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lunes, 10 de febrero de 2020

Echando la vista atrás... predicciones fallidas y acertadas, y un nuevo mapa sobre el futuro.

El mapa no es el territorio


Hace ya algún tiempo que no miro los datos de las fluctuaciones de las monedas y divisas, volúmenes de deuda externa, tipos de interés, balanza de pagos y otros datos que pueden ayudarme a trazar un mapa sobre la salud financiera de los países y sistemas bancarios. Sin embargo, echando un vistazo al informe de este año de la FAO sobre seguridad alimentaria me encuentro con esta gráfica:



Que parece explicar parcialmente la “primavera latina” que se está viviendo en el sur del contienen americano. Como se puede ver en la gráfica, desde 2014 se vive una situación de retroceso económico en la región, y de estancamiento en África. Por el contrario, Asia, liderada por la locomotora china, mantiene un crecimiento fuerte. En cuanto a las economías desarrolladas, mantienen cierto dinamismo, que como luego comentaremos, va por barrios.

La gráfica me ha hecho recordar algunas “fallidas” predicciones pasadas, que conviene ahora recordar, separando el grano de la paja, lo que puede seguir teniendo validez de aquel pensamiento frente a lo que se ha quedado obsoleto:


Nueva crisis financiera global

A inicios de 2014 me preguntaba ¿Estamos entrando en una fase de la crisis sistémica global?, en una tormenta de ideas que posteriormente desarrollé con algo más de detalle en Crónica de una depresión anunciada: regularidades e incertidumbres. El razonamiento central detrás de ambos artículos se podría resumir de la siguiente forma: tras la crisis del petróleo de los años 70 y el comienzo de la globalización, con el fin del control de los movimientos de capital, se van sucediendo una serie de crisis financieras periódicas, con la particularidad de que en distintos periodos van afectando a grupos de países distintos. En concreto, a veces el epicentro de la crisis serían las economías emergentes, y en otro momento lo serían las economías desarrolladas, existiendo siempre cierto contagio a través del canal financiero, como el célebre caso de Long Term Capital Management.

domingo, 5 de enero de 2020

Sí, se debe estar amenazando todos los días con el apocalipsis a cuenta del cambio climático




¿Cambio? ¿Crisis? ¿Emergencia? La ciencia nos está diciendo que estamos en una crisis climática que requiere actuar con urgencia. Sin embargo, algunas personas se resisten a aceptarlo. Me atrevo a sugerir que estas personas tienen valores conservadores, son reacios al cambio porque quieren conservar algo que consideran valioso (esta sociedad), pero considero un error que (a veces) no expliciten estos valores, lo cual enturbia el debate. Yo, personalmente, también soy conservador, quiero conservar esta canica cósmica en la que vivo más o menos como la encontré, y no quiero poner en riesgo la vida, y para ello creo que son necesarios algunos cambios sociales.

¿Cómo orientarnos en la crisis climática y ecológica? Propongo que los gobiernos, la sociedad y los individuos se guíen por la siguiente pregunta ¿lo que ocurre es seguro? Lo cual nos lleva a preguntarnos por el futuro, un territorio ignoto y lleno de incertidumbres, pero podemos comenzar a movernos por él a partir de la certeza de que ni los negacionistas ni los conservadores que consideran a Greta Thunberg una catastrofista pueden demostrar que lo que estamos haciendo es seguro.

Hablar de seguridad nos remite al concepto de riesgo. En un reciente artículo académico que ha tenido un considerable impacto titulado “Well bellow 2 ºC: Mitigation strategies for avoiding dangerous to catastrophic climate changes” los autores (Xu y Ramanathan) establecen tres categorías de riesgo: por encima de 1,5 ºC el calentamiento es peligroso, por encima de 3 ºC catastrófico y por encima de 5 ºC desconocido, más allá de catastrófico, incluyendo riesgos existenciales, es decir, el riesgo de la extinción humana.

Hablamos de las consecuencias del cambio climático, una cuestión sobre la que existen, no está de más volver a insistir en ello, numerosas incertidumbres. Las consecuencias más citadas en la literatura son el estrés térmico, con el incremento en la frecuencia y la severidad de las olas de calor, el aumento del nivel del mar y de las inundaciones en zonas costeras, y el riesgo para la seguridad alimentaria, a consecuencia de los cambios en los patrones de temperatura y precipitación, con el incremento de sequias, inundaciones y olas de calor.

