó a rechazar el plan, intelectualmente brillante, de John Maynard Keynes, representante de la delegación británica. Keynes postulaba un sistema internacional que penalizase los superávits comerciales y permitiese el reciclaje de esos excedentes en los países deficitarios en sus transacciones con el resto del mundo. La idea de Keynes era evitar déficits comerciales persistentes entre países, que llevasen a la acumulación de deudas y por tanto a una retracción de la demanda, que él entendía era la causa fundamental del estancamiento económico.

Esto es muy interesante porque la llegada de Trump al poder ha colocado otra vez en primera plana la cuestión de los superávits y déficits comerciales. La historia se repite, primero como tragedia y más tarde como farsa ¿o es al revés? El tiempo dirá.

viernes, 26 de febrero de 2016

Los errores de las tesis del crecentismo

Cuelgo en mi blog un texto colaborativo de la asociación Autonomía y Bienvivir, que publicamos hace unos días en The Oil Crash. Dado que el objetivo del artículo es fomentar el debate y la confluencia entre la izquierda crecentista y las opciones más críticas con el crecimiento, creo que mi blog puede ser también una buena herramienta para alcanzar esa meta, frente al de Antonio Turiel, de mucha mayor difusión pero donde hay un dominio más claro de las tesis decrecentistas. Os dejo con el artículo.
 
 
La izquierda en la encrucijada ¿crecimiento o nuevo paradigma?
 
 

En un libro publicado hace tres años, El fin de la expansión, Ricardo Almenar nos recordaba cómo en la primera mitad del siglo XX la apuesta por el crecimiento económico se convertía, junto al avance científico y técnico, en la gran esperanza para renovar la fe en el progreso, esa idea de fondo que llevaba ya varios siglos animando la cosmovisión europea, un progreso convertido en doctrina, según Lewis Mumford, y cuyo sentido se tambaleaba tras el desastre de la Gran Guerra, amplificado poco después por las cámaras de gas y la bomba de hidrógeno. Entre otras cosas el crecimiento económico nos traería paz social... sin necesidad de encarar el problema de la repartición.
 
 
Almenar pone esta nueva esperanza en palabras de dos economistas por lo demás muy distintos: Keynes y Schumpeter. El primero decía en una conferencia en Madrid en 1930 que, a largo plazo, "la humanidad está resolviendo su problema económico. Predeciría que el nivel de vida de las naciones progresivas, dentro de un siglo, será entre cuatro y ocho veces más alto que el de hoy día". Por su parte Schumpeter afirmaba en otra conferencia de 1936 que "si el capitalismo repitiese sus resultados pasados durante otro medio siglo a partir de 1928, acabaría con todo lo que con arreglo a los patrones actuales podría llamarse pobreza, aun en los estratos inferiores de población, exceptuando únicamente los casos patológicos", y entonces serían fácilmente alcanzables "todos los deseos que han sido expuestos hasta ahora por todos los reformadores sociales".
 
 
Pasado el tiempo que ambos economistas tomaron en consideración, y habiéndose cumplido sus previsiones en cuanto al aumento de la capacidad productiva, resulta bastante evidente, sin embargo, que el problema económico dista mucho de estar resuelto. Las sucesivas crisis, el escandaloso aumento de la desigualdad y la persistencia de la pobreza también en los países más industrializados dejan pocas dudas sobre la naturaleza política de ese problema económico. ¿Cuántas décadas de crecimiento más harán falta para constatarlo? Y si la pobreza, la exclusión social y la desigualdad no serán resueltas por el crecimiento económico, mucho menos aun lo será el problema de la sostenibilidad, sacrificada precisamente en el altar de ese crecimiento en el que tanto se confía, y que en realidad está resultando antieconómico (en palabras de Herman Daly.).
 
 
A pesar de esto, el hueco teórico dejado por el neoliberalismo en su apuesta por un crecimiento basado en el predominio de la libertad de mercado parece estar resultando demasiado tentador para una izquierda que ve la oportunidad de mostrarse superior en la búsqueda de ese crecimiento mediante políticas keynesianas, con lo que lograría así un cambio en las preferencias políticas de la sociedad. Pero a tenor de lo dicho, hay que preguntarse si ese cambio de preferencias no sería un mero cambio de gestores y de estilo de gestión, y no un verdadero cambio social hacia un mundo mejor.

martes, 24 de noviembre de 2015

Utopía 2.0



Hace unas semanas, desde la asociación Autonomía y Bienvivir lanzamos un segundo texto colaborativo, tras nuestro Programa para una Gran Transformación. El nuevo texto fue publicado en el blog de Antonio Turiel The Oil Crash, al igual que el primero. En esta ocasión cambiamos el enfoque y en lugar de centrarnos en lo que habría que hacer, decidimos hacerlo en el objetivo, en la sociedad que nos gustaría alcanzar. Lo que descubrimos es interesante, hay bastante consenso, al menos dentro de los limitados círculos por los que se movió el artículo, en cuanto a la sociedad en la que nos gustaría vivir. Mucha gente, tanto en el Foro Oil Crash como en el programa de Ampliando el Debate donde se debatió el artículo, nos declaró su deseo de vivir en una sociedad así, si bien algunos mostraban su escepticismo acerca de que el objetivo sea alcanzable, no ya por la extrema dificultad de que podamos aproximarnos a vivir de esta forma (opinión que compartimos) sino por creer que es absolutamente imposible hacerlo. Aquí hubo dos tipos de argumentos, unos basados en el concepto de naturaleza humana y otros en la gran escasez de recursos que se aproxima.

Comenzando por el último de estos argumentos, que dio lugar a un interesante intercambio de ideas entre Ferran P. Villar y un servidor, nuestra posición es no entrar en el necesario debate sobre cual es el estado actual de la biosfera, su grado de deterioro e irreversibilidad del daño, así como la energía de la que podremos disponer mediante energías renovables, debate que creemos es esencial que se realice a nivel académico, siendo nuestro papel el de exigir que se le de la importancia central que debe tener y que el intercambio de ideas sea honrado y transparente, atendiendo sólo al bien común y no a intereses particulares. Por otro lado, insistimos reiteradamente en un aspecto que está expresado en la introducción de nuestro texto, la utopía no es una previsión para el futuro, sino una herramienta de toma de decisiones. Tomar decisiones que nos acerquen a un futuro como el que se describe en nuestro texto redundará en un menor consumo de recursos, y en una sociedad más resiliente, por tanto la utopía es útil, independientemente de que el futuro pueda ser distinto, porque las decisiones que nos incita a tomar son congruentes con un futuro con baja disponibilidad energética y en general de recursos.

Respecto al primer punto de crítica, debo decir que el concepto de naturaleza humana está evidentemente obsoleto. Lo que nos enseña el estudio de las innumerables formas y variedades que adopta la cultura humana es precisamente su enorme capacidad de adaptación, y cómo nuestro comportamiento está tremendamente condicionado por nuestras instituciones culturales. Sin embargo, esta crítica sí incide en un aspecto esencial que debemos tener muy en cuenta, y que también dio lugar a un interesante debate ¿cómo lograr estos cambios? La cuestión del cómo la afrontamos en nuestro Programa para una Gran Transformación, pero evidentemente ese artículo no agota la cuestión, ni mucho menos. Su punto de partida implícito es que nos gobierna un poder benévolo capaz de tomar las decisiones correctas. Ello nos remite a la cuestión del poder, o en términos gramscianos de la hegemonía. Es necesario un cambio cultural, y para ello debemos deslegitimar el sistema vigente, desde nuestros blogs y podcast, difundiendo información, pero también haciendo. Como decía Gandhi “se el cambio que quieres ver en el mundo”. Esa es la gran dificultad, porque como analicé largamente en mi serie de artículos sobre la libertad, nuestro sistema no permite segundas opciones, a quién no colabora con él le excluye y le deslegitima, le convierte en un paria y en un estorbo para el resto. Esa gran cuestión acerca del poder es uno aspecto esencial que debemos iluminar en un futuro cercano.