Quizás menos conocidos por el gran público son los puntos de inflexión, cambios abruptos e irreversibles a corto plazo como el colapso de la capa de hielo occidental de la Antártida, el parón de la corriente profunda del Atlántico norte, la muerte de la selva tropical del Amazonas y su conversión en un sabana semi-árida, la muerte de los bosques boreales o el colapso del monzón en India y África occidental. Las consecuencias de estos cambios no serán en ningún caso buenas, pese a ser difícil predecir completamente su alcance.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Ciencia y política: Precisiones sobre el debate en torno al camino que debe tomar el activismo ante las grandes incertidumbres del futuro y la estrategia de Extinction/Rebellion




Quiero agradecer a Quim Moncanut, de Facebook, la inspiración para este artículo. Sin sus valiosos comentarios no me habría dado cuenta de que en gran parte la postura de la asociación, y la mía propia, en el debate sobre el camino que puede ser más útil al activismo, en su búsqueda del cambio social, se está malinterpretando. Quim me atribuye una postura “tecnocrática” por apelar al consenso científico.

Más allá de clarificar posturas personales el debate tiene un enorme interés ya que en el núcleo de este está la cuestión de la relación entre la ciencia y la política, y por tanto es fundamental para cualquiera que quiera participar de forma activa en movimientos sociales y eso que se dio en llamar “sociedad civil”. Si la ciencia es la “Verdad”, no queda mucho espacio para la política: “la termodinámica no negocia” se suele argüir. En el otro extremo corremos el riesgo de que se nos presenten como “soluciones simplemente técnicas”, medidas debatibles, sustrayendo de esta forma ese debate a la población.

Es bastante frustrante que te atribuyan una postura tecnocrática cuando, como es mi caso, has dedicado gran parte de tu labor de divulgación y activismo a denunciar los discursos políticos que se revisten de cientifismo para estrechar el marco del debate, haciendo pasar por medidas “técnicas”, lo que en realidad son medidas políticas. En el blog de Autonomía y Bienvivir podéis encontrar artículos muy significativos en este aspecto como Expertos vs. el colectivo, pero donde de forma más recurrente hemos tocado este tema ha sido en el podcast de Ampliando el Debate de la mano de alguno de los mayores expertos de España en la cuestión, como el historiador Carles Sirera. Quien esté interesado puede escuchar programas como Los cuentos de los todólogos, La narrativa de la ciencia y sus límites, La dictadura de los expertos, Científicos al borde de un ataque de nervios o Rebelión y tecnocracia. Pero no he venido aquí a hablar de mi libro, vayamos al grano.


La ciencia posnormal

La ciencia posnormal, o ciencia con la gente (no suena muy tecnocrático ¿verdad?), es la metodología que en varios artículos (1, 2, 3 sin ser exhaustivo) publicados en el blog de Autonomía y Bienvivir se ha defendido como fundamental para abordar los grandes problemas medioambientales de nuestra sociedad.

¿Realmente puede hacerse ciencia con la gente? ¿No es esto un posibilismo ingenuo? ¿No deben decidir los expertos sobre cuestiones que escapan del ámbito del conocimiento de la mayoría de las personas como la energía nuclear? En realidad, no. La ciencia posnormal establece una categoría de problemas, que se pueden representar en un diagrama, en función de la incertidumbre y de los riesgos asociados al problema



Un caso típico de aplicación de la ciencia posnormal sería aquel en el que las incertidumbres son altas, lo que está en juego es muy importante y hay valores en disputa.

¿Por qué ciencia posnormal en este tipo de problemas? Porque la metodología normal de la ciencia no es adecuada y es necesario la creación de una “comunidad de pares extendida”, es decir, el sistema de control de calidad de la ciencia normal (la revisión por pares y otros) es insuficiente, y deben tomarse en consideración la opinión y la información aportada por todos aquellos interesados en el problema (la gente, por eso es ciencia con la gente).

¿Disparate democrático? ¿No es la Verdad sólo una? ¿Qué tiene que opinar entonces la gente? Funtowicz y Ravetz utilizan el símil del laboratorio de Pasteur. En el laboratorio de Pasteur la naturaleza es dominada, allí es posible realizar experimentos en un entorno controlado, donde podemos elegir las variables que queremos estudiar evitando interferencias, y cada experimento tiene una duración determinada. Además, y esto es muy importante, los experimentos son replicables, y por tanto, las hipótesis son falsables. Ello no ocurre en los problemas con lo que lidiamos en la actualidad, así, un hongo que es capaz de acabar con el bacilo del Ántrax en el laboratorio, liberado de forma masiva en el medioambiente se convierte en un gran experimento que no está controlado, ni limitado en el tiempo y termina generando las superbacterias. Una razón más por la que la metodología de la ciencia normal no es adecuada para solucionar los problemas de sostenibilidad, y otros problemas de ciencia posnormal, esta metodología ha contribuido a crearlos.

En la actualidad, la humanidad realiza un gran experimento sobre este planeta, experimento que no es controlado, ni finito en el tiempo y que por supuesto no es reproducible. Los modelos que podemos generar para lidiar con esos problemas no son falsables, porque no hay un Tierra alternativa en la que experimentar, sólo tenemos un planeta. En algunos casos, se añade una incertidumbre adicional, porque los modelos más precisos que son capaces de crear los científicos son intrínsicamente caóticos, lo que añade incertidumbre a nivel epistemológico.

La incertidumbre cambia las reglas del juego. Tenemos información científica relevante para la decisión, pero no hay ningún modelo que se pueda atribuir cierto grado de certeza, dado que hay enormes incertidumbres. Ante la incertidumbre, distintas personas elegirán opciones contrapuestas. Una persona que valore mucho nuestra sociedad y quiera conservarla tenderá a evitar cambios, incluso aunque haya riesgos potencialmente catastróficos pero que no son seguros. Por el contrario, una persona que tenga predisposición hacia el cambio porque no valore nuestra sociedad, estará dispuesta a exigir cambios radicales para evitar la materialización de posibles riesgos futuros. Hay que entender que no hay solución técnica óptima, y que distintas personas están dispuestas a asumir más o menos riesgo.

En la actualidad lo que se observa en los medios y en las redes sociales es a menudo un diálogo de besugos, donde distintos grupos pretender usar la “espada del falsacionismo popperiano” sobre su adversario, para demostrar “científicamente” que se equivoca, y por tanto negar cualquier relevancia a su punto de vista. Se usan mal los estudios científicos, ocultando las incertidumbres asociadas con ellos, y se camuflan los propios valores que le hacen a uno ser más proclive a tener en consideración unos estudios frente a otros. Esta actitud impide avanzar, y es funcional al sistema, que se perpetua mientras las voces discordantes son acalladas en una cacofonía estruendosa.


El Oil Crash como problema de ciencia posnormal

Problemas de ciencia posnormal hay muchos, la utilización de Organismos Modificados Genéticamente, la energía nuclear y el problema de los residuos nucleares, el cambio climático, la sexta gran extinción, y por supuesto el Oil Crash. El Oil Crash no se libra del nivel más elevado de incertidumbre a nivel incluso epistemológico, dado que nunca se podrá cartografiar en detalle todo el planeta y su subsuelo, para conocer los recursos energéticos y minerales (para tecnologías de captación renovable y otras) con total precisión, ni es posible descartar una innovación tecnológica (un cisne negro positivo) que suponga la posibilidad de captar mayor cantidad de energía en el futuro.

¿Cómo actuar ante esto? Debemos poner encima de la mesa las incertidumbres, como por ejemplo expresó Antonio García-Olivares en su artículo El activismo ante las incertidumbres de los grandes riesgos del futuro , y los valores. En el caso particular del que esto escribe, soy partidario de cambios radicales, ante el riesgo de afrontar en el futuro una menor disponibilidad energética, en parte porque no valoro demasiado nuestra sociedad, que permite poca autonomía a los individuos, mientras no soluciona los problemas de la pobreza o aumenta los niveles de felicidad en las sociedades opulentas.

Por tanto, la información que nos presente la ciencia, con una visibilización adecuada de las incertidumbres asociadas, y un uso prudente del principio de precaución, debe usarse como punto de partida para un debate en el que se pongan de manifiesto los valores en conflicto. Soy partidario de que el punto a partir del cual se debata sea el del consenso científico del momento.

El consenso no es un criterio cuantitativo, no consiste en hacer un promedio de los resultados de varios estudios. Tomemos como ejemplo el debate sobre los límites de las renovables, si tenemos cinco estudios distintos sobre el potencial de una determinada tecnología y ninguno da un potencial similar no se trata de hacer un promedio, sino de reconocer que no hay consenso y la incertidumbre es absoluta. Ello no impide tomar decisiones. Pero si tenemos varios estudios que confluyen en determinados valores, y sólo uno que da un valor muy elevado o muy bajo, es posible hablar de consenso y tomar este valor como punto de partida.