¿Por qué volver a presentar este texto en tan breve espacio de tiempo? Porque desde un comienzo dijimos que la utopía estaba abierta a la colaboración de todos, de ahí nuestro empeño en debatirla, y de ese debate han surgido las primeras modificaciones. Gracias a la aportación de sistudey, de Foro Crash Oil, hemos modificado alguna frase sobre la vivienda y añadido dos párrafos sobre la construcción en nuestra sociedad utópica. La intervención de nuestro compañero de Ampliando el Debate Carles Sirera nos animó a incluir un pequeño apartado sobre seguridad, interna y externa. Por último, algunos compañeros de la asociación realizaron aportaciones de última hora en el terreno de los valores, el trabajo o el consumo. En un futuro valoramos la posibilidad de incluir alguna referencia a los sorteos como forma de romper las jerarquías, aportación que hizo nuestro compañero de Ampliando el Debate Vicente Ríos. Y ¿por qué no? la utopía sigue abierta, el próximo en aportar algún aspecto nuevo o en corregir uno existente puede ser usted, querido lector. Los comentarios de este blog son todo suyos, y están abiertos al debate, así como la participación en nuestra asociación. Sin más preámbulo, les dejo con la versión 2.0 de nuestro texto.

martes, 28 de abril de 2015

¿Es la economía una ciencia? El lamentable ejemplo de Politikon y el modelo piramidal de los recursos.


En ocasiones hemos señalado la extraordinaria simpleza de las conclusiones de algunos economistas, como los que establecen que Roma colapsó a causa del socialismo. También hemos señalado lo falso de alguno de sus cimientos conceptuales, como la conocida fábula sobre el origen del dinero a partir del trueque, que con tanto fervor defendió aquí Juan Ramón Rallo, y que se encuentra en la base de falacias como “la propensión natural del hombre al intercambio” de Adam Smith, o en la consideración del dinero como una mercancía, uno de los virus más perniciosos que pueden infectar la mente humana.

Por fortuna no estamos solos en esta crítica, la tolerancia social hacia los economistas es cada vez menor, y en la actualidad se pueden leer artículos como La fraudulenta superioridad de los economistas en medios del mainstream como el diario El País. Pero los austriacos, a los que hacíamos en el pasado blanco de nuestras críticas, son la parte “folclórica” de esta historia. Su relevancia es más política que académica, desplazando hacia el extremo el centro de gravedad del sentido común de la sociedad. Troleándolos nos podemos echar unas risas, pero no cambiaremos el mundo, así que ya es hora de dar un paso más en la dirección correcta y comenzar a denunciar las mismas prácticas de los austriacos en los neoclásicos, precisamente la escuela o paradigma dominante. Dominante a través de métodos que no es ni mucho menos exagerado definir como contrarios al debate científico, pero ese es otro problema que trataremos más adelante.

Para los neoclásicos, el pensamiento y los modelos más avanzados sobre explotación de recursos naturales son, como no podía ser de otra manera, los suyos. Recientemente tuvimos una ocasión única de comprobar los fundamentos de estos modelos, gracias a la contestación al manifiesto Última Llamada realizada desde la web Politikon. La contestación se basa en dos argumentos habituales de la economía neoclásica, el modelo funcional o piramidal de los recursos y la sustitución entre capital natural y el hecho por el hombre, merced al progreso tecnológico y a las señales que emiten los precios. Nos ocuparemos aquí del primero de los argumentos, y espero hablar del segundo en un futuro, ya que ambos son muy discutibles.

¿Qué es lo que plantea el modelo funcional de los recursos? De forma simplificada, que la explotación de los recursos se realiza siguiendo un orden, extrayéndose primero los de mejor calidad, y que además la abundancia relativa también sigue un orden, siendo los recursos de mejor calidad escasos, y los de peor calidad muy abundantes. Este efecto crea una paradoja, según estos “expertos” de la economía: cuantos más recursos gastamos, más tenemos, aunque puede ser a costa de un mayor precio. En palabras de Juan de Ortega (pseudónimo usado por la gente de Politikon cuando no quieren firmar con su nombre).

Es cierto que las vetas más rarificadas necesiten una cantidad “exponencial de energía” para su extracción (Philips and Edwards, “Metal Prices as a Function of Ore Grade”, Resources Policy, 1976) pero las cantidades alcanzables en cada nivel de rarificación también crecen exponencialmente. La consecuencia económica es que para una tecnología constante, cada punto de incremento porcentual del precio de un mineral tiene un impacto multiplicativo sobre la cantidad obtenible a ese precio. No es el milagro de los panes y los peces: aquí al final la cantidad hay que pagarla.

jueves, 19 de marzo de 2015

Economía y necesidades humanas: El caso de la cuidadora de Illescas que llevó a la ruina a su empleadora


En economía, las teorías neoclásica, austriaca y keynesiana, parten de lo que se denomina teoría de la utilidad marginal. Cuando digo “parten”, me refiero a que esta teoría constituye su auténtico punto de partida, su base, los cimientos de todo el edificio intelectual, dado que con esta teoría explican la formación de los precios, y ¿hay algo más importante que los precios? Según la última versión neoliberal, debida a Hayek, pero asumida de forma general, el mercado sería el procesador de información más potente y preciso que existe. El culto al dios “Mano, el invisible” le atribuye la omnisciencia como característica más destacada, a pesar de las numerosas evidencias en contra de esta afirmación.