Negar la validez de los consensos de la comunidad científica relevante como punto de partida es una pérdida de tiempo y energía que nos llevará al agotamiento, sin conseguir nada a cambio. Los criterios de calidad de la ciencia se basan en la revisión entre iguales, es cierto que hay todo un debate sobre como mejorarlos, y es un debate en el que debemos entrar, no hay duda. Pero mostrar preferencia, como ciudadano, por un estudio que ofrece un resultado frente a otro supone postularse como un miembro de la comunidad científica, un igual. Si todo el mundo hiciese eso es evidente que la ciencia perdería su capacidad de orientación. Además, supone negar de facto que el aprendizaje científico y académico sea útil. Ello nos conduce a una postura que socava la relevancia social del discurso, lo que al final dificulta alcanzar los objetivos políticos planteados.

Esta reflexión nos conduce, nuevamente, a quién sí ha utilizado correctamente la ciencia para una movilización política: Extinction/Rebellion y Fridays for Future. Me centraré en el primero de ellos.


Extinction/Rebellion como ejemplo de buen uso de la ciencia en política

Como supongo que ya sabéis el movimiento Extinction/Rebellion, que ha conseguido un considerable grado de movilización en Reino Unido y otros países de Europa, e intenta conseguir lo mismo en España, exige el cumplimiento de únicamente tres reivindicaciones, que expongo desordenadas. Posteriormente hago mi interpretación personal, según lo expuesto en este artículo:

1. El Gobierno debe contar la verdad sobre el desastre climático inminente, dar marcha atrás en sus políticas incoherentes y trabajar junto a los medios para una efectiva comunicación con la ciudadanía.

Ciencia, ciencia, ciencia. No estamos aquí por capricho, estamos aquí por las llamadas incesantes de la comunidad científica, que exigen que actuemos para lograr cambios radicales a todos los niveles para evitar los grandes riesgos del futuro, que incluyen incluso la extinción del ser humano y el colapso de la civilización.

3. La creación de una Asamblea Ciudadana Nacional para supervisar los cambios necesarios y crear una democracia que funcione

Ciencia, sí, pero ciencia posnormal, ciencia con la gente. No creemos en las soluciones técnicas de los expertos que han contribuido a crear el problema. Ante las incertidumbres, se debe tener en cuenta la opinión de todos (y aplicar el principio de precaución).

2. El Gobierno debe implementar medidas de cumplimiento obligatorio para reducir las emisiones del carbono a 0 para el año 2025 y reducir los niveles de consumo.

Alcanzar emisiones 0 para el año 2025 es muy probable que suponga poner toda la sociedad al servicio de este objetivo, sin embargo, no vamos a pronunciarnos sobre ello, este movimiento incluye personas con mucha predisposición al cambio y otras que lo son menos. No somos comunistas que odiemos el sistema, habrá alguno, pero no todos, sino que reaccionamos para evitar los graves riesgos del futuro.

Las tres reivindicaciones en conjunto son no sólo atractivas, son rigurosas, y ello es el mejor aval. La segunda, tal y como está formulada, permite eludir caer en marcos cognitivos (esto lo explica Lakoff, y es muy conocido, pero aquí tienes un recordatorio, por si acaso) del tipo “capitalismo vs socialismo” que pondrían al movimiento automáticamente a la defensiva, explicando que no son comisarios políticos de la URSS. En lugar de eso se lanza la propuesta de debatir entre todos las medidas necesarias.

Un ejemplo a seguir, no sólo funciona, tiene sentido y es riguroso como respuesta a dos problemas de ciencia posnormal como son el cambio climático y la sexta gran extinción de especies.

martes, 24 de noviembre de 2015

Utopía 2.0



Hace unas semanas, desde la asociación Autonomía y Bienvivir lanzamos un segundo texto colaborativo, tras nuestro Programa para una Gran Transformación. El nuevo texto fue publicado en el blog de Antonio Turiel The Oil Crash, al igual que el primero. En esta ocasión cambiamos el enfoque y en lugar de centrarnos en lo que habría que hacer, decidimos hacerlo en el objetivo, en la sociedad que nos gustaría alcanzar. Lo que descubrimos es interesante, hay bastante consenso, al menos dentro de los limitados círculos por los que se movió el artículo, en cuanto a la sociedad en la que nos gustaría vivir. Mucha gente, tanto en el Foro Oil Crash como en el programa de Ampliando el Debate donde se debatió el artículo, nos declaró su deseo de vivir en una sociedad así, si bien algunos mostraban su escepticismo acerca de que el objetivo sea alcanzable, no ya por la extrema dificultad de que podamos aproximarnos a vivir de esta forma (opinión que compartimos) sino por creer que es absolutamente imposible hacerlo. Aquí hubo dos tipos de argumentos, unos basados en el concepto de naturaleza humana y otros en la gran escasez de recursos que se aproxima.

Comenzando por el último de estos argumentos, que dio lugar a un interesante intercambio de ideas entre Ferran P. Villar y un servidor, nuestra posición es no entrar en el necesario debate sobre cual es el estado actual de la biosfera, su grado de deterioro e irreversibilidad del daño, así como la energía de la que podremos disponer mediante energías renovables, debate que creemos es esencial que se realice a nivel académico, siendo nuestro papel el de exigir que se le de la importancia central que debe tener y que el intercambio de ideas sea honrado y transparente, atendiendo sólo al bien común y no a intereses particulares. Por otro lado, insistimos reiteradamente en un aspecto que está expresado en la introducción de nuestro texto, la utopía no es una previsión para el futuro, sino una herramienta de toma de decisiones. Tomar decisiones que nos acerquen a un futuro como el que se describe en nuestro texto redundará en un menor consumo de recursos, y en una sociedad más resiliente, por tanto la utopía es útil, independientemente de que el futuro pueda ser distinto, porque las decisiones que nos incita a tomar son congruentes con un futuro con baja disponibilidad energética y en general de recursos.

Respecto al primer punto de crítica, debo decir que el concepto de naturaleza humana está evidentemente obsoleto. Lo que nos enseña el estudio de las innumerables formas y variedades que adopta la cultura humana es precisamente su enorme capacidad de adaptación, y cómo nuestro comportamiento está tremendamente condicionado por nuestras instituciones culturales. Sin embargo, esta crítica sí incide en un aspecto esencial que debemos tener muy en cuenta, y que también dio lugar a un interesante debate ¿cómo lograr estos cambios? La cuestión del cómo la afrontamos en nuestro Programa para una Gran Transformación, pero evidentemente ese artículo no agota la cuestión, ni mucho menos. Su punto de partida implícito es que nos gobierna un poder benévolo capaz de tomar las decisiones correctas. Ello nos remite a la cuestión del poder, o en términos gramscianos de la hegemonía. Es necesario un cambio cultural, y para ello debemos deslegitimar el sistema vigente, desde nuestros blogs y podcast, difundiendo información, pero también haciendo. Como decía Gandhi “se el cambio que quieres ver en el mundo”. Esa es la gran dificultad, porque como analicé largamente en mi serie de artículos sobre la libertad, nuestro sistema no permite segundas opciones, a quién no colabora con él le excluye y le deslegitima, le convierte en un paria y en un estorbo para el resto. Esa gran cuestión acerca del poder es uno aspecto esencial que debemos iluminar en un futuro cercano.

¿Por qué volver a presentar este texto en tan breve espacio de tiempo? Porque desde un comienzo dijimos que la utopía estaba abierta a la colaboración de todos, de ahí nuestro empeño en debatirla, y de ese debate han surgido las primeras modificaciones. Gracias a la aportación de sistudey, de Foro Crash Oil, hemos modificado alguna frase sobre la vivienda y añadido dos párrafos sobre la construcción en nuestra sociedad utópica. La intervención de nuestro compañero de Ampliando el Debate Carles Sirera nos animó a incluir un pequeño apartado sobre seguridad, interna y externa. Por último, algunos compañeros de la asociación realizaron aportaciones de última hora en el terreno de los valores, el trabajo o el consumo. En un futuro valoramos la posibilidad de incluir alguna referencia a los sorteos como forma de romper las jerarquías, aportación que hizo nuestro compañero de Ampliando el Debate Vicente Ríos. Y ¿por qué no? la utopía sigue abierta, el próximo en aportar algún aspecto nuevo o en corregir uno existente puede ser usted, querido lector. Los comentarios de este blog son todo suyos, y están abiertos al debate, así como la participación en nuestra asociación. Sin más preámbulo, les dejo con la versión 2.0 de nuestro texto.

miércoles, 18 de febrero de 2015

De políticas y relatos, o por qué la crisis no ha cambiado nada


Dice Nassim Nicholas Taleb que nos aferramos a nuestros modelos mentales de la realidad con fiereza, aunque no hayan sido comprobados del todo. Un simple suceso contrario hace que todo el modelo se venga abajo, como en la falacia del pavo. Denomina a estos modelos “narrativas”. Por otro lado, ya explicamos que Cornelius Castoriadis afirma que todas las sociedades humanas crean sus instituciones, pero que la mayoría de las veces deciden ocultar esta creación y atribuirla a los dioses, la naturaleza o cualquier otra fuerza. Por último, según George Lakoff el lenguaje está lleno de metáforas conceptuales, metáforas sin las que sería imposible pensar, y dichas metáforas están muy a menudo teñidas de contenido moral o valorativo, contenido que es capaz de envolvernos, creando un marco gracias al cual se puede convencer a un individuo, o una nación, de las más peregrinas ideas.