Frente a la teoría de la utilidad marginal surge como su “némesis”, la teoría del valor trabajo marxista. En realidad, cuando uno llega a estas cuestiones con cierta edad y bagaje cultural, enseguida percibe que es difícil entender una teoría sin la otra. Una defiende que el valor lo da el trabajo (y que por tanto el trabajador es explotado) y la otra que el valor es totalmente subjetivo, depende de la “utilidad” que las personas atribuyen individualmente a un bien, sin relación alguna con el trabajo empleado en producirlo. No hay que ser muy inteligente para comprender desde el primer momento que ambas teorías son falsas, el valor lo crea, sobre todo, aunque no de forma exclusiva, la energía (parte de esa energía puede ser trabajo humano) y el descubrimiento (el ingenio humano), tal y como ya explicó Frederick Soddy hace años. Sin embargo, su sentido común fue ignorado por los ortodoxos de todos los partidos, más interesados en usar las ideas como arma política que en adaptar sus teorías a los hechos.

Pero dejemos esto a un lado, dado que podría llevarnos a una discusión “escolástica” sobre el sexo de los ángeles. Los defensores de la teoría de la utilidad marginal se encuentran muy a gusto en ese terreno, lejos de los hechos que podrían enturbiar sus bonitas teorías.


Por el contrario, intentaremos bajar a la tierra y explicar un caso particular desde el punto de vista de la teoría de la utilidad marginal y desde otros puntos de vista heterodoxos, algunos relativamente nuevos, otros olvidados ya hace tiempo, pero que tienen en común hacer hincapié en la vertiente social del valor, aspecto que complementa enormemente el punto de vista de Frederick Soddy.

martes, 11 de noviembre de 2014

Jugando al límite. 1 - Animales y otros seres vivos (actualizado 24-11-2014)



El documental de National Geographic, Colapso (2010), basado en la obra homónina de Jared Diamond, plantea un escenario futuro en el que la actual sociedad global industrial habría colapsado. En el año 2210, doscientos años después del rodaje del documental, un grupo de científicos investiga las causas de ese colapso, descubriendo una confluencia de factores: sobreexplotación de recursos hídricos, energéticos y erosión y pérdida de fertilidad del suelo, que habría desencadenado una crisis alimentaria agravada por el cambio climático. Cada uno de estos factores es ejemplificado con el colapso de una sociedad histórica. La civilización Anasazi por la escasez de agua, Roma por la escasez energética, y la civilización Maya a causa de la crisis alimentaria.

Esta es una perspectiva bastante conocida sobre la sostenibilidad, enfocada en los recursos, y que es objeto de una gran controversia. Las élites tecnocráticas no admiten la posibilidad de una escasez presente o futura de energía (a destacar la impostura intelectual del tal Juan de Ortega en la discusión que tuve con él en este post), y lo fían todo al mecanismo de los precios, de muy dudosa eficacia en la situación presente. El objetivo es mantener las instituciones actuales a toda costa, para ello identifican cualquier crítica con una agenda oculta que trata de hacer renacer el comunismo. Respecto al cambio climático, y dado el fracaso de la disparatada agenda negacionista (a pesar de los generosos recursos invertidos en la misma) se limitan a decir que se puede evitar adoptando algunas tecnologías verdes, una disparatada fantasía que ni se molestan en justificar. Puestos a un costado los problemas de la escasez energética y del cambio climático, no habría obstáculo para continuar la estrategia del crecimiento económico. Arreglaremos el problema de la miseria y la exclusión de forma indirecta y en el futuro, merced al desarrollo de las fuerzas productivas. Desarrollo que en 200 años no ha sido capaz de acabar con ellas.