¿Qué relación hay entre estos tres autores y sus ideas? Más bien poca, debo reconocer. Si empiezo así este artículo es para destacar la suprema importancia que continúa teniendo lo simbólico para el cerebro humano. Sí, descubrimos la luz de la razón, pero sólo para dejar constancia que en realidad era una parte del espectro lumínico, y el mito y la creencia son otra parte de él. Separar el grano de la paja no es tarea fácil, y mientras lo hacemos no podemos retrasar la acción. Necesitamos un punto de anclaje, y este bien podría ser una simple creencia racionalizada. Nosotros postulamos que la economía neoclásica es poco más que eso, pero ese no es el tema de hoy. El tema de hoy son las racionalizaciones o los relatos que hemos construido en torno a la crisis económica, y como unos han ido desplazando a otros, hasta llegar, sorprendentemente al punto de partida. Estamos en el punto de partida, y la ideología neoliberal ha emergido de la crisis sin apenas un rasguño (o quizás no, quizás presenta daños de momento ocultos a nuestros ojos). Según Philip Mirowski, esta es la crisis que casi nadie previó, y que sin embargo ha reafirmado a todos los economistas, de todas las distintas escuelas y corrientes en sus convicciones. La crisis ha demostrado que todas las distintas teorías económicas son ciertas al mismo tiempo.

En todas partes, desde los hayekianos más fanáticos de la derecha hasta el polémico Joseph Stiglitz de la “izquierda legítima”, casi todos los economistas con un perfil público modesto declaran actualmente que la crisis demostró claramente que su propia teoría económica favorita estaba en lo cierto después de todo, y, por consiguiente, no hay ninguna necesidad de reclamar una revisión exhaustiva de la economía.

martes, 5 de noviembre de 2013

La sociedad de la corrupción: auge del homo corruptus y degradación del significado de la democracia


Queridos lectores,

Durante nuestra larga reflexión sobre la libertad hablamos sobre el auge del pseudo-índividualismo inauténtico postmoderno, el individuo que emergió con la sociedad de consumo; también del giro que dio la filosofía política a finales del siglo XIX, con el rechazo del concepto del “bien común”, que llegó a la práctica política diaria gracias a la ciencia económica, coincidiendo con la emergencia de la sociedad de consumo, y que implica un cambio radical en nuestra forma de entender la política, de una herramienta para cambiar el mundo, a una herramienta para gestionar la parte del mundo que “desgraciadamente” no es gestionada por “el mercado”; y también hablamos de los crecientes problemas de coordinación de los distintos fines individuales entre sí, a medida que la sociedad se hacía más compleja, y diversos grupos se hacían cargo de procesos clave, a través de los cuales filtraban y preseleccionaban las opciones que serían elegibles por los individuos.

En nuestro análisis hemos empleado un nivel de abstracción considerable, pero estoy convencido de que más de una vez habréis pensado que lo allí narrado estaba relacionado con hechos muy terrenales, con el día a día en el trabajo, y en nuestra relación con los demás, y con aquello que los medios nos dicen que es noticia.

Mientras escribía esos artículos leí en El País que “Tres menores asesinan a un australiano en Oklahoma porque estaban aburridos”. El vídeo que acompaña a la noticia es enormemente significativo, por esa apelación vacía del representante público a una “comunidad” inexistente, atomizada y disgregada por las fuerzas del mercado. Inmediatamente intuí que la noticia tenía mucha relación con la sociedad actual, cuyas tendencias principales emanan, y son perceptibles de forma más nítida en EEUU. No pensé mucho en la cuestión, pero poco tiempo después leía esto:

Para ser efectiva, la incitación al consumo y a consumir más debe difundirse en todas direcciones y dirigirse indiscriminadamente a cualquiera que pueda oírla. Pero hay más gente capaz de escuchar que gente capaz de responder a ese mensaje seductor de la manera esperada. […] También aprenden que poseer y consumir ciertos objetos y vivir de determinada manera son requisitos necesarios para ser felices; y como “ser feliz” se ha transformado –cumpliendo tardíamente la premonición de Samuel Butler- en la marca de la decencia humana y el único título merecedor de respeto, tiende a convertirse también en condición necesaria de la dignidad y la autoestima humanas. “Estar aburrido”, además de hacernos sentir incómodos, se transforma en un estigma vergonzante, signo de negligencia o de derrota que puede hundirnos en un estado de depresión aguda así como conducirnos a una agresividad socio y psicopática. Citando la reciente observación de Richard Sennett, “en cuanto al comportamiento antisocial, creo que representa un verdadero problema para los pobres”, especialmente quizá para “los adolescentes pobres que están en la zona gris que separa la legalidad de la ilegalidad”. “Esa zona gris” tiene mucho que ver “con cosas como el aburrimiento, tener algo que hacer, algo a lo que pertenecer”. [1]

lunes, 28 de octubre de 2013

Para la libertad… (Epílogo): El futuro de la libertad


¡Maniáticos! ¡Lo habéis destruido! ¡Yo os maldigo a todos! ¡Maldigo las guerras! ¡Os maldigo!
<<George Taylor>> Personaje protagonista de “El planeta de los simios” (1968)

Queridos lectores,

El futuro no está escrito, vamos encontrando situaciones y vamos eligiendo, y ese elegir va creando el futuro. Así pensamos en cuanto a nuestra vida individual, dentro del estrecho marco en el que se nos concede capacidad de elección, entre nuestra limitada agenda de opciones, y nuestra limitada capacidad para imaginar otras opciones.

Una elección ineludible para cada uno de nosotros es encontrar un lugar dentro del mercado de trabajo, un lugar donde no podemos elegir los recursos destinados a la producción, ni la tecnología empleada, ni el objetivo último de dicha producción, ni nuestra autonomía en el puesto de trabajo, ni la cantidad producida, ni las horas dedicadas a la misma. Todo ello es decidido por un orden racional aparentemente impersonal, pero distintas preguntas a lo largo de la historia han cuestionado ese orden, primero fue ¿por qué no puedo trabajar a mi manera?, luego ¿por qué mi participación en la plusvalía en tan pequeña?, y en la actualidad ¿para qué producir tanto? La respuesta de nuestra sociedad a estas preguntas ha sido siempre la misma: el orden panóptico de Jeremy Bentham

Si un hombre no quiere trabajar, nada tiene que hacer, de la mañana a la noche, salvo comer su pan malo y beber su agua, sin un alma con quien hablar… Ese estímulo es necesario para que haga todo lo posible, y no es necesario nada más que eso. [1]

domingo, 20 de octubre de 2013

Secuestros, cierres de gobierno y defaults


Queridos lectores,

Hacemos hoy un breve paréntesis de actualidad en nuestra serie sobre la libertad, de la que tan solo nos resta el epílogo. Este paréntesis viene forzado por la circunstancia de que no se olvide el reciente cierre del gobierno federal de EEUU. Recordemos que finalmente se alcanzó un acuerdo para elevar el techo de deuda, aunque tan solo hasta febrero, lo que permitiría que vuelvan a trabajar los funcionarios hasta mediados de enero.

Hace diez días Stephen Zarlenga publicaba un artículo al respecto en la edición americana de Huffington Post. En él hacía hincapié en diversos beneficios colaterales de la reforma monetaria que ya hemos comentado en el blog, me ha parecido de interés traducirlo y traerlo aquí, habla de EEUU, pero es totalmente extrapolable a Europa y España. Con él os dejo, es breve y al final haré una pequeña valoración.

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Nunca en 225 años toda la fe y el crédito de los Estados Unidos habían sido secuestrados a cambio de un rescate. Pero tampoco nunca en 225 años ha estado lista una solución que puede resolver este problema: el proyecto de ley de reforma monetaria HR2990 introducida en el 112 º Congreso por Dennis Kucinich.

Por nonagésima quinta vez en 67 años, el congreso y el presidente se enfrentan a pasar una ley para elevar el “techo de deuda”.