Este es el deprimente estado de cosas respecto a la cuestión de la sostenibilidad, pero es conveniente recordar que no se trata de problemas puntuales como la escasez de energía o el cambio climático, sino de algo más general, la escala de la actividad humana en relación con un sistema estable, es decir, que no crece, y que termodinámicamente podemos considerar cerrado (no intercambia materia con su entorno, pero sí energía, a una tasa prácticamente constante). Al aumentar el tamaño de los procesos de transformación (que de forma engañosa llamamos producción) que realizamos en nuestro entorno, es predecible que esas modificaciones puedan dar lugar a indeseables consecuencias, y de hecho así lo observamos en la realidad, contrastando la hipótesis de partida.

Un trabajo reciente ha puesto de manifiesto esta dinámica al establecer los Planetary Boundaries (Límites Planetarios), que son condiciones en parámetros clave que deberíamos tratar de mantener para que La Tierra permanezca en las condiciones que han permitido el desarrollo y la multiplicación de la especie humana, el estado que se conoce como Holoceno. Sin la intervención humana, este estado se mantendría algunos miles de años más, pero dada la escala de nuestras actividades sobre el planeta esto ya no está asegurado, lo que puede dar lugar a cambios desagradables e incluso catastróficos, a nivel regional y global, y dentro del marco temporal de nuestra vida o la de nuestros hijos.

miércoles, 1 de octubre de 2014

¿Es la economía una ciencia? El lamentable ejemplo de Juan Ramón Rallo y la teoría sobre el origen evolutivo del dinero


Podría parecer un esfuerzo vano y algo extraño realizar ahora un artículo sobre el origen del dinero. Dejando a un lado curiosidades y disquisiciones eruditas ¿a quién le importa? ¿no deberíamos centrarnos en discutir qué hacemos con el dinero? ¿por quién y cómo debe ser creado? Esto es cierto, y sin embargo podemos aprender mucho sobre nuestra sociedad, sobre cómo las instituciones dominantes moldean nuestro pensamiento, a través de las diversas narrativas sobre el origen del dinero. No es casual que en una economía dominada por el intercambio (mercado) y un centro redistribuidor (estado), dos de las narrativas, las más ruidosas, que afirman estar en posesión de la verdad lo hagan clamando que uno de esos principios es la clave para entender el origen del dinero. De esta forma proyectamos una forma de pensar propia de nuestra época sobre un tiempo absolutamente diferente. Según Alla Semenova:
La práctica habitual ha sido proyectar las funciones y definiciones modernas del dinero en las sociedades de la Grecia arcaica y la antigua Mesopotamia. Pero esas sociedades estaban caracterizadas por modos fundamentalmente distintos de integración socio-económica que no existen en la actualidad.

lunes, 20 de enero de 2014

Dinero vs Energía: El pensamiento económico de Frederick Soddy


Casi siempre los hombres que logran estos inventos fundamentales de un nuevo paradigma han sido muy jóvenes o muy nuevos en el campo cuyo paradigma cambian.
Thomas S. Kuhn La estructura de las revoluciones científicas (1962)


¿Es posible que el mayor legado de un premio Nobel haya permanecido por largo tiempo en el olvido? Tal parece ser el caso de Frederick Soddy, cuyo pensamiento económico está siendo recuperado por defensores de su reforma monetaria como Stephen Zarlenga, y por economistas ecológicos como Herman Daly.

Cuando Soddy comenzó a interesarse por la economía era ya premio Nobel de química, por su contribución al estudio de los fenómenos radioactivos y la demostración de que existían átomos con las mismas propiedades químicas y distintos pesos moleculares, que denominaron isótopos. El trauma de la I guerra mundial le hizo plantearse el sentido de su actividad investigadora ¿Para qué descubrir las leyes de la naturaleza si estas serían empleadas en el diseño y creación de máquinas de guerra destinadas a la destrucción?

¿Qué clase de mundo alcanzaríamos si la energía atómica alguna vez llegase a estar disponible […] Si el descubrimiento se realizara mañana, no hay una nación que no se lanzase en cuerpo y alma a la tarea de aplicarlo a la guerra, tal y como lo están haciendo ahora en el caso de las recientemente desarrolladas armas químicas de gas venenoso. […] Si [la energía atómica] llegara bajo las condiciones económicas existentes, significaría la reducción al absurdo de la civilización científica, una aniquilación rápida en lugar de un colapso no muy persistente. [1]