Lo que los ciudadanos deben saber es que nuestro país puede pagar su deuda según va venciendo; puede poner a millones de personas a trabajar en la reconstrucción de nuestra infraestructura a punto de desmoronarse; puede proporcionar apoyo federal libre de deuda a los gobiernos estatales con problemas de liquidez, y poner fin a la llamada gran recesión, poniendo dinero en las manos de todos los ciudadanos a través de un dividendo ciudadano. Esto da a las pequeñas empresas lo que más necesitan - clientes con dinero en efectivo para gastar en sus productos y servicios. Todas estas cosas son posibles gracias al proyecto de ley HR 2990 presentado por Dennis Kucinich y co-patrocinado por John Conyers

lunes, 14 de octubre de 2013

Para la libertad… (Excurso): La utopía de las cero opciones


Queridos lectores,

En la primera entrada de la serie veíamos como se creó lo que posteriormente Karl Polanyi llamaría “la satánica rueda” del mercado de trabajo, gracias a la inestimable colaboración del pensador liberal Jeremy Bentham y su vigilancia Panóptica. Posteriormente vimos como se unió a la satánica rueda el “yugo hedonista” de Richard Layard, que popularizara Zygmunt Bauman. Como parte de su entrada en la satánica rueda el individuo debe convertirse en producto y eso se logra consumiendo, ungiéndose al yugo hedonista. Ambos, rueda y yugo, forman “la jaula de hierro” de la dominación racional postmoderna.

Max Weber creó el concepto de “la jaula de hierro” en su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, publicado en 1905. Para Weber, la economía había desarrollado su propia lógica autónoma e impersonal, una lógica basada en la ética de los calvinistas puritanos, pero una lógica bajo la que todos deberían ahora vivir, aún sin compartir esos valores. De esta forma el individuo perdía el control del sentido de su vida, que era dictado ahora por el sistema, por la jaula de hierro en la cual todos debemos ahora vivir.

Weber fue el primer crítico con el concepto de racionalidad moderna. Era escéptico acerca de la libertad individual que era y sería capaz de proporcionar el capitalismo, y también era pesimista respecto a las soluciones de Karl Marx o Friedrich Nietzsche al respecto:

Nadie sabe quién ocupará en el futuro la jaula de hierro, y si al término de esta extraordinaria evolución surgirán profetas nuevos y si se asistirá a un pujante renacimiento de antiguas ideas e ideales; o si por el contrario, lo envolverá todo una ola de petrificación mecanizada y una convulsa lucha de todos contra todos. En este caso, los <<últimos hombres>> de esta fase del desarrollo cultural podrán ser en verdad evaluados con la siguiente sentencia: <<Especialistas sin espíritu, sensualistas sin corazón: estas nulidades se imaginan haber ascendido a una nueva fase de la humanidad jamás alcanzada anteriormente>>. [1]

lunes, 15 de abril de 2013

Burócratas vs “Mano (el invisible)”: reflexiones y una digresión



Queridos lectores,

Una de las instituciones básicas de la sociedad, y de gran importancia, es el gobierno. Según pudimos observar cuando analizamos la historia económica de Roma, lo mejor que encontramos en ella aparece desde la creación del cargo de Tribuno de la plebe, momento a partir del cual el gobierno se parece más que nunca al “comité ejecutivo de la sociedad”. Tras la II guerra púnica, la aparición de los latifundios y la revuelta de los Graco, dicho cargo es anulado de facto y poco tiempo después vemos surgir la tiranía de los Césares y más tarde la decadencia de la civilización romana.

En las sociedades democráticas el gobierno debería tener incentivos para trabajar por el bien común, sin embargo la imagen que transmite últimamente es de bastante debilidad



¿son realmente así de débiles o hemos recuperado el viejo concepto marxista del gobierno como “comité ejecutivo de la burguesía”? Burguesía extraterritorial, por supuesto, aunque con 280 buques de guerra asegurando el respeto a las reglas del juego.

La palabra “globalización” nos sugiere la integración de los productores y consumidores en un mercado mundial único. Un barco repleto de contenedores en el puerto de Rotterdam parecería una imagen adecuada



pero puede ser engañosa. Para poder vender sus productos en el mercado mundial el país en el que se ubican esas empresas debe seguir unas reglas establecidas por organizaciones multilaterales como la OMC, que dejan la decisión, dentro de cierto margen, a los países importadores. Condiciones financieras o legales, como la convertibilidad plena de la moneda o permitir la propiedad de empresas a extranjeros, aparecen entre las principales. Como podéis comprobar la cuestión excede con mucho el intercambio de mercancías, de hecho, este parece secundario ¡Lo primero y principal, las finanzas!

La acción del gobierno ha quedado enmarcada, por tanto, dentro de unas limitaciones de sistema, que solo podrá salvar escapando de él, o modificar con mucho apoyo y trabajo: el apoyo de otros países que compartan intereses.